Religiones Orientales

Karl Jaspers ha identificado al siglo VI AEC como un tiempo eje de la humanidad, en torno al cual confluyen, por azares o avatares, diferentes movimientos religiosos y/o filosóficos tales como: el Zoroastrismo en el Irán; el Budismo y el Jainismo en la India; el Taoísmo y el Confucianismo en China; los profetas en Israel; y la filosofía en Grecia.

Entre algunos de los mesías, iluminados y maestros de estos movimientos podemos encontrar a Lao-Tse (Taoismo), Confucio (Confucianismo) y Buda (Budismo), quienes pregonaron para que cada hombre recurriera a su propia conciencia, mientras que Zoroastro (Mazdeísmo) actuaba como mensajero de dios.

Todos estos “Guías” poseen ciertas características y cualidades comunes:

  1. Tuvieron un tipo de vida que, a partir de un determinado momento de “iluminación” o “revelación”, modificaron profundamente. A partir de ese momento dedicaron sus días a la enseñanza de sus conocimientos.
  2. Observaron la corrupción de sus días, o las deficiencias de los sistemas, y desarrollaron conceptos superadores. Percibieron agudamente las necesidades de sus pares.
  3. Todos tuvieron duros obstáculos para el logro de sus objetivos, los cuales alcanzaron no sin mucha dedicación y esfuerzo. Los hechos y/o palabras de cada uno de estos “Guías” se ha impregnado en la historia de la humanidad.

Por otro lado, el Hinduísmo en India, la antigua tradición de China, así como el Sintoísmo en Japón, son religiones ancestrales que fueron emergiendo de la cultura de cada civilización, cuyas creencias y mitologías se han ido asimilando y superponiendo entre sí.

En su introducción al Bhagavad Gita (el Canto del Señor), Julio Pardilla traza ciertos paralelismos entre los diferentes “mesías” y religiones:

El mensaje esencial de los Vedas y aún más claramente enunciado en Bhagavad Gita, es que dios, el Señor del Universo, se manifiesta una y otra vez en forma humana sobre este planeta, dejando un cuerpo para tomar otro con el propósito de liberar a sus devotos de las miserias del océano de Maya (ilusión), que constituye este mundo de los sentidos. Llevándolos pues a alcanzar «la otra orilla»: la liberación de todas las limitaciones que constituyen nuestro ego, basado en las experiencias limitadas del limitado mundo material.

Nuestra ilusoria conciencia de individualidad se debe a la ignorancia de que el Señor, ese Poder Perfecto, habita dentro de todas las criaturas, siendo nuestra real identidad y la fuente misma de la Vida. Es el Creador, Conservador y Destructor de todo lo creado.

Éste es el mensaje más importante contenido en todas estas escrituras sagradas de origen hindú. Por otra parte, sorprendentemente, constituye un factor común en casi la totalidad de las escrituras, que narran la vida o enseñanzas de los grandes Maestros, a pesar de pertenecer a diferentes épocas, culturas y procedencias geográficas: Rama, Krishna, Budha, Sócrates, Zoroastro, Moisés, Patanjali, Lao Tse, Jesús, Mahoma, Sankaracharya, Santo Kabir, Shri Chaitanya, Shri Ramakrishna, etc.

Todos estos grandes Maestros revelaban una experiencia a sus discípulos, iniciándolos en el Eterno Conocimiento de la Verdad.

El proceso de iniciación revelaba el Conocimiento, que a través de una experiencia interior, el iniciante reconocía la Forma Inmanifiesta de su Señor, como energía pura, la Vibración Primordial que las escrituras citan con diferentes nombre: el Santo Nombre de Dios, la Palabra, el Verbo, el Tao, Sat Nam, Pak Nam, Om, la Palabra Bhrámica, Jehová, etc.

La Vibración Primordial es la Realidad Ultima y se manifiesta por sí sola dentro de todo lo que existe; es soporte de toda la creación. Esa experiencia interior de total plenitud en sí misma, ha sido descrita en los Vedas, Upanishads, el Gita y casi todas las escrituras hindúes, como el estado de Sat Chit Anand: Verdad, Conciencia, Dicha Suprema. O sea, la experiencia interior de la Verdad, esa energía omnipresente y eterna, despierta la Conciencia al estado de Dicha Suprema.

Esta Vibración Primordial no es abarcable por la mente ni el intelecto, así pues, se ha de trascender todo estado mental o racional, para poder acceder a esta experiencia, anulando el propio ego y la mente. Al entrar en contacto con ese estado infinito e ilimitado en el que vibra la Energía Interior, se libra de su falso ego individual, que es como una fortaleza, fabricada por el miedo, a la inseguridad y agonía que produce vivir desconociendo su propia identidad: el no saber quién es, por qué está aquí y adónde va.

Fue de esta Revelación Interior y del Camino que conduce a ella, de lo que habló Krishna, Jesús, Mahoma, Budha y todas las demás manifestaciones que el Señor ha tomado en la tierra; sólo esta Verdad se encarna edad tras edad. El es ese Poder omnipotente, omnipresente y omnisciente que los hombres llamamos con diferentes nombres, como Dios, Alá, Brahman, Bagwan, Tao, etc. Esta es la Verdad de la que se da testimonio en el Bhagavad Gita.

Todas las religiones del mundo están constituidas por tres elementos, que ordenados de acuerdo a su importancia son: Principios, Mitología y Ceremonias.

1.° Los Principios fundamentales de cualquier religión se pueden resumir en uno solo: Unir al hombre con Dios (re-ligere, en latín: reunir). Siendo además un factor común a todas las religiones del mundo, naturalmente no por coincidencia. Este principio básico es el Conocimiento Unitivo, la experiencia directa de Dios que es revelada por el Maestro Perfecto vivo de la época, y aquí es donde aparece el segundo estrato.

2.° La Mitología la constituyen todos los relatos, historias y leyendas que describen o tratan de describir la gloria del Maestro que reveló aquel Principio a los hombres que se acercaron a El con humildad y le reconocieron. A pesar de que estos relatos posiblemente son experiencias verídicas que tuvieron aquellos iniciados, con el tiempo, después que el Maestro los deje, desapareciendo con Él la Fuente de la experiencia, sólo quedan sus discípulos, y cuando éstos desaparecen, tan sólo quedan los seguidores no iniciados y las escrituras, lo cual degenera inevitablemente, convirtiéndose en un Mito.

3.° Las Ceremonias son, al igual que la Mitología, los residuos ya vacíos de algo que en su día tuvo un contenido. Pues los discípulos a quienes les fue revelada esa experiencia interior y experimentaron sus beneficios, mostraron su agradecimiento al Maestro en formas de acuerdo a su cultura, sus creencias y la tradición de esa época, y esto daba origen a una serie de ceremonias que fue lo único que pudieron heredar aquellos neófitos no iniciados, los cuales imitaban las ceremonias apoyándose al tiempo en las enseñanzas legadas en las escrituras que, al carecer de la experiencia de la Gracia del Maestro ya desaparecido, se convertían en pura moral dogmática que les decía lo que se debe hacer y lo que no, incapaz de hacerles transcender esa dualidad, ni de elevar sus conciencias hasta unirlas con el Uno.

Y desgraciadamente, esto es todo lo que queda hoy en las llamadas religiones: Mitología y Ceremonias. Si no está el Maestro que revele el Principio Universal que han revelado todos los Maestros de la antigüedad y de donde han surgido todas las religiones; están vacías y no cumplen su propósito.

Todos los Maestros han dicho lo mismo, aunque quizá con palabras diferentes: sólo a través del Conocimiento interior de Dios, se puede alcanzar la liberación, el Reino de los Cielos, la Morada de Brahman, el Nirvana, o como se le quiera llamar. Las Escrituras tan sólo cumplen el papel de señales indicatorias.

Respecto de este Conocimiento inefable hay cantidad de referencias:

«En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.» S. Juan 1:1

«En el principio estaba el Creador, y con él estaba la Palabra, y la Palabra era el Supremo Dios.» Vedas

«La meditación en el Nombre o Sonido Primordial, es el camino real hacia la salvación.» Upanishads

«Así os revelo la Palabra que el más sabio me ha enseñado, la Palabra que es lo
mejor que los mortales pueden escuchar. Quien me rinda obediencia y fije su atención en Mí, obtendrá al Ser Omnipresente y logrará la inmortalidad: realizará a Dios.» Zaratustra

«El Tao que puede expresarse no es el verdadero Tao. El Tao que puede nombrarse no es el Tao eterno.» Tao Te King

«El nombre de Dios es Jehová.» (Jehová etimológicamente en hebreo, significa impronunciable.) Antiguo Testamento

«Es recordando tu Nombre como yo debo vivir y morir.» Mahoma

«El centro místico primordial es la oculta Luz interior, de una pureza, efulgencia y sutileza tal, que está más allá de la comprensión.» El libro Zohar del Esplendor

 

Fuentes y bibliografía:

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