Cosmogonía egipcia

La cosmogonía de la civilización de egipto es un asunto complejo y difícil dado que no hay un único mito de la creación, sino que hay uno por cada ciudad/sede religiosa, haciendo la tarea ardua. Más aún, los sistemas teológicos enteros variaban según las localidades, contando con una cantidad de dioses locales, los que se iban acumulando con el paso del tiempo, o fusionando unos con otros en la medida que una ciudad iba ganando poder sobre las demás.

Así nos encontramos con el mito Heliopolitano, el Hermopolitano, el Menfita y el Tebano. En cada uno de ellos, el dios demiurgo (creador del universo) es diferente, tomando esta función el dios principal del panteón de la ciudad. Los sacerdotes de los 3 principales centros de culto, Heliópolis, Hermópolis y Menfis, intentaron centralizar los numerosos cultos existentes en el periodo predinástico y en los primeros tiempos del dinástico.

Los dos sistemas teológicos más importantes fueron los de Heliópolis y Hermópolis. Estos sistemas dieron lugar a la Eneáda (grupo formado por 9 dioses), en Heliópolis, y la Ogdóada (8 dioses), en Hermópolis. Ambas teorías dan una misma explicación del origen del mundo, pero presentada bajo diferentes aspectos: un aspecto físico en el sistema heliopolitano y otro espirutualista en el hermopolitano. En las tesis de Hermópolis, el caos está formado por una materia líquida en la que se encuentra el germen de la vida. Del agua surge la colina primordial y empiezan a separarse los diferentes elementos. Sobre la colina surge el huevo del que después nacerá el Sol.

En ambos de los casos anteriores, es Ra, el dios solar, el protagonista y responsable de la creación. En la mitología menfita, que reúne datos de los dos sistemas anteriores, el dios creador es Ptah, del que surgen otros 8 dioses, creados de la palabra, que realmente son hipóstasis de él (Atum es su pensamiento, Horus su corazón y Thot su lengua).

Ptah tuvo gran importancia durante los primeros tiempos de Egipto, cuando la capital del reino se instauró en Menfis. Del mismo modo, cuando Tebas se convirtió en capital, el dios Amón fué elevado a rango de Creador, asimilado plenamente con Ra como Amón-Ra. Junto con los 8 dioses de Heliópolis formaba una Eneáda, pero también la formaba con los 8 de Hermópolis.

La unificación se llevó a cabo por el sincretismo. En las primeras dinastías se había identificado a Ptah con los grandes dioses, pero con la llegada de la V dinastía se impuso el modelo heliopolitano. Los dioses locales no pudieron sobrevivir de otra forma que mediante la asimilación con Ra, Amón-Ra en Tebas, Montu-Ra en Hermontis, Sobek-Ra en el Fayum o Jnum-Ra en Elefantina.

Cosmogonía Heliopolitana

La visión heliopolitana de la creación es la más importante de todas y la más aceptada en Egipto. En esta versión, que podemos encontrar en el “Libro del Conocimiento de las Creaciones de Ra y de la Destrucción de Apep“, es el propio Ra quien explica la Creación en “primera persona”:

“Para ser pronunciado: Así habló el Señor de Todas las cosas, después de que hubiese venido a la existencia: ‘Fui yo quien vino a la existencia como Jepri. Cuando vine a la existencia, ‘el Ser’ vino a la existencia y todos los seres vinieron a la existencia después de que yo viniera a la existencia; numerosos fueron los seres que surgieron de mi boca antes de que el cielo hubiera venido a la existencia, antes de que la Tierra hubiera venido a la existencia, antes de que la tierra y los reptiles hubiesen sido creados en este lugar. Yo creé [algunos de ellos] en Nun como Los Inertes cuando aún no podía encontrar un lugar en el que permanecer. Encontré favor (¿) en mi corazón, examiné con mi vista, y, estando solo, hice todas las formas antes de que hubiera escupido a Shu, antes de expectorar a Tefnut, antes de que viniera a la existencia cualquier otro que pudiera actuar conmigo.

Yo concebí con mi propio corazón y allí vinieron a la existencia multitud de formas de criaturas vivas, a saber, las formas de los hijos y las formas de sus hijos. Realmente yo me excite con mi mano, copulé con mi mano, escupí con mi propia boca; escupí a Shu, expectoré a Tefnut y mi padre Nun los educó, mi Ojo siguiéndoles desde los eones cuando estaban lejos de mí. Después de que yo hube venido a la existencia como único dios, hubo tres dioses además de mí. Yo vine a la existencia en esta tierra y Shu y Tefnut se alegraron en el Nun, en el que se encontraban. Fueron ellos quienes me devolvieron mi Ojo, después de que yo hube unido mis miembros; lloré sobre ellos, y así es como la Humanidad vino a la existencia, de las lágrimas que surgieron de mi Ojo, porque él estaba furioso conmigo cuando volvió y encontró que yo ya había colocado otro en su lugar, habiéndolo reemplazado con el [Ojo] Glorioso. Así, yo lo ascendí a mi frente, y cuando él ejerció gobierno sobre esta tierra entera, su ira se extinguió, porque yo había restituido lo que había sido tomado de él.

Yo surgí de las raíces, creé a todos los reptiles y todo lo que existe entre ellos. Shu y Tefnut engendraron a Geb y Nut, y Geb y Nut engendraron a Osiris, Horus [Mejentienirti], Seth, Isis y Neftis de su útero, uno tras otro, y ellos dieron origen a las multitudes que habitan esta tierra

Los textos referentes a la creación, según el mito heliopolitano, se encuentran fundamentalmente en “Los textos de las piramides” y el papiro 10188 B del Museo Británico, conocido como Papiro Bremner-Rhind.

Imagen extraida de The Legends of the Egyptian Gods, Hieroglyphic Texts and Translations, Sir Wallis E. A. Budge

El Papiro Bremner-Rhind

Según la cosmogonía heliopolitana en el principio del tiempo no había luz sino que reinaba una total oscuridad, la tiniebla absoluta. Tan sólo existían las aguas primigenias conocidas por los egipcios como el “océano primordial” Nun, el caos que contenía todos los elementos del cosmos.

Aun no existían ni el Cielo ni la Tierra, tanto los hombres como los dioses aún no habían nacido. No había vida ni muerte. El espíritu del mundo se hallaba disperso en el caos, hasta que tomando conciencia de sí mismo, Ra se llamó a la existencia.

Ra creó a una cantidad de seres en Nun por el simple acto de mencionarlos (surgidos de su boca), como Los Inertes. Luego Ra, de su saliva y su masturbación (como figuración en solitario del acto de la procreación), surgieron Shu, dios del aire y Tefnut, diosa de la humedad, quienes engendraron a Geb, dios de la Tierra y Nut, diosa de los cuerpos celestes. Shu separó a Geb y Nut, quien dió a luz cuatro hijos: Osiris, Isis, Seth y Neftis. Estos nueve dioses formaban la gran Eneáda de Heliópolis.

Después Ra hizo emerger un espacio seco donde pudiese descansar; a aquel espacio seco le llamo tierra, y a la Tierra que emergió le llamó Egipto. Y como surgió de las aguas, viviría gracias a éstas; así que hizo que las aguas estuviesen en la Tierra; así nació el río Nilo. Ra fue nombrando todas las cosas que existen sobre la tierra y estas se hicieron visibles y crecieron. Así creó la vegetación y los seres vivos a partir del Nun para llenar el vacío de la Tierra.

Ritual del Pesado del Corazón por parte de Anubis, Sortilegio 125 del Papiro de Ani Libro de los Muertos.

Entretanto, Shu y Tefnut tuvieron dos hijos, a los que llamaron Geb (La Tierra) y Nut (El Cielo). Geb y Nut se casaron; así, el cielo yacía sobre la tierra, copulando con ella. Shu, celoso, los maldijo y los separó, sosteniendo al cielo sobre su cabeza y sus hombros, y sujetando a la tierra con sus pies.

Cosmogonia egipcia

Nut (el Cielo), Geb (la Tierra) y Shu (separando a ambos)

Otras versiones dicen que al estar Geb y Nut juntos, el Cielo y la Tierra estaban unidos, sin dejar espacio para la creación de Ra, así que éste le pidió a Shu que separara a sus hijos sosteniendo a Nut sobre su cabeza y sus hombros. Desde aquel momento el viento yacía en medio del cielo y la tierra, pero aun así, Shu no pudo impedir que Nut tuviera hijas, las estrellas, dando así origen a la bóveda celeste.

Duat

Representación de la Duat, en la tumba del faraón Tuthmosis III

Ra envió a uno de sus ojos a buscar a Shu y Tefnut y cuando el ojo regresó, otro ojo ya había ocupado su lugar. El primer ojo comenzó a llorar, hasta que Ra lo colocó en su frente. De las lágrimas de aquel ojo que cayeron a la tierra, nacieron los primeros hombres y las primeras mujeres, que poblaron en la tierra de Egipto.

Ojo de Ra

Ojo de Ra

Todas las mañanas, Ra recorría el cielo en una barca que flotaba sobre Nun, transportando al Sol e iluminando la tierra durante el día. Cada noche, Nut se tragaba al sol y Ra debía realizar su viaje por la Duat, el equivalente del Infierno egipcio.

La serpiente Apep (o Apofis en griego), símbolo del caos universal, tenía el objetivo de acabar con la Maat (el orden cósmico), es decir de interrumpir la travesía nocturna de Ra. Si Ra lograba atravesar la Duat, el Sol volvía a surgir de Nut a la mañana siguiente, y Ra lo volvía a transportar por el cielo dando origen a un nuevo día.

El mito de Ra y la creación del Mundo

Apep

Apep simbolizaba las fuerzas maléficas que habitan la Duat y era la fuerza con la que había que luchar, sin embargo, nunca habría de ser aniquilada, sólo dañada o sometida, ya que de otro modo el ciclo solar no podría llevarse a cabo diariamente y el mundo perecería. Para los antiguos egipcios era necesario que existiese el concepto del mal para que el bien fuera posible.

Apofis

Apep

Por el contrario, Mehen “la que se enrosca”, fue una de las deidades con aspecto de serpiente que a pesar de su aspecto aterrador, se le consideraba un espíritu benévolo y protector de la sagrada barca solar de Ra, en su diario recorrido nocturno por la Duat, el Inframundo. En muchas representaciones, las curvas de su cuerpo envuelven la barca de Ra, como un escudo protector contra las fuerzas del mal.

Barca de Ra

Barca de Ra

Ra “Gran Dios” anónimo de la mitología egipcia, demiurgo, dios del cielo, dios del sol y del origen de la vida. Ra era el símbolo de la luz solar, dador de vida, así como responsable del ciclo de la muerte y la resurrección.

Ra con cabeza de Halcon, Ra-Horajti, forma que adoptaba durante el día

Nun es el «océano primordial», el principio común en todas las cosmogonías, la primera sustancia abstracta, el elemento caótico que contiene el potencial de la vida, simbolizado como caóticas aguas primordiales que ocupaban todo el universo.

Duat

Duat

En el principio, antes de la creación, sólo hay Nun (que «no existe»), es un océano inerte, sin límites, rodeado de absoluta oscuridad, que no es la noche, pues aún no se había creado esta. Los sacerdotes egipcios, para describir este estado, enumeraban lo que no existía.

Nun, con Khepera (Ra al amanecer) en el centro de la barca

Del Nun surge espontáneamente la vida como demiurgo que sólo piensa. A continuación el demiurgo comienza a hablar, y se disocia del Nun que se convierte en el «océano primordial». Aún no existe y por ende no ve lo que ocurre. Entonces el Demiurgo comenta al Nun lo que sucede; el relato del Demiurgo provocando la respuesta y el despertar del Nun, es el origen de la palabra, y del diálogo. En ese momento el Demiurgo se mueve y es el principio de la Creación. Pues el Demiurgo y el Nun no forman parte realmente de la Creación.

Dios Ra sobre su barca, surcando el cielo. Tumba de Senedyem. Deir el-Medina. Tebas Oeste.

Ra sobre su barca, surcando el cielo. Tumba de Senedyem. Deir el-Medina. Tebas Oeste.

Ra como faraón de Egipto

Como Ra podía asumir la forma que quisiera, luego de creado todo, tomó la forma de un hombre y se convirtió en el primer faraón de Egipto. Durante miles de años Ra gobernó en Egipto con prosperidad y alegría. Sus súbditos le eran fieles y se hacía cuanto él ordenaba.

Pero el paso de los años no era en vano para él, y siendo humano, poco a poco fue envejeciendo. Aquella lealtad de cientos de años atrás fue perdiéndose ante su aspecto cada vez más débil, y los actos de desobediencia eran cada vez más frecuentes entre los humanos.

Por esta razón decidió castigarlos a través de su hija Sekhmet. La diosa Sekhmet liberó su furia sobre quienes habían desairado a su padre y sembró el terror allá donde fue. Pero tal era su violencia y crueldad que Ra tuvo que intervenir, y apiadándose de los humanos, transformó a Sekhmet en Hathor, la diosa de la dulzura y el amor.

Llegaba ya el momento en que Ra debía retirarse para dejarle el trono de Egipto a uno de los otros dioses, cuando Isis, conocedora de su senilidad, elaboró un plan. De una gota de baba de Ra, que obtuvo ocultamente, concibió una serpiente, la cual mordió a Ra y lo envenenó. El dolor se apoderó de su cuerpo, y urgiendo su salvación, convocó a Isis, su sanadora, para que le curara. Isis se acercó con dulzura y le dijo al oído:

Isis: -Si me dices tu nombre secreto, podré hacer uso de mis poderes mágicos y podré sanarte.

Ra: -Yo soy el que hizo el cielo y la tierra. El que creó las aguas, los vientos, la luz, la oscuridad. Soy el creador del gran río Nilo. Yo soy Khepera por la mañana, Ra al mediodía y Tum al atardecer.

Isis: – Tú sabes bien, padre todopoderoso, que esos nombres son conocidos por todos. Lo que yo necesito para curarte es tu nombre secreto.

Ra (tomándola de la mano y susurrándole al oído): -Antes que mi nombre pase de mi corazón al tuyo, júrame que no se lo dirás a nadie salvo al hijo que tendrás al que llamarás Horus. Y Horus deberá jurar que el nombre permanecerá en él por siempre. No se lo debe comunicar ni a otros dioses ni a otros hombres.

Isis hizo su juramento y el conocimiento del nombre secreto pasó del corazón de Ra al corazón de Isis. Entonces, Isis haciendo uso de todos su poderes mágicos hizo desaparecer el veneno de la serpiente del cuerpo de Ra, quien recuperó su salud y finalmente dejó de reinar sobre Egipto.

En una segunda versión del mito de la Creación, muy similar a la primera, que también se encuentra en el papiro Bremner-Rhind, encontramos el nombre de Ra:

… Yo uní mi propia mano, estando solo, antes de que ellos hubieran nacido, antes de que yo hubiera escupido a Shu o expectorado a Tefnut. Yo usé mi propia boca y ‘Magia’ (HkAw) fue mi nombre. Fui yo quien vino a la existencia en (mi) forma, habiendo venido a la existencia en la forma de Jepri.

Cosmogonía Hermopolitana

Según la cosmogonía hermopolitana, la Ogdóada es el conjunto de ocho deidades primordiales, también llamadas “las almas de Thot“, que constituían una entidad indisoluble y actuaban juntas, según la mitología egipcia.

La Ogdóada consta de cuatro parejas de dioses (encarnando cuatro conceptos en sus aspectos masculino-femenino), que juntos, personifican la esencia del caos líquido primigenio existente antes de la creación del Mundo.

Ogdóada

La primera pareja la forman Nun y Naunet, “las aguas primordiales”, “el océano primordial” o “el caos”; la segunda, Heh y Heket, “el espacio infinito” o “lo ilimitado” (simbolizada por el agua que se estanca y busca su camino); la tercera, Kuk y Kauket, “las tinieblas” o “la oscuridad” y la cuarta, Nia y Niat, “la vida”, “la indeterminación espacial” o “la que se separa”, a veces sustituidos por Tenemu y Tenemet, “lo oculto” o, más tarde, por Amón y Amonet, “el principio de lo misterioso” o “el oculto”.

Juntos, los cuatro conceptos representan el estado primordial, lo que no se ve ni se toca, la antítesis de la vida, pero por su concepción de parejas de ambos sexos, representan al tiempo lo que puede ser, el estado fundamental del comienzo.

En el mito, la interacción de estos cuatro pares de elementos masculinos/femeninos resultó tan desequilibrada, que produjo un cataclismo que dio como resultado el surgimiento de un montículo primigenio, en cuyo interior había un huevo cósmico. El montículo se convirtió en una “isla de fuego”, por lo que el huevo se fue incubando, hasta que de su interior surgió el dios Ra.

En algunas versiones es Thot, dios de la sabiduría y protector de Hermópolis quien genera el montículo primigenio. Thot era el dios principal de Hermópolis y aunque no aparece como demiurgo, forma parte de la tesis por su asociación local.

Thot

Los textos referentes a la creación según el mito hermopolitano se encuentran fundamentalmente en “Los textos de las pirámides” y el Papiro Harris.

Papiro Harris

Las omnipresencias masculinas de la Ogdóada son representadas como ranas, o personajes con cabeza de rana, mientras que las diosas son simbolizadas con forma de serpiente, o como mujeres con cabeza de sierpe.

Cosmogonía Menfita: El “Tiempo Primero”

Según la cosmogonía menfita, existió cierto tiempo llamado Zep-Tepi “Tiempo Primero” en el que los egipcios estuvieron gobernados directamente por los dioses.

De acuerdo a los registros, Ptah fue el primero de estos dioses-gobernantes y según mito, creó el mundo con el corazón y la palabra. Ptah, el dios principal en la cosmogonía menfita, era considerado el “Dios del Cielo y de la Tierra”, el dios creador.

Se lo tenía como maestro constructor, inventor de la albañilería, patrón de los arquitectos y artesanos. Tuvo los títulos de “Señor de la magia”, “Señor de la Oscuridad”, “Señor de la Verdad” y “Señor de las serpientes y de los peces”.

Al principio de los tiempos, cuando los dioses descendieron sobre la Tierra, la encontraron cubierta por el fango y el agua, y el dios Ptah fue el encargado de realizar las obras hidráulicas y de canalización, que lograron ganar terreno a las aguas.

Esta descripción de Ptah como “ingeniero agrónomo” es prácticamente idéntica a la de Enki/Nudimmud (uno de sus epítetos más usados, algo así como “hacedor”), uno de los dioses principales en la mitología sumeria, el dios de la sabiduría, señor de la construcción, las artes, el diseño y la creación. En el mito llamado «Enki y la Ordenación de la Tierra», él mismo relata:

«Cuando llegué a la Tierra, estaba todo inundado.
Cuando llegué a sus verdes praderas,
montones y montículos se levantaron bajo mis órdenes.
Construí mi casa en un lugar puro… Mi casa-
su sombra se extiende sobre el Pantano de la Serpiente…
las carpas agitan sus colas en él
entre los pequeños juncos gizi-»

Según surge de El Poema de Atrahasis, los Igigi (dioses de “carga”) se ocuparon de dicha labor:

[Y estos dioses] (tuvieron) que excavar [los cursos de agua]
[Y abrir los canales] que vivifican la tierra
[Así, ellos abrieron] el curso del Tigris,
[Y des]pués, [el del Éufrates].

Ptah, “Dios del Cielo y de la Tierra”, estableció las regiones (nomos), edificó las ciudades, asignó a cada dios su lugar de culto, edificó sus templos y determinó las ofrendas que debían recibir. Ptah ubicó su residencia en la Isla Elefantina, cerca de la actual Asuán, y desde allí controló las crecidas del Río Nilo, asentando las bases para la civilización.

Ptah con un casquete, collar menat, cetro uas con el pilar Dyed y el Anj. Es de resaltar el extremo parecido de la estatuilla del Oscar con esta de Ptah.

Ptah con un casquete, collar menat, cetro uas con el pilar Dyed y el Anj. Resulta llamativo su parecido de la estatuilla del Oscar…

Ptah cedió el gobierno de Egipto a su hijo Ra, que al igual que su padre llegó a la Tierra en una barca celestial. Después de Ra, el dios solar creador de la vida, vino su hijo Shu, el aire, que separó el cielo (Nut) de la tierra (Geb), interponiéndose entre ambos. A Shu le sucede Geb, y después el hijo de éste, Osiris, que es asesinado por su hermano Seth. Luego aparece Horus, el hijo póstumo de Osiris, que luchó contra Seth por el trono de Egipto.

En ese tiempo primero, según el mito fue Osiris quien enseñó a su pueblo a cultivar los campos, aprovechando las inundaciones anuales del Nilo, y cómo segar y recoger la cosecha para alimentarse. También les enseñó como sembrar vides y obtener vino (de ahí la asociación griega con Dionisio) y la forma de fabricar cerveza a partir del cultivo de cebada. Además les dio leyes con las que regirse en paz, la música y les instruyó en el respeto a los dioses.

Barca con dioses encabezados por Isis

Barca con dioses encabezados por Isis

Seguidamente aparecen los nombres de otros tres dioses: Thot, Maat y un Horus cuyo segundo nombre se ha perdido. Maat es la diosa del orden, la justicia, y la verdad, y al mismo tiempo un concepto abstracto de difícil definición en la actualidad.

Después aparecen otros nueve gobernantes, semi-dioses, que son los que se encargan de la transición entre un gobierno de dioses a otro de humanos. Después vienen los Shemsu Hor (Seguidores de Horus), los cuales se representan con cuerpos celestes y con forma de discos alados.

Luego aparece la Primera Dinastía de gobernantes puramente humanos, encabezados por el faraón Narmer o Menes (circa 3.150 AEC), primer rey de la I Dinastía, el primer Rey del Alto y Bajo Egipto, esto es, del Egipto unificado. Su nombre aparece dos veces, uno con un determinativo para “humano” y el otro para “divino”. Menes es el primer gobernante reconocido oficialmente por la egiptología, pues el resto de lo anteriormente expuesto pertenece al mundo de la mitología.

Estos registros pertenecen al Canon Real o Papiro Real de Turín, que es una lista de los faraones de antaño que reinaron Egipto. Esta lista no es conmemorativa de ningún faraón, sino que contiene los nombres reales de todos los gobernantes, incluyendo los faraones menores y los usurpadores.

Papiro Real de Turín

Papiro Real de Turín

La cronología

La cronología de reinados es la que sigue: Ptah 9.000 años; Ra 1.000 años, Shu 700 años, Geb 500 años, Osiris 450 años, Seth 350 años y Horus 300 años. Por tanto, esta Primera Dinastía de Dioses-Reyes rigió durante 12.300 años. La segunda dinastía, con el Dios Thot a la cabeza, alcanzó una duración de 13.870 años.

Posteriormente a estos dos periodos, el poder fue cedido a gobernantes semi-divinos (mitad hombre, mitad dioses) durante 3.650 años, en los que se sucedieron, uno tras otro, treinta reyes, por lo que la duración total del gobierno de dioses y semidioses, se extendió por 29.820 años, el cual fue seguido de un periodo de caos y anarquía de 350 años más.

Sobre este período “mitológico” de 30.170 años, los sacerdotes comentaron a Heródoto que fue “…cuando nuestro pueblo fue traído…la pirámides ya existían”…

Complejo de pirámides de Giza

Complejo de pirámides de Giza

El relato de reyes extremadamente longevos encuentra su analogía en la tradición sumeria, la cual enumera en su Lista Real Sumeria. La lista de los 10 reyes que gobernaron antes del diluvio, es: Alulim de Eridug: 8 sars (28800 años), Alalgar de Eridu: 10 sars (36000 años), En-men-lu-ana de Bad-Tibira: 12 sars (43.200 años), En-Men-Gal-Ana de Bad-Tibira: 8 sars (28.800 años), Dumuzi de Bad-Tibira, el pastor: 10 sars (36.000 años), En-Sipad-Zid-Ana de Larak: 8 sars (28.800 años), En-men-dur-ana de Zimbir (Sippar): 5 sars y 5 ners (21.000 años),Ubara-Tutukin (Ubartutu) de Shuruppak: 5 sars y 1 ner (18.600 años), SuKurLam (28.800 años), y Zin-Suddu o Ziusudra (desde 36.000 hasta el diluvio).

También podemos encontrar un paralelismo en los pasajes de la Torá, en los que se mencionan las generaciones entre Adán y Noé, detallando las edades de los hombres prediluvianos. El texto bíblico menciona expresamente las 10 primeras generaciones, con sus respectivos años de vida: Adan (930 años), Set (912 años), Enósh (905 años), Keinán (910 años), Mahalalél (895 años), Iéred (962 años), Janój (365 años), Metushélaj (969 años), Lémej (777 años), y Nóaj (950 años).

La noción de semidioses (hijos del cruce de dioses y humanos) ciertamente nos recuerda al relato de la Torá en el que los Nefilim, los ángeles caídos, toman a mujeres humanas por esposas engendrando a seres híbridos quienes se los llama precisamente varones de renombre (acaso príncipes y soberanos).

Gén.6.1. a 6.4: …Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se unieran los hijos de Dios con las hijas de los hombres y les engendraran hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre.

Otros registros

También podemos encontrar una lista de reyes protodinásticos en la llamada “Piedra de Palermo”, que en su franja superior se encuentran los nombres de varios gobernantes predinásticos del Bajo Egipto: «…pu», Seka, Jaau, Tiu, Tyesh, Neheb, Uadynar, Mejet, y «…a».

Hace 2.500 años, Heródoto escribía en su “Libro II de la Historia” que, en su visita a Egipto, los sacerdotes de Tebas le habían mostrado personalmente 341 estatuas, cada una de las cuales correspondía a una generación de sumos sacerdotes, desde 11.340 años atrás en el tiempo. Le dijeron que las figuras representaban a hombres, pero que antes de esos hombres, en Egipto reinaron los dioses, que habían convivido con los seres humanos. De todo ello guardaban datos muy precisos, ya que siempre, desde el principio de los tiempos, ésa había sido su misión.

Otro historiador griego, Diodoro, que visitó Egipto en el Siglo I, también habló y aprendió de los sacerdotes egipcios sobre su historia y tradición. Al igual que Heródoto pudo escuchar de boca de los sacerdotes que los primeros monarcas del país del Nilo habían sido dioses y semidioses que habían reinado hacía 23.000 años, en un tiempo en el que todavía no reinaban los seres humanos (los humanos reinaban en el Valle del Nilo desde hacía poco menos de 5.000 años).

Uno de los primeros cronistas de la Iglesia Cristiana, Eusebio, logró recoger numerosas crónicas que hacían el mismo tipo de referencias que Heródoto y Diodoro. Pero tal vez ninguno como Manetón, sumo sacerdote y escribano egipcio, supiese acaparar en sus textos la increíble historia de Egipto.

Manetón fue contemporáneo del General de Alejandro Magno Ptolomeo, fundador de la Dinastía Ptolomeica (304-282 AEC). Vivió en la Ciudad de Sebennitos y fue Gran Sacerdote en el Templo de Heliópolis, donde escribió los Tres Volúmenes de su Historia de Egipto, cuyos originales han desaparecido, y que conocemos en gran medida gracias al historiador griego Julio Africano, que recopiló numerosos fragmentos de su obra.

Manetón o Manetho (verdad de Thot), relataba en esta obra que los dioses reinaron sobre Egipto durante 13.900 años, y los semidioses que les continuaron otros 11.000 años más. Gracias a su clase sacerdotal, pudo acceder a numerosa información restringida que había sido recogida durante cientos y cientos de años.

Según sus fuentes el primer Rey de Egipto fue Hefestos, quien inventó el fuego, le siguieron Cronos, Osiris, Tifón y Horus. Después, los Shemsu-Hor, los “seguidores de Horus”, de origen semidivino, gobernaron durante 1.255 años. Les continuaron otros reyes por un periodo de 1.817 años.

Otro periodo más de 1.790 años formado por treinta reyes que gobernaron en Menfis y 350 años más de otros diez soberanos que reinaron en Tanis. En total, sólo el reinado de los semidioses hasta la aparición de los reyes de la Epoca Dinástica Temprana, alcanzó 5.813 años.

Obviamente, todos estos registros significan una auténtica transgresión a la historia y a la cronología establecida por la moderna egiptología, por lo que se los ha tomado como relatos mitológicos, narraciones ficticias resultado del imaginario de la civilización egipcia.

Fuentes y Bibliografía principales:

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3 Respuestas a “Cosmogonía egipcia

  1. Me he permitido la libertad de rebloguear este post en mi cuenta de Word press. Gracias por publicar una información tan valiosa.

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