Meguido o Megiddo, también conocido como Tel-el-Mutesellim (el Monte del Gobernante) es una de las ciudades más importantes de los tiempos bíblicos. Ubicada en el valle de Jezreel, en Israel, su relevancia histórica, arqueológica y simbólica es inmensa.
Meguido tuvo gran importancia estratégica ya que controlaba una de las rutas comerciales más importantes del mundo antiguo: la Vía Maris, el Camino del Mar, que conectaba Egipto con Mesopotamia pasando por Damasco.

Con una extensión de unas 6 hectáreas, es uno de los montículos más significativos de Israel y de los más ricos en hallazgos arqueológicos. Se han hallado más de 25 estratos de urbanizaciones en Meguido, construidas y destruidas una encima de la otra en el curso de 5.000 años de continua ocupación, que van desde el primer asentamiento de fines del VI milenio AEC hasta su abandono en el siglo V AEC.
Los hallazgos corroboraron la evidencia escrita respecto a la importancia de Meguido, primero como ciudad real cananea, luego como posición y centro administrativo egipcio, posteriormente como la «ciudad de los carros» de los reyes de Israel y finalmente como la ciudad de control de las provincias asirias y persas.
Meguido es uno de los sitios arqueológicos más estudiados del Levante. Excavaciones han revelado Palacios y templos; Puertas fortificadas; Establos (atribuibles, según algunos, al rey Salomón); Un impresionante sistema de agua subterráneo tallado en la roca; y restos de escritura y cultura material cananea, egipcia y israelita. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2005 como parte de los “Tells bíblicos” junto con Hazor y Beerseba.

No existe una forma clara de transcribir el nombre de esta ciudad. Las variantes que podemos encontrar van desde Megido hasta Megguiddó. Su etimología hace referencia al Apocalipsis de San Juan. En él se afirma que Megido es el lugar en que tendrá lugar la batalla final entre las fuerzas del Bien y del Mal: el término Armagedón es la contracción de Har Megido, la montaña de Megido, o, según otros, “el lugar de reunión de las tropas”, que vendría del hebreo.
Ciudad real cananea
A fines del sexto milenio AEC se estableció una aldea sobre el monte de Meguido, pero el primer asentamiento urbano fortificado, restos del cual fueron descubiertos en la roca en la parte oriental del tel, data de comienzos del tercer milenio AEC. Dentro de sus murallas había un templo rectangular alargado con un altar frente a su entrada; tenía un techo bajo, sostenido por columnas de madera colocadas sobre bases de piedra. Las nuevas excavaciones pusieron al descubierto varias paredes de piedra paralelas, cada una de 4 m. de grosor, y los huecos entre ellas estaban llenos con huesos de animales sacrificados.
Durante los siguientes 2.000 años, se construyó una serie de templos cananeos, uno encima del otro, en el lugar de este antiguo templo. A fines del tercer milenio AEC se construyó una bamá (altar) circular de piedra de 8,5 m. de diámetro y 1,5 m. de altura. Siete escalones conducen a su parte superior, donde se ofrecían sacrificios. Este es un excelente ejemplo de bamot (altares) de culto, frecuentemente mencionados en la Biblia (p. ej. I Samuel 9:12-15).

Posteriormente, a comienzos del segundo milenio AEC, se añadió un complejo de tres templos idénticos en el fondo de la bamá, formando un impresionante centro de culto cananeo. Hacia finales del segundo milenio AEC se construyó un nuevo templo cananeo sobre las ruinas de los anteriores; tenía muros especialmente gruesos e incluía una pequeña cámara de culto con dos torres que protegían su fachada.
Desde comienzos del segundo milenio AEC, Meguido fue un importante centro militar. La ciudad fue rodeada por firmes fortificaciones de piedra y glacis. El área dentro de los muros estaba cuidadosamente planeada y dividida en varias zonas claramente definidas: el barrio real (que contenía los palacios), el barrio administrativo y los barrios residenciales. Este plan no se modificó significativamente hasta el siglo XII AEC.

Hacia mediados del segundo milenio fue construida en el muro norte de la ciudad una nueva puerta de dimensiones enormes que brindaba un cómodo acceso para los carros. Cerca de la puerta en el muro oriental se encontraba el palacio de los reyes cananeos de Meguido. Este era un palacio muy grande y lujoso, cuyas habitaciones estaban construidas en torno a un patio. Joyas de oro y marfil encontradas en el palacio demuestran la riqueza de los reyes de Meguido y sus relaciones políticas y comerciales con los países y las culturas vecinas.
Centro administrativo egipcio
Meguido es mencionada muchas veces en inscripciones egipcias de los siglos XV a XIII AEC. Estas inscripciones son testimonio de la importancia de la ciudad como centro de la administración egipcia en Canaán y como base logística en la ruta hacia el norte. Los primeros documentos escritos sobre Meguido pertenecen al reinado del faraón egipcio Tutmosis III, quien logró en esa ciudad su mayor victoria militar contra una coalición de reyes cananeos c. 1479 AEC, y dejó constancia de su triunfo en los llamados “Anales” del templo de Karnak.

En estas inscripciones del templo del dios Amón en Karnak (Alto Egipto) se describe la primera campaña militar de Tutmosis III en Canaán. De acuerdo a esta, el ejército egipcio cruzó los Montes de Manasés y avanzó a través de Nájal Irón hasta el valle de Jezreel. El ejército unido de los reyes cananeos, sorprendido por este avance militar, fue derrotado después de un asedio de siete meses.
Su majestad [Tutmosis III] se dirige a sus generales: Ese miserable enemigo [los cananeos] ha venido y ha entrado en Meguido. Está aquí en este momento. Ha reunido a todos los príncipes de los países extranjeros que habían sido leales a Egipto, así como a aquellos lejanos como Naharín y Mitani [en la Siria actual]… Entonces su majestad avanzó a la cabeza de su ejército… No encontró ningún enemigo. Su ala sur estaba en Taanaj, y su ala norte se encontraba en la parte sur del Valle de Qina… Así su majstad [Tutmosis] los superó [a los cananeos] a la cabeza de su ejército. Luego ellos vieron a su majestad que los vencía y huyeron precipitadamente a Meguido y en sus rostros había pánico. Abandonaron sus caballos y sus carros de oro y plata…

Seis cartas encontradas en los archivos de los reyes egipcios en el-Amarna, del siglo XIV AEC, fueron enviadas por el rey de Meguido a sus señores, los reyes de Egipto. En dichas cartas Biridiya, rey de Meguido, describe la creciente amenaza a su ciudad por parte de Labayu (rey de Siquem) y ruega por ayuda:
Al Rey, mi señor, y mi dios Sol, digo: Así Biridiya, el fiel servidor del Rey. A los dos pies del rey, mi señor y mi dios Sol, caigo siete y siete veces. Sepa el rey que desde que los arqueros regresaron [a Egipto], Labayu ha llevado a cabo hostilidades en mi contra, y no podemos recoger la lana y no podemos salir de la puerta en presencia de Labayu, dado que él se enteró que usted no ha dado arqueros; y ahora ha decidido apoderarse de Meguido, pero el Rey protegerá la ciudad para que Labayu no la asedie. Verdaderamente, Labayu no tiene otro propósito. El pretende destruir Meguido.
Ciudad de la monarquía de Israel
Con la decadencia del control egipcio en los siglos XII y XI AEC, se desataron luchas por el control de la zona entre los cananeos, los filisteos y los israelitas que dejaron su marca en las ruinas de Meguido. La ciudad finalmente fue conquistada por el rey David, quien la fijó como un importante centro regional de su reino.
Meguido alcanzó su cúspide bajo el rey Salomón en el siglo X AEC y reviste de hecho, una de las pruebas de la existencia histórica del gran imperio de Salomón. El la reconstruyó como una ciudad real que administraba la parte norte del reino. La construcción de Jerusalem, la capital, y de Hazor, Meguido y Gezer como parte de una planificación urbana centralizada, es así relatada en la Biblia:
Esta es la razón de la leva que el rey Salomón impuso para edificar la casa de Dios, y su propia casa, y la fortaleza, y el muro de Jerusalem, y Hazor, Meguido y Gezer. (I Reyes 9:15).
En las tres ciudades se encontraron rasgos arquitectónicos característicos de los centros reales del período de la monarquía. En las excavaciones de Meguido, dichos elementos se hallaron en los palacios, los edificios, las fortificaciones, los centros administrativos, los depósitos, los establos y el sistema de agua.

Durante el reinado de Salomón, Meguido fue rodeada por un fuerte muro de casamatas (dos muros paralelos con particiones entre ellos, que forman habitaciones). Las casamatas servían como barracas para los soldados y para el depósito de equipo. Se construyó un nuevo portón de la ciudad y, para seguridad adicional, se agregaron torres y por fuera de esta puerta un portón exterior.
Dentro de la ciudad se construyeron grandes palacios y cerca de ellos edificios administrativos idénticamente planificados: una serie de habitaciones en torno a un patio central abierto. Estos edificios estaban muy bien construidos, con un amplio uso de grandes piedras labradas y los gruesos muros soportaban un segundo piso.
En el año 926 AEC Meguido fue conquistada y destruida en la campaña militar del Faraón egipcio Shishak. Luego, el reino entro en un enfrentamiento interno que conllevó la formación de dos reinos: el de Israel, en el norte (con capital en Samaría), y el de Judá, en el sur (con capital en Jerusalén).
El primero fue gobernado por la llamada dinastía omrita, cuyo principal rey fue Ajab (s. IX AEC), hijo de Omri. Este linaje fue luego suplantado por la dinastía de Jehú, entre los que se encontraba Jeroboán II (s. VIII AEC), que llevó las fronteras de sus dominios a su máxima expansión.

Más tarde Meguido fue restaurada durante el reinado de Acab, rey de Israel (aprox. 874-852 AEC) quien la convirtió en la «ciudad de carros» real. Los muros de la nueva ciudad tenían un ancho de 3,5 m., construidos con entradas y salidas, e incorporaba la puerta salomónica.
Para asegurar el abastecimiento del agua a la ciudad en tiempos de asedio, se labró en la roca un sistema de aguas subterráneo (un túnel a 25 m. de profundidad y 80 m. de largo) en la parte occidental de la ciudad, que permitía llegar al manantial ubicado a los pies de la montaña por fuera de los muros sin ser visto por el enemigo.

Meguido siguió sirviendo como sede del gobernador real durante el reinado de Jeroboam II, rey de Israel desde 788 AEC hasta 748 AEC. Esto está atestiguado en un sello encontrado en una excavación de 1904 (ahora desaparecido) con la imagen de un león rugiente a cuatro patas y la inscripción en paleohebreo «l’Shema eved Yerov’am» («de Shema, servidor de Jeroboam»).

Durante la rebelión de Jehu, Ajazia, rey de Judá, huyó a Meguido y murió allí a consecuencia de sus heridas. (II Reyes 9:27).
Los últimos días de Meguido
Meguido fue conquistada y destruida en el año 732 AEC, durante la campaña de Tiglar Pileser III, rey de Asiria, contra el Reino de Israel. (II Reyes 15:29).
Los asirios convirtieron a Meguido en la ciudad real de su provincia en el norte del conquistado reino de Israel y la reconstruyeron con su tradición arquitectónica. Una red ortogonal de calles dividía a la ciudad en barrios. En el sur de la ciudad, se encontró un silo redondo de piedra, de 11 m. de diámetro, con dos estrechos tramos de escaleras a sus lados.

A fines del siglo VII AEC, durante el reinado de Josías, rey de Judá, se construyó una fortaleza rectangular en el extremo del lado oriental del tel, que permaneció en uso hasta el año 609 AEC. En esa época, uno de los últimos faraones egipcios nativos, Necao II, en su avance contra Asiria, libró batalla en Meguido y mató al rey judío Josías.
En aquellos días el Faraón Necao, rey de Egipto, subió contra el rey de Asiria al río Eufrates, y salió contra él el rey Josías; pero aquél, así que le vio, lo mató en Meguido. (II Reyes 23:29).
No mucho después, el Imperio persa se impuso sobre el asirio, y de ahí en adelante Meguido decayó y fue abandonada finalmente en el siglo V AEC, período del que son sus últimos hallazgos arqueológicos.
En tiempos de Alejandro Magno, la temida ciudad del Armagedón era un pueblo abandonado. De no haber sido por la arqueología de finales del siglo XIX, seguiría enterrada a la espera del apocalíptico día.
El descubrimiento
Meguido es tal vez el yacimiento más excavado y estudiado de Tierra Santa. Sin embargo, hace menos de 200 años sólo los pastores nativos estaban interesados en la apacible colina. Este aislamiento comenzó a cambiar cuando el estudioso americano Edward Robinson visitó Tell el-Muttasellim en 1838 e identificó el lugar como el emplazamiento más verosímil de la bíblica Meguido.
A finales del siglo XIX, la zona se encontraba controlada por Alemania. La primera excavación fue financiada por el gobierno del káiser Guillermo II, bajo la dirección de Gottlieb Schumacher (cuyas técnicas de excavación fueron denostadas en tiempos posteriores). Según él, todos los restos cananeos de Meguido eran ejemplos de la idolatría pagana que condenaron los primeros profetas hebreos.

Acabada la Primera Guerra Mundial, fueron los estadounidenses quienes continuaron con la investigación. Los arqueólogos P. L. O. Guy y G. Loud descubrieron los establos de Salomón y la valiosa colección de marfiles del Instituto Oriental de la Universidad de Chicago, responsable de la campaña.
Durante la expedición liderada por Guy salieron a la luz dos conjuntos de grandes edificios públicos. Guy los identificó como caballerizas de la época de Salomón. Su interpretación se basaba en la descripción bíblica de las técnicas constructivas salomónicas utilizadas en Jerusalén y en la mención de las ciudades salomónicas para carros y jinetes.
Tras la formación del estado de Israel en 1948, las excavaciones quedaron en manos del Instituto de Arqueología de la Universidad Hebrea. En los años sesenta se descubrió la llamada “puerta de Salomón”.
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