Sobre los inicios del Pueblo Judío


El pueblo judío posee una de las culturas-religiones vivas más antiguas del mundo. Su tradición, ritos y valores se mantienen vigentes transmitiéndose de generación en generación desde hace no menos de 3.300 años, que es la antigüedad máxima de los elementos arqueológicos e históricos hallados hasta el momento, más allá del relato bíblico.

Sus raíces son tan profundas que se entrelazan con las del antiguo Egipto, a tal punto que no es posible estudiar los inicios del pueblo judío sin hablar del imperio egipcio y algunos de sus faraones. Por otro lado, la Torá indica que el patriarca Abraham tiene origen sumerio al afirmar que creció y se educó en Ur Kaśdim (Ur de los caldeos), una de las principales ciudades-estado sumerias. De hecho fue a través del judaísmo que fragmentos de esas historias llegaron la cultura occidental

Es interesante encontrar ciertas referencias y analogías entre las narraciones bíblicas y las de estas culturas ancestrales, estas últimas develadas en los últimos 200 años de excavaciones arqueológicas. Por esto resulta asombroso que, de hecho, fue a través del judaísmo y su tradición que fragmentos de esas historias llegaron primero a nuestra cultura occidental, como una cápsula del tiempo, cuando ya ni la antigua religion egipcia ni la sumeria existían más.

Es presumible que, cuando la Torá menciona a Mizraim (nombre hebrero para la tierra de Egipto) y a Ur de los Caldeos, lo haga para describir precisamente la fuente de la que se ha nutrido su cultura.

Hebreo, israelita y judío

Para referirnos con precisión, de acuerdo al marco histórico, debemos diferenciar los términos hebreo, israelita y judío.

Hebreo

Se utiliza el término “hebreo” para designar a los descendientes de los patriarcas bíblicos Abraham, Isaac y Jacob, hasta la llegada a la Tierra Prometida.

La tradición atribuye el origen del término hebreo al gentilicio de Eber, un antepasado de Abraham (6ta generación antes de Abraham y 4ta después de Noé), significando ‘hijos de Eber’ o ‘habitantes de Eber’.

En arameo se pronuncia “Ebrai” ܥܳܒ݂ܳܪ (‘aB,aR); lo que puede traducirse como ‘cruzar’, ‘transgredir’, ‘alejarse de’ o ‘pasar por encima de’. En hebreo es ”Ibri” עֵבֶר (ay’-ber), que puede entenderse como ‘la región de más allá’. ​En griego Ἐβέρ (eb-er’) tiene el mismo significado: “el que viene del otro lado”.

Dado que eber puede traducirse como ‘los del otro lado [del río]’ se señala que el nombre haría referencia a los que cruzaron el río Éufrates en dirección a Canaán.

Israelita

Jacob, nieto de Abraham, a partir de un evento místico, cambió su nombre a “Israel”, que significa “el que ha luchado con Dios” [Génesis 33:28], y fue el título que se le dió al ganar el enfrentamiento contra un ángel.

Sus 12 hijos conformaron lo que más tarde serían las 12 tribus de Israel. A estas 12 tribus, desde la conquista de Canaán y su establecimiento en la región (circa s. XIII AEC) se les denomina “israelitas”.

La primer etapa del establecimiento de las tribus en Canaán, desde la muerte de Josué hasta la instauración de la monarquía, se conoce como el período de los Jueces. Aprox. entre los años 1.250 y 1.020 AEC. En este fase de la organización del pueblo israelita no había ningún gobierno formal sino que el pueblo era guiado por los jueces, los líderes carismáticos de su tiempo.

Según los libros de Samuel, el último de los jueces, la nación pidió un rey porque los hijos de Elí (El sumo sacerdote de la época), que habían sido designados como jueces, se desempeñaron mal en su cargo. En 1.020 AEC Saúl ben Qish, de la tribu de Benjamín, fue ungido como rey de Israel por Samuel.

Judío

Luego del período de monarquía unificada por parte de Saúl, David y Salomón sucesivamente, circa 930 AEC, el Reino de Israel se divide en el Reino de Israel (norte) y el Reino de Judá (sur), luego de que las tribus del norte rechazaran al hijo de Salomón, Roboam, como su rey.

Nueve tribus establecidas formaron el Reino del Norte: las tribus de Rubén, Isacar, Zabulón, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Efraín y Manasés. Además, algunos miembros de la Tribu de Levi, que no tenían tierras, quedaron englobados en el Reino del Norte. Las Tribus de Judá y Benjamín se mantuvieron leales a Roboam y formaron el Reino de Judá (O Reino del Sur), con capital en Jerusalén. Miembros de Levi y algunos cuantos de Simeón, también fueron englobados en el Reino del Sur.

En el año 732 AEC, el rey asirio Tiglath-Pileser III conquistó y saqueó Damasco y el Reino de Israel. Parte de la población de sus 9 y media tribus fueron deportadas a Asiria. Israel continuó existiendo como un reino subyugado por Asiria hasta alrededor de los años 725-720 AEC, cuando nuevamente fue invadido por Asiria y deportada el resto de su población. La Biblia relata que la población del Reino de Israel fue exiliada en su totalidad, quedando solo el Reino de Judá.

El término judío (en hebreo יהודי—Yehudi) procede de Judá (יְהוּדָה—Yehúda, cuarto hijo del patriarca bíblico Jacob). Los habitantes del Reino de Judá eran conocidos como judíos, término que luego fue ampliándose hasta abarcar a todos aquellos que habían emigrado desde allí hacia otras regiones e incluso fue aplicado luego a sus descendientes.​

El registro más antiguo del nombre data de una tablilla cuneiforme hallada en Nimrud​, (antigua Kalkhu, una de las capitales del Imperio Asirio) de aproximadamente el año 733 AEC, donde aparece transcripto como KUR.ia-ú-da-a-a, es decir [País] Yaudaya.

El año 598 AEC Nabucodonosor II eliminó al Rey de Judá, Joaquim, quien se negaba a pagar tributo, y en el año 589 AEC nombró a Matanías rey de Judá, bajo el nombre de Sedecías, fue el último rey judío. El imperio babilónico arrasó Jerusalén, su Templo fue destruido en 587 AEC y la elite judía fue obligada a vivir en Babilonia.(II Reyes 25).

Durante el imperio babilónico fue una unidad administrativa menor con el nombre de Yehud, y bajo el dominio del imperio persa aqueménida como Yehud Medinata (Provincia de Judea). Luego fue incorporada como Judea al imperio de Alejandro. Tras la rebelión de los Macabeos, Judea volvió a ser un reino durante un corto tiempo. Desde mediados del siglo I AEC se convirtió en cliente de Roma. En el siglo I EC, pasó a ser una provincia romana, con extensión variable, bajo el nombre de Judea, que luego protagonizó una gran rebelión contra el Imperio y fue sometida nuevamente en el año 70 EC. En el siglo II estalló una nueva rebelión, liderada por Bar Kojba, que terminó en derrota en el año 135 EC. Como consecuencia, la región fue incorporada a la provincia de Siria con el nombre de Palestina, en un intento de borrar los lazos del pueblo judío con ese territorio.

La región, no obstante, nunca dejó de ser llamada Judea; en especial por las menciones bíblicas del topónimo, muchas veces para denominar toda la región conocida por la Cristiandad como Tierra Santa. Así, en el año 200, el escritor cristiano Sextus Julius Africanus, citado por Eusebio (Historia Eclesiástica 1.7.14), menciona a Nazaret como un “pueblo de Judea”. El término, no obstante, fue de uso meramente geográfico desde el siglo II hasta el XX.

Calendario Hebreo

La misma tradición judía nos habla de una cuenta en años que nos retrotrae al 3760 AEC como año “0”, más aún se refiere al domingo 7 de Octubre del 3760 AEC. Según la tradición, esta cuenta se toma desde la creación mítica del mundo (o el Universo) de acuerdo al Génesis. Hoy sabemos que la Tierra tiene unos 4.500 millones de años de antigüedad y el Universo unos 13.700 millones, por lo que es indudable que no es respecto de ese evento que hace referencia.

Cuál es entonces el evento del que hace referencia el calendario hebreo? Algún suceso ha debido de pasar para marcar a una generación e iniciar una nueva cuenta de tiempo que, en el caso del pueblo judío, continua hasta el presente y se celebra cada año.

Desde el marco histórico de la región, se trata de un período significativo. Hacia el 4.000 AEC, Mesopotamia (región entre los ríos Tigris y Éufrates, actualmente Irak, Siria y Turquía) es invadida por los sumerios, quienes con el correr del tiempo establecieron ciudades que se constituyeron en estados independientes: Kish, Uruk, Ur (la ciudad principal), Sippar, Akshak, Larak, Nippur, Adab, Umma, Lagash, Bad-tibira y Larsa.

Puntualmente, entre el 3800 AEC y el 3700 AEC, en Mesopotamia, se produce la transición del período de El Obeid al período de Uruk, que representa el desarrollo de una nueva cultura respecto de todo lo anterior y el inicio de la civilización sumeria, la primer civilización conocida por la historia.

El término “sumerio” es el nombre común dado a los antiguos habitantes de baja Mesopotamia por sus sucesores, los semitas acadios. Los sumerios se llamaban a sí mismos sag-giga, que significa literalmente “el pueblo de cabezas negras”. La palabra acadia shumer puede representar este nombre en el dialecto, pero se desconoce por qué los acadios llamaron Shumeru a las tierras del sur. Algunas palabras como la bíblica Shinar, la egipcia Sngr, o la Indoeuropea Hitita Šanhar(a) pueden haber sido variantes de Šumer.

De acuerdo al historiador babilonio Beroso, los sumerios fueron “extranjeros de cabezas negras”. No existen registros escritos de esa etapa por lo que se desconoce el origen de los sumerios como pueblo. La cultura Uruk tuvo su centro en la zona sur de Mesopotamia, pero sus rasgos se extendieron por todo el Oriente Próximo asiático.

Uruk, la “Erec” bíblica y la árabe “Warka”, es el escenario de descubrimientos fundamentales para la historia de la humanidad. Las principales características de este período son la invención de la rueda (mínimo del 3.500 AEC); la escritura (mínimo del 3.300 AEC), el sello cilíndrico, su arquitectura distintiva y monumental, y los rasgos de su cerámica.

La difusión de los avances de la cultura de Uruk por el resto de Mesopotamia dio lugar al nacimiento de la cultura Sumeria. Estas ciudades pronto se caracterizaron por la aparición de murallas, lo que parece indicar que las guerras entre ellas fueron frecuentes. También destaca la expansión de la escritura que saltó desde su papel administrativo y técnico hasta las primeras inscripciones dedicatorias en las estatuas consagradas de los templos.

Es posible que hacia el inicio del período de Uruk, la ciudad de Nippur halla sido el lugar donde tuvo su origen el calendario lunisolar, el mismo que luego utilizó la cultura asirio-babilónica así como posteriormente la tradición judía. Por aquel momento Nippur era el centro religioso de Sumer, el lugar donde estaba emplazado el E.kur (Casa de la Montaña), el templo donde se veneraba a Enlil, dios del cielo y de la creación. De hecho, en cuneiforme sumerio las palabras “Nibru” (Nippur) y “Enlil” se escribían de la misma forma.​ El templo es mencionado en el código de Hammurabi, y el propio Hammurabi se declaraba piadoso proveedor. Estuvo en funcionamiento hasta el siglo VII AEC.

De esta manera, según ciertos estudiosos, la cuenta de los años que se establece «desde el principio del mundo» podría estar haciendo referencia al número de años que han pasado desde que comenzó la cuenta de los años, es decir a la introducción del calendario en Nippur.

No es menor la mención que cuando los israelitas se levantaron contra la dominación babilonia, en el s. VI AEC, el Imperio babilonio conquistó y destruyó la ciudad de Jerusalén y llevó a los judíos al exilio en lo que se conoce como el Cautiverio de Babilonia, período en el que convivieron con dicha cultura y absorbieron sus costumbres.

Hallazgos arqueológicos

La historia del antiguo Israel es la historia de los habitantes del Reino de Israel (monarquía unida y separada) y el Reino de Judá. Los restos arqueológicos más antiguos de la civilización israelita se fechan entre los siglos XII y X AEC.

Hay una serie de hallazgos arqueológicos con inscripciones de texto que dan testimonio de la existencia histórica de ciertos hechos, lugares y personajes bíblicos:

Estela de Meremptah

La Estela de Merneptah, también llamada Estela de la victoria, es una losa de granito gris, erigida por el rey Amenhotep III e inscrita más tarde, en el reverso, por el rey Merneptah para conmemorar su victoriosa campaña militar en tierras de Canaán hacia 1210 AEC, listando varias ciudades entre las que se incluye Gezer.

Estela de Meremptah. Imagen

La estela fue descubierta en 1896 por Flinders Petrie en el templo funerario de Merenptah, en la región de Tebas (Egipto).

La piedra posee una importancia histórica superlativa dado que su grabado contiene la mención extra-bíblica más antigua de “Israel” (los israelitas como grupo), por esto se la conoce también como la “Estela de Israel”.

Las diferentes traducciones otorgan el mismo sentido a la mención de quienes fueron derrotados: “Los príncipes están postrados, diciendo: ¡clemencia! Ninguno alza su cabeza a lo largo de los Nueve Arcos. ​Libia está desolada, Hatti está pacificada, Canaán está despojada de todo lo que tenía malo, Ascalón está deportada, Gezer está tomada, Yanoam parece como si no hubiese existido jamás, Isr[A]r (Israel)​ está derribado y yermo, no tiene semilla.​ Siria se ha convertido en una viuda para Egipto. ¡Todas las tierras están unidas, están pacificadas!” -Petrie y Spiegelberg.

Estela de Mesha

La estela de Mesha (aka la “Piedra Moabita”), es una piedra de basalto negro con una inscripción de 34 líneas en alfabeto paleohebreo que habla sobre cómo el rey Omri habría sometido y anexionado el reino de Moab, y como Mesha, rey moabita del siglo IX AEC, habría expulsado a los israelitas de esta tierra venciendo al hijo de Omri (Acab, interpretado literalmente, o bien su descendencia en un sentido más simbólico, acaso su nieto Joram).

Estela de Mesha. Imagen

Es un pieza central de las pruebas extra bíblicas sobre Omrí y su reino de Israel. La estela fue erigida por Mesha, alrededor de 850 AEC, como un registro y recuerdo de sus victorias en su revuelta contra el Reino de Israel. Este pasaje describe la primera inscripción de la que se tenga registro del tetragrámaton de Yahvé.

Estela de Tel Dan

Se trata de una estela incompleta, conformada por tres fragmentos de piedra, con una inscripción en arameo en la que un rey (no identificado) anuncia y alardea su victoria de sobre el rey de Israel y su aliado el rey de la “Casa de David”.

Estela de Tel Dan. Museo de Israel, Jerusalem. Imagen

El texto traducido y completado es: «Mate a Jorám, hijo de [Ajab], rey de Israel, y maté a [Ocoz]yahu, hijo de [Joram] rey de la casa de David, y reduje sus ciudades a ruinas y convertí su país en desolación» (líneas 7-10).

El rey que redactó la inscripción es con toda probabilidad el rey de Damasco Hazael (c. 840 AEC), quien es mencionado en la Torá: 2da de Reyes 10:32 En aquellos días Jehová comenzó a cercenar el territorio de Israel; y Hazael los derrotó por todo el territorio de Israel.

La estela es la primer referencia fuera del texto bíblico, y casi contemporánea, del Rey David. Su legitimidad está comprobada y es ampliamente aceptado que la Estela de Tel Dan constituye una prueba tangible e irrefutable de la existencia del reinado de David.

Salmanasar III y el Obelisco Negro

Salmanasar III gobernó Asiria entre 858 AEC y 824 AEC. En su tiempo se enfrentó a una coalición de estados de la que formaban parte Damasco, Hama e Israel. En 845 AEC, luego de vencer a la coalición, Salmanasar III le reclamó tributo a Jehú, Rey de Israel y abuelo de Joás, quien gobernó entre 841 AEC y 814 AEC.

Obelisco negro de Salmanasar III, expuesto en el Museo Británico. Imagen

Así lo atestigua el llamado Obelisco negro de Salmanasar III, monumento que data del año 827 AEC y que destaca los logros realizados por dicho rey. Erigido en tiempos de guerra civil, el obelisco fue situado en una sala de audiencias del palacio de Kalhu, como propaganda de su reinado.

Entre los tributos aportados por los reinos sometidos se observa el texto en escritura cuneiforme sobre el relieve del 2do cuadro: Tributo de Jehu, hijo de [la Casa de] Omri (Iaúa hu-Umri). Plata, oro, un cuenco de oro, un vaso de oro, copas de oro, jarras de oro, plomo, bastones para la mano del rey, jabalinas, recibí de él.

Monolito de Kurkh

Salamanzar III mandó a hacer asimismo el monolito de Kurkh, una estela de 2,20 metros de alto que relata las campañas de Salmanazar en el oeste de Mesopotamia y Siria.

Monolito de Kurkh. Imagen

La parte final enumera a los beligerantes de la batalla de Qarqar, Siria, en la cual se enfrentó a una “alianza de doce reyes”. Esta alianza fue dirigida por Irhuleni, rey de Hama, y Hadadezer, rey de Damasco, pero también menciona un contingente liderado por Acab rey de Israel (Ahab Sir’lit).​

Estela del rey Hadad-Nirari

Hadad-Nirari III (o Adad-Nirari III), rey de Asiria (810-783 AEC), realizó una exitosa campaña para reconquistar las regiones que su abuelo Salmanasar III había dominado. Para dejar constancia de sus hazañas hizo grabar una estela en alabastro en donde consta el tributo que recibe por parte de “Joás el Samaritano”, rey de Israel del 798 AEC al 782 AEC.

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Estela del rey Hadad-Nirari. Imagen

La Torá se refiere de la siguiente forma sobre Joás:

  • 2 Reyes 13:10 En el año treinta y siete de Joás, rey de Judá, Jeoás, hijo de Joacaz, comenzó a reinar sobre Israel en Samaria, y reinó dieciséis años. 
  • 2 Reyes 13:13 Cuando Joás murió, lo enterraron en Samaria, en la tumba de los reyes de Israel. Su hijo Jeroboam reinó en su lugar.

Cronología

Ubicar los sucesos bíblicos dentro de la cronología de la historia corroborada es tema que involucra tanto historiadores como arqueólogos y estudiosos de la biblia.

El Éxodo de Egipto

El Éxodo de Egipto de los israelitas y su cronología están en permanente debate. En el año 1440 AEC, durante el reinado de Amenhotep II (circa 1450-1424 AEC), se encuentra en los textos egipcios la primera mención del pueblo Habiru, término que se suele asociar con los hebreos.​ La evidencia recientemente descubierta parece indicar que muchos habirus hablaban hurrita;​ y que el término hace referencia a una casta social más que un grupo étnico, e incluso pueden haber estado incorporados en los grupos tribales de los primeros israelitas.​

Partiendo de un fecha de la que hoy tenemos bastante precisión, la Biblia especifica que los israelitas salieron de Egipto 480 años antes de que el rey Salomón construyera el Templo (1ª Re 6:1). Esta construcción data aproximadamente del año 970 AEC por lo que la fecha aproximada para el Éxodo bíblico resulta ser 1450 AEC, sugiriendo que Tutmosis III pudo haber sido el faraón en cuestión.

Sin embargo, dado que la Biblia indica que los hebreos partieron de la ciudad llamada Ramesés y a hacia Sucot, y que dichas ciudades son datadas en el siglo XIII AEC, durante el período en que Ramsés II gobernaba Egipto, también se considera la fecha del éxodo circa 1250 AEC.

H.W.F. Saggs observa en sus escritos académicos que: La mención de la ciudad de Ramesés en Éxodo 1:11 en tanto que localidad de almacenaje, construida en parte por los esclavos israelitas, ofrece de hecho un indicio cronológico, dado que [hoy] es sabido que Ramsés II construyó una ciudad, Per-Ramsés [i.e., Pi-Ramsés], la cual se corresponde con el nombre proporcionado por la Biblia. Ello tiende a posicionar la esclavitud [de los hebreos] en Egipto y su salida de ese país en el siglo XIII AEC.​

Pero por otro lado la evidencia extra-bíblica de la presencia israelita en Canaán hallada en la Estela de Merenptah (arriba detallada) indica que para el 1210 AEC ya había una organización de estado israelita. Por esto, el proceso de conquista y establecimiento en la tierra de Canaán, más (o acaso junto) con los 40 años en el desierto (Números 32:13) fijan una fecha de mínima de 1250 AEC para la de salida de Egipto.

Desde la conquista de Canaán en adelante la cronología se va haciendo cada vez más precisa:

s. XVII – VI AECERA BIBLICA
Hasta el 1020Período de los Jueces
1020Establecimiento de la monarquía. Saúl, primer rey
1006Coronación de David como rey de Israel
1000Jerusalem es convertida capital del reino de David
965Coronación de Salomón como rey de Israel
960Construcción del Primer Templo de Jerusalem por el rey Salomón
930El reino se divide en dos: Judá al sur (Jerusalem) e Israel al norte (Samaria)
720Israel es conquistado por los Asirios; 10 tribus exiliadas (las Diez Tribus Perdidas)
586Judá es conquistada por lo babilonios. Destrucción del Primer Templo. Exilio a Babilonia
538-142PERIODO PERSA Y HELENISTICO
538-515Muchos judíos retornan de Babilonia; el Templo es reconstruido
332La Tierra es conquistada por Alejandro Magno; dominio helenístico
166-160Rebelión Macabea (Hasmonea) contra las restricciones y la profanación del Templo
142-129Autonomía judía bajo la dinastía hasmonea
129-63Independencia judía bajo la monarquía hasmonea
63Jerusalem es capturada por el general romano Pompeyo
63 AEC-313 ECDOMINIO ROMANO
70Destrucción de Jerusalem y del Segundo Templo
73Ultima resistencia de los judíos en Masada
132-135Levantamiento de Bar Cojbá contra Roma
c. 210Se completa la Codificación de la Ley Oral judía (Mishná)

Flavio Josefo

Flavio Josefo (Yosef ben Matityahu de nacimiento), un historiador judío fariseo – nacido en Jerusalem en el año 37 y fallecido en Roma circa 100 – escribía ya hace 2 mil años sobre la antigüedad del pueblo judío. Descendiente de una familia de sacerdotes, fue un hombre de acción, estadista y diplomático, fue uno de los caudillos de la rebelión de los judíos contra los romanos. Apresado y trasladado a Roma, llegó a ser favorito de la familia imperial Flavia.

Josefo presenció la marcha de las legiones romanas triunfantes de Tito dirigiendo a sus cautivos judíos y llevando los tesoros despojados del Templo de Jerusalén. Fue en este contexto que Josefo escribió La guerra de los judíos. En Roma también escribió en griego otras obras como: Antigüedades judías, Autobiografía y Contra Apión.

Vista frontal del arco de Tito (82 EC). Detalle de los objetos sustraídos del templo de Jerusalem, entre los que destaca la Menorá. Imagen

En Antigüedades judías Flavio Josefo ofrece una apología de la antigüedad y el significado universal del pueblo judío, en contraposición a versiones de otros escritores que según él pervirtieron la verdad sobre su historia. El libro Contra Apión (c. 93 EC) es una defensa del judaísmo como religión clásica y filosófica, haciendo hincapié en su antigüedad, refutando las difamaciones antijudaicas por parte de Apión.

Sucedió que en tiempos de Calígula se produjeron graves disturbios contra la comunidad judía en Alejandría que motivaron el envío de dos delegaciones al emperador: una greco-egipcia, encabezada por Apión y otra judía, encabezada por Filón de Alejandría. Según Flavio Josefo, el concepto de antijudaísmo comenzó en ese preciso momento.

En la Alejandría de la época helenística los judíos gozaban de todos los derechos civiles, como cualquier ciudadano griego, pero mantenían las prerrogativas concedidas por los reyes persas, y constituían una comunidad política independiente y autónoma. Los romanos, que antes del Imperio habían sido aliados de los judíos, les otorgaron algunos privilegios más, como la celebración del shabat. Probablemente a los egipcios los irritaba la tolerancia que el imperio había otorgado a los judíos, y no faltaba entre ellos el descontento por la dominación foránea, primero griega y luego romana.

Ese resentimiento se tradujo en una xenofobia que terminó por descargarse contra el pueblo hebreo, que se les acusaba de deslealtad por adorar a un Dios ajeno y no compartir las prácticas religiosas y costumbres sociales, es decir, ser una minoría con identidad propia. Esto, más la envidia social frente al florecimiento de esa colectividad, fue caldo de cultivo para las primeras agresiones escritas, como las de Apión, iniciador de las agitaciones antijudías que el año 38 provocaron que decenas de miles de judíos fueran asesinados.

Apión fue un escritor alejandrino de origen egipcio que le recriminaba a los judíos no adorar a los dioses egipcios, el no comer cerdo y el circuncidarse, aunque según Heródoto y Plutarco, respectivamente, los egipcios se circuncidaban y sus sacerdotes no comían cerdo. Asimismo tuvo gran popularidad la falsa acusación del crimen ritual que cebaban y mataban a un griego para comer luego sus vísceras. A tal punto fue el éxito de este engaño que todavía se propaga en la actualidad, versionado según la religión que lo utiliza para incitar el odio y justificar su accionar violento.

En Contra Apión Josefo menciona:

… los egipcios y fenicios… están muy mal dispuestos contra nosotros, todos los egipcios en general y, entre los fenicios, los de Tiro. (71) No puedo decir lo mismo en cuanto a los caldeos, porque nuestros primeros conductores y antepasados fueron de su estirpe y, a causa del parentesco, en sus historias nos recuerdan.

(128) Ahora referiré lo que se encuentra escrito sobre nosotros en los anales de los caldeos, que están de acuerdo con nuestros libros en muchos aspectos. (129) Como testigo tenemos a Beroso, hombre de origen caldeo, que no es desconocido por aquellos que se dedican al estudio de las letras, porque dejó obras sobre astronomía y filosofía de los caldeos para uso de los griegos. (130) Este Beroso, fiel a las historias más antiguas, escribió sobre el diluvio y los hombres que perecieron en el mismo lo mismo que escribiera Moisés. También escribió sobre el arca en la cual se salvó Noé, jefe de nuestro pueblo, trasladada a la cima de los montes de Armenia.

(131) Luego, después de mencionar los descendientes de Noé y las fechas de la cronología, finalmente pasa a Nabopalasar, rey de Babilonia y de los caldeos (132) y refiere lo que realizó. Dice que envió a su hijo Nabucodonosor a Egipto y a nuestro país con un gran ejército al enterarse de la sublevación; se impuso a todos, incendió el Templo de Jerusalén y haciendo salir a todo nuestro pueblo de su país, lo trasladó a Babilonia. De ahí que la ciudad quedara desolada durante setenta años hasta el tiempo de Ciro, rey de los persas.

(133) Agrega que el babilonio se apoderó de Egipto, Siria, Fenicia y Arabia; y que superó por sus hechos a los reyes anteriores de los caldeos y babilonios. (134) Algo más adelante Beroso relata lo siguiente en su historia de la antigüedad. Repetiré las palabras de Beroso, que son las siguientes: (137) “… Nabucodonosor, informado poco después de la muerte de su padre, resolvió los asuntos en Egipto y las otras regiones, encargó a la fidelidad de algunos amigos los cautivos que hiciera en Judea, Fenicia, Siria y los pueblos de Egipto…”

(143) En lo referente a los caldeos esta historia merece todo crédito; especialmente por encontrarse en los archivos de los fenicios escritos que están de acuerdo con lo que narra Beroso sobre el rey de los babilonios, esto es, que sometió Siria y toda Fenicia.

(160) Todo esto está de acuerdo con nuestros libros, según lo que dicen caldeos y tirios; nadie puede contradecir lo que dicen, como testimonio de la antigüedad de nuestro pueblo. (161) Supongo que esto es suficiente para aquellos que están deseosos de contender. Pero es necesario para los que no dan crédito a los anales de los bárbaros sino que dicen que únicamente prestan fe a los griegos, darles también satisfacción: exhibirles testigos griegos, como prueba que nuestro pueblo les era conocido y se refirieron a él oportunamente.

(215) Son suficientes para mostrar nuestra antigüedad los anales de los egipcios, los caldeos y los fenicios, además de tantos historiadores griegos. (216) A éstos se agregan Teófilo, Teodoto, Manaseas, Aristófanes, Hermógenes, Euhemer, Conón, Zopirión y muchos otros (pues no he leído todos los libros), que hablan de nosotros con bastante extensión. (217) A pesar de que muchos de los que cité nominalmente, por desconocer nuestras escrituras se apartaron de la verdad de lo que fueron nuestros hechos desde el principio; sin embargo, están de acuerdo en atribuirnos antigüedad, que es de lo que yo me propongo tratar. (218) Sin embargo, Demetrio de Falero, Filón el anciano y Eupolemo no se alejaron mucho de la verdad; si en algo se equivocaron, es justo que se los perdone por no poder captar en forma adecuada el sentido de nuestros libros.

El símbolo de la Menorá

La menorá (“lámpara” en hebreo) es el candelabro o lámpara de aceite de siete brazos propia de la cultura hebrea, descrita en la Torá y más específicamente en el libro del Éxodo (Éxodo 25:31-40). Se trata de uno de los objetos rituales más importantes del judaísmo y uno de sus símbolos más antiguos, ya que remonta a la época inmediatamente posterior a la salida de Egipto​. De acuerdo al relato bíblico, junto con el tabernáculo y el Arca de la Alianza, la primera menorá fue diseñada por Yahvé y ejecutada por el hábil artesano judío Bezalel.​

La Menorá como emblema del moderno Estado de Israel, 1948.

Además de la descripción bíblica y otras referencias literarias, como las obras de Flavio Josefo, se conservan varias representaciones pictóricas o epigráficas. Hasta hace poco tiempo, la representación más temprana de la menorá del Templo era el relieve exhibido en el Arco de Tito, sin embargo, en 2009 en Migdal (Magdala) fueron descubiertas bajo tierra las ruinas de una sinagoga entre las que se encontró un bloque de piedra con diversos motivos ornamentales y, entre ellos, la representación del candelabro hebreo con sus siete brazos.

La piedra es un prisma rectangular y está adornada en todas sus caras visibles por alto-relieves, siendo el de la Menorá el frontal. Su cara superior presenta de forma principal el grabado de la Semilla de la Vida, uno de los elemento de la denominada geometría sagrada, junto con otras figuras ornamentales.

Bloque de piedra con relieves de la Menorá y Semilla de la Vida.
Imagen: Israel Antiquities Authority, © Moshe Hartal
Ver publicación: Geometría Sagrada

La menorá de Migdal probablemente fue cincelada por un testigo ocular de la menorá del Templo de Jerusalén, contemporánea a la primera. Cuando se la observa de cerca, la menorá de Magdala posee brazos que son poligonales, no redondos, una base no escalonada, sino triangular, por lo que difiere sustancialmente de la tallada en el Arco de Tito.

La Sinagoga de Migdal es una de las más antiguas que se conocen, y data de la época del Segundo Templo de Jerusalén. Se estima que su construcción se realizó entre el año 50 AEC y el 100 EC.

Ruinas de la Sinagoga de Migdal

El poblado de Migdal desempeñó un importante papel en la época de la Gran Revuelta judía (año 66 EC) y fue la sede de operaciones de Yosef Ben Matatiyahu (Flavio Josefo), comandante de la rebelión en la Galilea. También figura en el Nuevo Testamento, por ser la población (Magdala, en arameo) de donde era oriunda María Magdalena.

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Ubicación de Migdal, en la Galilea (norte del país).

La descripción, puesta en boca de Yahveh, es la siguiente:

« 31 Harás además un candelabro de oro puro. El candelabro, su base y su caña han de hacerse labrados a martillo; sus copas, sus cálices y sus flores serán de una pieza con él. 32 Y saldrán de sus lados seis brazos: tres brazos del candelabro de uno de sus lados y tres brazos del candelabro del otro lado. 33 Habrá tres copas en forma de flor de almendro en un brazo, con un cáliz y una flor; y tres copas en forma de flor de almendro en el otro brazo, con un cáliz y una flor; así en los seis brazos que salen del candelabro. 34 Y en la caña del candelabro habrá cuatro copas en forma de flor de almendro, con sus cálices y sus flores. 35 Y habrá un cáliz debajo de los dos primeros brazos que salen de él, y un cáliz debajo de los dos siguientes brazos que salen de él, y un cáliz debajo de los dos últimos brazos que salen de él; así con los seis brazos que salen del candelabro. 36 Sus cálices y sus brazos serán de una pieza con él; todo ello será una sola pieza de oro puro labrado a martillo. 37 Entonces harás sus siete lámparas; sus lámparas serán levantadas de modo que alumbren el espacio frente al candelabro. 38 Y sus despabiladeras y sus platillos serán de oro puro. 39 El candelabro, con todos estos utensilios, será hecho de un talento de oro puro. 40 Y mira que los hagas según el diseño que te ha sido mostrado en el monte». —Éxodo 25:31-40.

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