La historia que ya era historia hace mucho tiempo. Por David A.S. Desde 2013
El Diluvio Universal
Uno de los capítulos bíblicos más reconocibles es el del Diluvio Universal. En este pasaje, Dios decide destruir a toda la humanidad salvo a Noé y a su familia, y le indica construir una embarcación para que se salven de una inundación letal, llevando a bordo a una pareja de animales de cada especie. Sorprendentemente, este suceso no solo aparece en el Génesis, sino también en una gran cantidad de tradiciones de pueblos antiguos, muchos de los cuales lo registraron siglos antes.
Se registran más de doscientas narraciones sobre grandes inundaciones en las tradiciones mitológicas y religiosas de todo el mundo. Desde la antigua Mesopotamia y Grecia hasta las culturas de Asia, África, Oceanía y América, estos relatos presentan al agua como un elemento central de destrucción por castigo divino, transformación de la naturaleza o renovación cósmica.
Aunque sus detalles varían considerablemente y no todos contienen los mismos elementos, muchos comparten motivos presentes en el relato bíblico del Diluvio: una catástrofe acuática, la supervivencia de un grupo reducido,la intervención de divinidades, un aviso anticipatorio, algún tipo de refugio o medio de supervivencia, la conservación de animales, semillas o seres humanos, el retroceso de las aguas y el comienzo de una nueva etapa para la humanidad.
La repetición de esta combinación de motivos en tradiciones geográficamente distantes, cada una de las cuales incorporó matices y acentos locales, no constituye una prueba definitiva de un acontecimiento mundial. Sin embargo, sí plantea dificultades para explicar el conjunto exclusivamente como una serie de coincidencias independientes y proporciona fundamento para considerar hipótesis como la transmisión cultural, la herencia de tradiciones anteriores o la conservación y transformación de recuerdos de grandes inundaciones regionales.
El Diluvio Bíblico: Noé
El libro del Génesis describe que la humanidad recibió el libre albedrío, pero corrompió la Tierra con violencia y pecado. El Diluvio fue por tanto el medio que Dios utilizó para erradicar el mal y la corrupción, es decir que fue un juicio divino contra la maldad humana. El texto describe en el mismo contexto a una raza de gigantes que procrearon con las hijas de los hombres:
Gén. 6:4-7, 11-12. Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre. Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho.…Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.
Por otro lado, el Libro de Enoc, un texto pseudoepigráfico del siglo III AEC (excluido del canon de la mayoría de las Biblias actuales salvo en la Iglesia Ortodoxa Copta), hace otra aproximación al tema de los gigantes y la maldad humana. Su argumento describe que unos ángeles rebeldes (los Vigilantes) rompieron los límites divinos, violaron a las mujeres de la Tierra, engendraron gigantes devoradores (Nephilim) y enseñaron artes oscuras a los hombres, corrompiendo la creación.
1 Enoc 7:1-2, 4-5, 7-8. Todos los demás [ángeles] con ellos tomaron para sí mujeres… y empezaron a entrar en ellas y a contaminarse con ellas, y a enseñarles la brujería, los encantamientos… Y ellas concibieron y parieron grandes gigantes… Cuando los hombres ya no pudieron mantenerlos, los gigantes se volvieron contra ellos y devoraron a la humanidad.…Y sana la tierra que los ángeles han corrompido, y anuncia la sanación de la tierra… para que no perezcan todos los hijos de los hombres por causa de todos los secretos que los Vigilantes han revelado y enseñado a sus hijos. Toda la tierra ha sido corrompida por las obras de la enseñanza de Azazel; a él impútale todo pecado.
El Génesis continúa narrando que Dios encontró en Noé un hombre justo y sabio por lo que decidió salvarlo y que sea su semilla la que repueble la Tierra. Con este propósito, Dios le instruye a Noé para que construya un Arca y la aborde con su familia y con parejas de animales y le brinda instrucciones precisas para su construcción:
Gén. 6:8, 13, 18-19, 14-15. Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová. ...Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra. ...Mas estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca tú, tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo.Y de todo lo que vive, de toda carne, dos de cada especie meterás en el arca, para que tengan vida contigo; macho y hembra serán.…Hazte un arca de madera de gofer; harás aposentos en el arca, y la calafatearás con brea por dentro y por fuera. Y de esta manera la harás: de trescientos codos la longitud del arca, de cincuenta codos su anchura, y de treinta codos su altura.
Al séptimo día el Arca estuvo lista, y aconteció el Diluvio que duró 40 días, y que lo destruyó todo:
Gén. 7:10-11, 17, 21. Y sucedió que al séptimo día las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra. El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas. …Y fue el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y las aguas crecieron, y alzaron el arca, y se elevó sobre la tierra.…Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre.
Luego de que el Diluvio hubo cesado y que el Arca se hubiera asentado, Noé envió aves para comprobar que la Tierra estuviera nuevamente habitable:
Gén. 8:2, 4-12. Y se cerraron las fuentes del abismo y las cataratas de los cielos; y la lluvia de los cielos fue detenida.…Y reposó el arca en el mes séptimo, a los diecisiete días del mes, sobre los montes de Ararat. Y las aguas fueron decreciendo hasta el mes décimo; en el décimo, al primero del mes, se descubrieron las cimas de los montes. …Sucedió que al cabo de cuarenta días abrió Noé la ventana del arca que había hecho, y envió un cuervo, el cual salió, y estuvo yendo y volviendo hasta que las aguas se secaron sobre la tierra. Envió también de sí una paloma, para ver si las aguas se habían retirado de sobre la faz de la tierra. Y no halló la paloma donde sentar la planta de su pie, y volvió a él al arca, porque las aguas estaban aún sobre la faz de toda la tierra. Entonces él extendió su mano, y tomándola, la hizo entrar consigo en el arca. Esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma fuera del arca. Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde; y he aquí que traía una hoja de olivo en el pico; y entendió Noé que las aguas se habían retirado de sobre la tierra. Y esperó aún otros siete días, y envió la paloma, la cual no volvió ya más a él.
Cuando las aguas finalmente bajaron, Noé salió del Arca junto con su familia y todos los animales y edificó un altar para Jehová donde ofreció un sacrificio de animales. Ante este acto Dios prometió no volver a destruir nunca más a todos los seres vivientes de la Tierra, y bendijo a Noé y a sus hijos:
Gén. 8:18-21, 9:1. Entonces salió Noé, y sus hijos, su mujer, y las mujeres de sus hijos con él. Todos los animales, y todo reptil y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra según sus especies, salieron del arca.…Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar. Y percibió Jehová olor grato; y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo ser viviente, como he hecho. …Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra.
El Diluvio Babilónico: Utnapishtim
La Epopeya de Gilgamesh es un gran poema épico que narra las aventuras del rey de Uruk, un monarca semilegendario que probablemente gobernó hacia el siglo XXVII AEC. Aunque la obra unificada se compuso mucho después de su reinado, recoge y refina las leyendas individuales que circulaban sobre él en la tradición oral mesopotámica.
Gilgamesh
Aunque los relatos primigenios eran de origen sumerio, la versión integrada más completa que se conserva se descubrió en la biblioteca del rey asirio Asurbanipal en Nínive (c. 668-627 AEC), escrita en idioma acadio.
Es precisamente en la célebre Tablilla XI —actualmente en el Museo Británico— donde se relata la historia de una gran inundación, con pasajes que resultan asombrosamente idénticos a los del diluvio bíblico. A pesar de estar fraccionada e incompleta, su texto sigue siendo legible. Cabe destacar que este mito no formaba parte de las versiones sumerias originales; la narración del diluvio se integró de forma tardía en la versión babilónica estándar, copiando casi palabra por palabra el Poema de Atrahasis (el «Noé» de la mitología acadia), pero rebautizando al héroe superviviente como Utnapishtim.
Epopeya de Gilgamesh – Tablilla del Diluvio
El “Noe” de esta versión se llama Utnapishtim. En acadio, el nombre es Uta-napištam. Uta proviene del verbo watû o atû, que significa «encontrar», y napištam significa «vida» o «aliento». Por lo tanto, la traducción del nombre, aceptada por los asiriólogos, es: «Aquel que ha encontrado la vida» (haciendo alusión a la inmortalidad que los dioses le concedieron).
La tablilla del Diluvio cuenta que hubo una época en que los dioses vivían junto a los humanos en la ciudad de Shuruppak. Pero un día estos decidieron acabar con la raza humana mediante una gran inundación, dado que estos no paraban de molestar a los dioses con su actividad:
Utnapishtim dijo a él, a Gilgamesh: “Te revelaré, Gilgamesh, una materia oculta y un secreto de los dioses te diré: Suruppak era antigua como lo eran los dioses de su interior, cuando sus corazones impulsaron a los grandes dioses a suscitar el diluvio. Estaban Anu, su padre, el valiente Enlil, su consejero, Ninurta, su asistente, Ennuge, su irrigador. Ninigiku-Ea también estaba presente con ellos”.
Enki, una de las principales deidades y creador de la raza humana en las leyendas sumerias, contrariado con la determinación de los demás dioses decide alertar a Utnapishtim de la inminente inundación. Hablándole a través de las paredes de la choza de Utnapishtim, le da la orden a éste de construir una nave y subir a esta a todas las especies vivientes.
”¡Choza de cañas, escucha! Hombre de Suruppak, hijo de Ubar-Tutu, ¡Demuele esta casa, construye una nave! Renuncia a las posesiones, bucea la vida. ¡Desiste de bienes mundanales y mantén el alma viva!” … “A bordo de la nave lleva la simiente de todas las cosas vivas.”
Y luego Enki se asegura de darle las medidas exactas de la embarcación:
“El barco que construirás, Sus dimensiones habrá que medir. Igual será su amplitud y su longitud. Como el Apsu lo techarás”.
En el proceso de la construcción, Utnapishtim describe:
Los pequeños llevaban brea, al paso que los grandes transportaban el resto de lo necesario… Seis medidas “sar” de betún eché en el horno, (Gen 6,14) tres “sar” de asfalto también eché en el interior, tres “sar” de aceite los portadores de cestas transportaron, aparte de un “sar” de aceite que la calafateadura consumió, y los dos “sar” de aceite que el barquero estibó.
Y luego detalla con precisión ciertas medidas de la nave, como en la versión bíblica:
Un acre (entero) era el espacio de su suelo, Diez docenas de codos la altura de cada pared, Diez docenas de codos cada borde del cuadrado del puente. Preparé los contornos y lo ensamblé. Lo proveí de seis puentes, Dividiéndolo así en siete partes. El plano de su piso dividí en nueve partes.
El plazo de construcción fue igual que en el caso del Arca:
“Al séptimo día el barco estuvo completo.”
Como Noé, Utnapishtim subió a su familia, animales:
“Cuantos seres vivos tenía cargué en él. Toda mi familia y parentela hice subir al barco. Las bestias de los campos, las salvajes criaturas de los campos, Todos los artesanos hice subir a bordo”.
Luego la tierra fue asolada por una tempestad que duró seis días y seis noches:
Durante un día la tormenta del sur sopló, acumulando velocidad a medida que bufaba sumergiendo los montes, atrapando a la gente como una batalla. Nadie ve a su prójimo, no puede reconocerse la gente desde el cielo. Los dioses se aterraron del diluvio, y, retrocediendo, ascendieron al cielo de Anu. Seis días y seis noches sopla el viento del diluvio, mientras la tormenta del sur barre la tierra.
Y al séptimo la tormenta cesó:
Al llegar al séptimo día,la tormenta del sur transportadora del diluvio amainó en la batalla, que había reñido como un ejército, el mar se aquietó, la tempestad se apaciguó, el diluvio cesó.
El Diluvio había exterminado toda la humanidad:
Contemplé el tiempo: la calma se había establecido, y toda la humanidad había vuelto a la arcilla. El paisaje era llano como un tejado chato.
Utnapishtim, tal como lo hizo Noé, se asomó para observar el panorama:
Abrí una escotilla y la luz hirió mi rostro. Inclinándome muy bajo, me senté y lloré, deslizándose las lágrimas por mi cara.
Y cuando el barco se asentó sobre el Monte Nisir, Utnapishtim pudo vislumbrar los picos cercanos:
Miré en busca de la línea litoral en la extensión del mar: En cada catorce regiones emergía una comarca montañosa. En el Monte Nisir el barco se detuvo. El Monte Nisir mantuvo sujeta la nave, impidiéndole el movimiento durante seis días.
Luego, Utnapishtim envía a sus emisarios – una paloma, una golondrina y un cuervo – para ver si la Tierra estaba nuevamente habitable:
Al llegar el séptimo día, envié y solté una paloma. La paloma se fue, pero regresó; puesto que no había descansadero visible, volvió.Entonces envié y solté una golondrina. La golondrina se fue, pero regresó; puesto que no había descansadero visible, volvió.Después envié y solté un cuervo. El cuervo se fue y, viendo que las aguas habían disminuido, come, se cierne, grazna y no regresa.
Entonces Utnapishtim salió del arca e realizó un sacrificio a los dioses:
Entonces dejé salir todo a los cuatro vientos y ofrecí un sacrificio. Vertí una libación en la cima del monte.Los dioses olieron el sabor, los dioses olieron el dulce sabor, los dioses se apiñaron como moscas en torno al sacrificante.
Después de esto, la “gran diosa” se compromete a no volver a destruir nunca más a la humanidad:
Cuando, al fin, la gran diosa llegó, alzó las grandes joyas que Anu había labrado a su antojo: “Dioses, tan cierto como este lapislázuli está en mi cuello, no olvidaré, recordaré estos días, sin jamás olvidarlos
Luego de un altercado con Enki, Enlil – su hermano y quien había planificado el exterminio de la humanidad con el Diluvio – bendijo a Utnapishtim y su mujer, designándolos como semejantes a los dioses:
A esto Enlil subió a bordo del barco. Cogiéndome de la mano, me subió a bordo. Subió mi mujer a bordo e hizo que se arrodillara a mi lado. De pie entre nosotros, tocó nuestras frentes para bendecirnos: “Hasta ahora Utnapishtim fue tan sólo humano. En adelante Utnapishtim y su mujer serán como nosotros dioses.
El Diluvio Sumerio: Ziusudra
Otra de las versiones de la Epopeya de Gilgamesh es el ejemplar de la colección de Nippur del Museo de Pennsylvania. La misma contiene asimismo un relato del Diluvio, pero a diferencia del anterior este está escrito en sumerio. Esta tablilla, escrita de ambos lados y datada del siglo XVII AEC, evidenció que el capítulo del Diluvio del relato babilónico de Gilgamesh no era más que otro tanto de herencia sumeria.
Tablilla de Nippur con el relato del diluvio – Penn Museum
El interés del documento reside, no sólo en el hecho de que se trata de un documento único, no habiéndose descubierto hasta la fecha ningún otro texto sumerio que evocase el Diluvio, sino además en que contiene una introducción que revela en gran medida la Cosmogonía y la Cosmología sumerias, en cuanto a la creación del hombre y al origen de la realeza.
En esta versión sumeria del relato del Diluvio, el protagonista se llama Ziusudra, que se corresponde con el último rey de Sumer antes del diluvio, según consta en la Lista Real Sumeria. El texto tiene muchas lagunas pero se puede interpretar claramente el mensaje del relato, aún con los faltantes existentes.
Tablilla de Nippur con el relato del diluvio – Penn Museum
El texto de la tablilla se extiende largamente con un relato sobre el descenso de los dioses a la Tierra, la creación de la humanidad, los animales y la vegetación. Luego el poema dice que Ziusudra era un rey piadoso, temeroso de los dioses, siempre atento a las revelaciones transmitidas por los sueños y encantamientos.
Según parece, Ziusudra está situado ante una muralla cuando una voz de alguna deidad le anuncia que la asamblea de los dioses ha decidido provocar un diluvio y «destruir la semilla del género humano».
… El diluvio, así fue convenido; Entonces Nintu lloró; La divina Inanna entonó una lamentación para su pueblo; Enki tomó consejo de sí mismo.An, Enlil, Enki y Ninhursag… Los dioses del cielo y de la tierra pronunciaron los nombres de An y de Enlil.
… Ziusudra, de pie a su lado, escuchó.«Mantente cerca de la muralla, a mi izquierda…;Cerca de la muralla, yo te diré una palabra, escucha mi palabra;Presta oído a mis instrucciones:Por nuestro…, un Diluvio va a inundar los centros del culto; Para destruir la simiente del género humano… ; Tal es la decisión, el decreto de la asamblea de los dioses.Por orden de An y de Enlil…, Su realeza, su ley, le será puesto término.
Seguidamente, el poema debía de extenderse largamente sobre las instrucciones dadas a Ziusudra sobre cómo construir un navío gigantesco, el cual le permitiría salvar su vida, pero esta parte del texto está destruida. Lo que sí se ha conservado es la parte siguiente sobre cómo las aguas del Diluvio sumergieron a la Tierra, ininterrumpidamente, durante siete días y siete noches.
Todas las tempestades, de una violencia extraordinaria se desencadenaron al mismo tiempo. En un mismo instante, el Diluvio invadió los centros del culto. Cuando, durante siete días y siete noches,el Diluvio hubo barrido la tierra,Y el enorme navío hubo sido bamboleadopor las tempestades, sobre las aguas,Utu salió, el que dispensa la luzal cielo y a la tierra.Ziusudra abrió entonces una ventana de su navío enorme,y Utu, el Héroe, hizo penetrar sus rayosdentro del gigantesco navío.Ziusudra, el rey,Se prosternó entonces ante Utu; El rey le inmoló un buey y sacrificó un carnero.
Vuelve a haber un faltante en el texto, y lo que sigue es la deificación de Ziusudra a quien le dan la vida como la de un dios:
An y Enlil pronunciaron: «Soplo del cielo, soplo de la tierra»,por su… él se tendió,Y la vegetación, surgiendo de tierra, se elevó.Ziusudra, el rey,se prosternó ante An y Enlil.An y Enlil cuidaron de Ziusudra:Le dieron una vida como la de un dios. Un soplo eterno como el de un dios hicieron descender para él. Entonces, Ziusudra, el rey,Salvador del nombre de la vegetacióny de la simiente del género humano,En el país de paso, el país de Dilmun,allí donde sale el sol, ellos le instalaron.
La transcripción griega
El sacerdote e historiador babilonio Beroso —época helenística— realizó una traducción en griego de una versiónbabilónicadelrelatodelDiluvio la cual fue transmitida y conservada de forma fragmentaria por autores posteriores, entre ellos Alejandro Polihístor, Eusebio y Jorge Sincelo. La obra original de Beroso se ha perdido, por lo que el pasaje no nos llega directamente de su manuscrito. A continuación la reproducción de Alejandro Polyhístor (100 AEC – 40 AEC) sobre la obra de Beroso:
“A la muerte de Ardates, le sucedió su hijo Xisuthrus (Ziusudra) y reinó dieciocho saros. En su tiempo sucedió el Diluvio Universal, cuya historia se da de esta manera: A la deidad Kronus se le apareció una visión y le avisó que el décimo quinto día del mes Daesia habría una inundación que destruiría a la humanidad.
Le mandó poner por escrito una historia del principio, progreso y conclusión final de todas las cosas hasta el momento presente, y de guardar esas narraciones a buen seguro en la Ciudad del Sol, en Sippara;
De construir un barco y llevar consigo en él a sus amigos y parentela y de meter a bordo todo lo necesario para sustentar la vida, y llevar también toda clase de animales que volaran o que corretearan por el suelo, y que se confiara a la profundidad. Habiéndole preguntado a la deidad adonde tenía que ir, recibió esta contestación: A los Dioses“
La Lista de Reyes Sumeria
Asimismo, lossumeriosnos revelan en suLista de Reyes a todos los gobernantes que tuvieron en el país de Sumer, identificando cada dinastía y ciudad en la que asentaron cada sede. Al inicial su listado, nos dicen que:
“Después de que la realeza descendiera del cielo, la realeza estuvo en Eridug. En Eridug, Alulim se hizo rey y gobernó 28.800 años.”
Luego menciona la primera dinastía completa de reyes – siendo el último de ellos Zin-Suddu o Ziusudra – y cierra con la frase:
“Entonces, el Diluvio destruyó la Tierra”
Luego de citar a la primera dinastía, inicia el recuento de la segunda, aclarando:
“Después de que el diluvio hubiera terminado, y la realeza hubiera descendido del cielo, la realeza pasó a Kish”.
Enki sentado dentro de un portal de agua
El Diluvio Asirio: Atrahasis
También se ha encontrado una versión de la narración del Diluvio denominada la “Epopeya de Atrahasis”, por el nombre de su protagonista, que en acadio significa “Muy Sabio”.
El poema fue dado a conocer en 1956 por el asiriólogo danés J. Laessoe, quien rearmó los fragmentos encontrados entre los restos de la misma Biblioteca de Assurbanipal.
La copia más antigua encontrada hasta el momento es un manuscrito firmado y datado por un copista llamado Kasap-aya, en tiempos del reinado de Ammi-saduqa (el cuarto sucesor de Hammurabi), que reinó desde 1646 – 1626 AEC. La misma se encuentra en el Museo Británico.
Poema de Atrahasis
Se trata de un extenso poema que abarca desde el origen del mundo hasta la creación del hombre, comprendiendo la narración del Diluvio, entre otras. La historia empieza mucho antes que Atrahasis entre en escena, y antes de que el hombre fuera pensado y creado, en tiempos en que los dioses menores tenían que drenar los canales, cavar zanjas y hacer todo el trabajo pesado. Se conocen cuatro reediciones más de este poema, que no coinciden completamente en todos los detalles, reflejando cada una de ellas el espíritu de su autor y de su época.
Esta versión nos brinda la escena de la decisión de los dioses de destruir a la humanidad:
Enlil abrió entonces la boca, toma la palabraY se dirige a la asamblea de los dioses al completo:“¡Venid todos a prestar juramento con respecto al Diluvio!” En primer lugar se hizo jurar a Anu;Después juró Enlil y, con él, sus hijos.Y Enki, abriendo la boca, se dirige a los dioses, sus hermanos:“¿Por qué me queréis ligar con un juramento?¿Acaso puedo yo alzar la mano contra mis criaturas?Y ese Diluvio del que habláis,¿Qué es? ¡Yo lo ignoro! ¿Soy yo quién lo tiene que producir?¡No, ésa es tarea de Enlil! ¡Que se él, él, quien tome la decisión y dé las órdenes…Que Nergal arranque los soportes de las compuertas celestes; Que Ninurta vaya a hacer que se desborden las presas de aquí arriba!
Enki se dirige entonces a Atrahasis y le previene de lo que sucederá indicándole que construya un barco y dándole todas las instrucciones para hacerlo:
…Enki, habiendo abierto la boca, y se dirige a la pared de cañas:…“¡Pared, escúchame bien! ¡Empalizada, recuerda todo lo que te voy a decir!¡Derriba tu casa para construirte un barco! ¡Abandona tus bienes, para salvar tu vida!
“Explicaré […] se apoderará, de un golpe, de todos los hombres.Construye un gran barco […]Su estructura deberá ser de excelentes cañas: ¡Será un navío llamado “Salva vidas”! El barco que tienes que construir […] con los lados igualesTéchalo sólidamente ¡Téchalo, al igual que sucede con el Apsu,El sol no vea su interior! ¡Estará cerrado por todos los lados,Y su equipación deberá ser sólida y su calafateado grueso y resistente![…] llena de estopa, herméticamente, Después, yo haré que llueva.
Después espera el momento que yo te indicaré.Entonces, entra en el barco y tira de la escotilla,Después de haber cargado en él tu trigo, tus bienes, tus riquezas,A tu mujer, a tu familia, a tu parentela, a tus artesanos,A animales salvajes, grandes y pequeños:¡A todo aquello que se alimente de hierba, Y que yo te enviaré: ellos te esperarán ante tu casa!”
El Muy Sabio, habiendo entonces abierto la boca, toma la palabraY se dirige a Ea, su señor:“¡Pero yo nunca he construido un barco!Dibújame el plano en el suelo,Y, cuando lo haya visto, sabré construirlo!”Ea dibuja, entonces, el plano en la tierra: “Haré todo lo que me has ordenado, mi Señor!”
Según las indicaciones, Atrahasis sube todo de lo que dispone a bordo:
Todo el oro que tenía, toda la plata que tenía,A los animales los captura y los embarca.Pájaros emplumados del cielo, rebaños, bichos de la estepaA todos, él los embarca.
Y luego llega el Diluvio, aniquilando todo a su paso:
Después, el tiempo cambia de aspecto y Adad resonaba entre las nubes.Tan pronto como se escuchó el gruñido del dios,Se añadió betún para obturar la escotilla,Y, apenas se había cerrado ésta, Adad atronó entre las nubes,Mientras un viento furioso, con un primer golpe, Rompía las amarras y soltaba el barco.
¡La tempestad golpeaba la tierra,Interrumpiendo su rumor igual que se rompe un cacharro!¡Y, desencadenado el Diluvio, transcurre la maldiciónAl igual que la guerra sobre los hombres!¡Nadie veía ya a nadie: nada resultaba discernible en esta carnicería!El Diluvio mugía como un toro,E, igual que un águila que chilla, el viento aullaba.Las tinieblas eran profundas, el sol había desaparecido.Las personas morían como moscas.
Después de siete días y siete noches y de que bajen las aguas, Atrahasis sale del barco, baja todo el cargamento y sirve una comida sacrificial a los dioses:
El desperdiga a los cuatro vientos Toda la carga del barco.Después sirve una comida sacrificialPara satisfacer la alimentación de los dioses,¡Aspirando el buen olor, los dioses Se agruparon alrededor del banquete, como moscas!
Finalmente la diosa Nintu se compromete a recordar por siempre esa catástrofe:
Pero, una vez que lo habían consumido,Nintu se puso de pie Y, ante todos, se quejó:… ¡Actualmente, los rostros de los hombres Han desaparecido entre las tinieblas!”Después, acercando la mano al gran collar Que Anu le había dado ella dijo: “… Collar de lapislázuli en mi cuello, Para recordarme, siempre, estos días funestos!”
¡Cómo, a pesar del Diluvio decidido por nosotros,El Hombre ha sobrevivido a la carnicería! … ¡Este canto, Que, tras haberlo escuchado, los IgiguExaltan tu grandeza! ¡Oídme, entonces, cantar El Diluvio universal!
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El registro de Assurbanipal
Asimismo, encontramos otra mención al Diluvio en una declaración de Assurbanipal (último gran rey de Asiria, entre 668 AEC y 627 AEC), en la que se jacta de su ilustre Biblioteca:
Yo, Assurbanipal, rey de Asiria y rey de la totalidad («Sari kissati»)… yo me precio de esta Biblioteca, la más extensa que vieron los tiempos. Poseo los sofisticados conocimientos de Adapa, sabio entre los Siete Sabios: el antiguo y preciado secreto de todas las artes de la escritura…
He leído variadas composiciones literarias de alto valor artístico: las sumerias, de comprensión oscura y las acadias, de ardua lectura. Me place descifrar las inscripciones en intrincados signos cuneiformes sobre piedra, anteriores al Diluvio.
En mi palacio de Nínive escucho las voces de los Dioses y los Héroes que lucharon hace miles de años. Del gran Gilgamesh revivo las penas, su guerra contra los Dioses eternos, su viaje en vano al confín de la tierra buscando ser inmortal como ellos…
Yo reuní esta colección de tablillas que desde el barro me hablan calladas, y en ellas oigo las voces del Tiempo. Yo envié a mis más expertos escribas por los caminos de Asiria la fértil, entre el Éufrates y el Tigris, a visitar los palacios y templos de las distantes ciudades del reino, a Síppar y Úruk, Ur y Borsippa, para que recogieran las tablillas que grabaron en signos cuneiformes los escribas de épocas remotas en la antiquísima lengua de Súmer y también en nuestra acadia escritura… (Smith, Babylonian Historical Texts, 76.)
Versión Védica/Hindú del Diluvio: Manu
La tradición védica/hindútambién tiene su historia del Diluvio, con varias similitudes a la versión bíblica.
Una de las versiones hindúes de este episodio dice que Nirriti, dios de los genios funestos, había enviado al râkshasa (demonio) Hayagrîva para que robara los cuatro libros sagrados “Vedas”, aprovechando el sueño de Brahma. Así lo hizo el demonio, por lo que la gente de la Tierra, al encontrarse sin la ayuda de la palabra sagrada, olvidaron las buenas costumbres y se dieron al desenfreno.
Escandalizados los dioses, trataron de buscar una solución al problema presentándolo ante el divino Vishnú, quien les aconsejó que enviaran un diluvio sobre la Tierra, para purificarla. Cuando los dioses le objetaron que esa decisión extinguiría a todo el género humano, Vishnú dijo que él salvaría a aquél que haya conservado el dharma o ley cósmica moral. Finalmente, el único que había mantenido el dharma había sido el rey Satvavrata, el 7.º Manu. (cf. Ávila, 1999; y Schuhmacher y Woerner, 1993).
Vishnú – Avatar Matsya (pez)
En el Shatapatha Brahmana (1.8.1) —el texto védico más antiguo que registra esta leyenda—, el sabio Manu rescata a un pequeño pez que resulta ser una manifestación divina (asociada a Brahma en el periodo védico y posteriormente a Vishnu en el Matsya Purana). El pez advierte a Manu sobre una inundación inminente y le ordena construir una nave con las semillas de la vida. Durante el cataclismo, Manu ata el barco al cuerno del gigantesco pez utilizando una serpiente como maroma, hasta encallar en las cumbres del monte Himavat.
“Por la mañana, llevaron a Manu el agua para las abluciones, igual que la llevaban para lavarse las manos. Cuando se estaba lavando, un pez se deslizó entre sus manos y dijo: ‘Cuida de mí y yo te salvaré’. ‘¿De qué me salvarás?’ ‘Un diluvio se llevará a todas estas criaturas; yo te salvaré de ello.’ ‘¿Cómo debo cuidarte?’ ‘Mientras somos minúsculos’, dijo el pez, ‘nuestra destrucción es grande, pues el pez se traga al pez. Cuídame al principio en una olla, y cuando sea más grande que la zanja, entonces llévame al océano, pues entonces estaré más allá de la destrucción’.
El pez creció continuamente hasta convertirse en una jhaṣa, pues éste llegar a ser el más grande. Dijo: ‘En un cierto año, vendrá el diluvio. Entonces tú construirás una barca y vendrás a mí, y cuando la inundación avance, entrarás en la barca y yo te salvaré de ella.’ Manu lo cuidó de esta manera y lo llevó al océano. Y el mismo año que el pez había indicado, construyó una barca y fue a él, y cuando la inundación avanzó entró en la barca. El pez nadó hasta él y él sujetó la cuerda de la barca al cuerno del pez, y con él navegó hasta llegar a la montaña del norte.
‘Te he salvado’, dijo el pez. ‘Amarra la barca a un árbol, pero no dejes que el agua te aísle cuando estés en la montaña; cuando el agua descienda, baja tú también.’ Y él fue bajando de esta manera, y por eso esa ladera de la montaña del norte es conocida como el Descender de Manu. La inundación arrastró a todas las demás criaturas, y sólo Manu permaneció aquí.“ (Doniger O’Flaherty, 2004).
La narración del Mahabharata sobre este mismo episodio mítico ha sido traducida en versos por Monier Williams, como sigue:
Surcando el océano en esa magnífica nave, nació el señor de los hombres, Navegando sobre sus encrespadas olas y rugientes aguas; el vergel Sacudido en todas direcciones por vientos violentos, bailaba en la superficie de las profundidades Balanceándose y estremeciéndose como una mujer bebida.
No se divisaba tierra por ninguna parte. Ni en el horizonte lejano, ni en las profundidades: por doquier Se entendían las inundantes aguas salvajes, la atmósfera cubierta de nubes y el cielo infinito. Y ahora que todo el mundo había sido inundado, no quedaba sobre las aguas, Más que Manu y los siete sabios y el pez que conducía la nave.
Incansable, durante años y años el pez impulsaba la nave sobre La tumultuosa agua, hasta que por fin, la dejó descansar en la cumbre De Himavan; luego, sonriendo suavemente, el pez se dirigió de este modo al sabio: ‘Apresúrate ahora a atar el barco a este alto risco.
Conóceme a mí el Señor de todos, El Gran Creador Brahma, poderoso entre poderosos, omnipotente Por mí, en forma de pez, has sido salvado de esta terrible emergencia. De Manu será producida toda la creación de dioses, asuras y hombres; Por él, todo el mundo será creado, tanto lo que tiene movimiento como lo inmóvil.
El Matsya Purana complementa este relato con la siguiente narración:
… En breve tiempo, la tierra quedará sumergida en el agua con todas sus montañas, árboles y casas. Esta barca ha sido hecha para la reunión de todos los dioses para proteger la reunión de las grandes almas vivas, oh señor de la tierra. A los nacidos del sudor, los nacidos de huevos, o del agua, y aquellas criaturas vivas que mudan de piel, ponlos a todos en esta barca y sálvalos, pues no tienen protector.
Y cuando tu barca sea azotada por los vientos que soplan al final de la Edad, amarra la barca a mi cuerpo, oh rey, señor de los reyes, señor de la tierra. Al final de la disolución, tú serás el Prajāpati de todo el universo, móvil e inmóvil. De este modo, al principio de la Edad Kṛta, tú serás el rey firme, omnisciente, el jefe supremo del período de Manu, adorado incluso por los dioses’.
Coge, entonces, esta barca de los Vedas y pon en ella las esencias y semillas de todas las criaturas vivas; y atando la cuerda como te he enseñado, amarra la barca a mi cuerno, y serás protegido por mi majestad.
Entonces el señor desapareció, y Manu practicó hasta que se produjo la inundación final tal como se había predicho. Cuando llegó el momento tal como había sido anunciado en la forma de un pez cornudo, y una serpiente en la forma de una cuerda llegó junto a Manu. Entonces el sabio que conocía el dharma reunió a todas las criaturas y las puso en la barca, y mediante la técnica del atado sujetó la barca al cuerno del pez con la cuerda que era una serpiente; lo acercó a Viṣṇu, el Excitador, y se postró ante él.» (Doniger O’Flaherty, 2004)
Vishnú – Avatar Matsya (pez)
En la mitología hindú, Manu es el nombre del primer ser humano y el primero de los reyes que gobernaron sobre la Tierra. En sánscrito, manu proviene de manas (“mente”) y significaría “pensante, sabio, inteligente”, según el Vāyasanei samjitá y el Shata-patha bráhmana. De acuerdo al Rig Veda, manu estaría asociado a la idea de “criatura pensante, ser humano, humanidad”. El término proviene del vocablo indoeuropeo Manush que significa “el hombre”, en el sentido de humanidad, y que habría dado lugar al término inglés man y a los términos españoles “humano” y “humanidad”.
Diluvio en la tradición Mexica: Tata
En la tradición náhuatl (grupo lingüístico y cultural al cual pertenecían los mexicas) recopilada en la Leyenda de los Soles (Códice Chimalpopoca), el dios Tezcatlipoca advierte a un hombre llamado Tata y a su esposa Nene sobre la llegada del fin de la era del 4to Sol (Sol de Agua, Atonatiuh). Les ordena refugiarse en el tronco ahuecado de un ahuehuete y alimentarse de una sola mazorca de maíz cada uno. Sin embargo, al cesar las aguas, la pareja desobedece pescando y asando peces, lo que desata la ira divina y los convierte en perros. En otras crónicas coloniales, como las de Bernardino de Sahagún, los supervivientes de este evento reciben los nombres de Coxcox y Xochiquetzal.
Acabando el año de ellos,Titlacahuan llamó al que tenía el nombre de Tata y a su mujer llamada Nene, y les dijo: “No queráis nada más; agujerad un ahuehuetl muy grande, y ahí os meteréis cuando sea la vigilia (toçoçtli) y se venga hundiendo el cielo.”
Ahí entraron; luego los tapó y les dijo: “Solamente una mazorca de maíz comerás tú, y también una tu mujer.” Cuando acabaron de consumir los granos, se notó que iba disminuyendo el agua; ya no se movía el palo.”
Entonces el palo se detuvo y ellos salieron. Vieron unos peces y, como tenían mucha hambre, hicieron fuego frotando unos maderos y comenzaron a asar el pescado. Al instante, los dioses Citlallinicue y Citlallatonac miraron hacia abajo y exclamaron: «¡Oh dioses! ¿Quién ha hecho fuego? ¿Quién ha ahumado el cielo?»
Inmediatamente descendió Titlacahuan (Tezcatlipoca), enfurecido por la desobediencia de los mortales, y les cortó las cabezas. Luego, tomó sus cabezas, se las colocó en las nalgas y de este modo los transformó en perros (chichimeca). Por este castigo, la humanidad del Cuarto Sol pereció y el mundo se quedó a oscuras, abriendo paso a la creación de una nueva era.
La piedra de los cinco soles tiene inscrito en las esquinas inscrito los cuatro primeros soles, en sentido sinistrorso, Nahui Ocelotl (Cuatro Jaguar) en la esquina inferior derecha, Nahui Ehecatl (Cuatro-Viento) en la esquina superior derecha, Nahui Quiahuitl (Cuarto Lluvia) en la esquina superior izquierda, Nahui Atl (Cuatro Agua) en la esquina inferior izquierda y el quinto sol Nahui Ollin (Cuatro-Movimiento) está representado en el centro. Imagen
De acuerdo con las fuentes coloniales, la mitología de los Nahua afirmaba que Cholula fue construida por el gigante Xelhua, quien logró salvarse del diluvio universal:
“… En la época del diluvio moraban sobre la tierra los gigantes, muchos perecieron sumergidos en las aguas, algunos quedaron convertidos en peces y sólo siete hermanos se salvaron en las grutas de la montaña Tlaloc… Xelhua el gigante fue al sitio que después se llamó Cholollan y con grandes adobes fabricados en Tlalmanalco, sitio muy distante, y conducidos de mano en mano por una fila de hombres tendida entre ambos puntos comenzó a construir la pirámide en memoria de la montaña en donde fue salvado.
Irritado, Tonacatecutli, padre de todos los Dioses, que la obra amenazaba con llegar a las nubes lanzó el fuego celeste y con una gran piedra en forma de sapo mató a muchos de los constructores dispersándose los demás, y no pasó adelante la construcción…” (Cholula 2000, tradición y cultura» de Rodolfo Herrera Charolet, 1995)
El Diluvio para los Mayas
De acuerdo al Popol Vuh, el libro de los Mayas de pueblo Quiche, sus divinidades hacen emerger la Tierra y seguidamente, los animales que la pueblan, que al no poder alabarlos ni adorarlos, deciden crear al Hombre. En sucesivas etapas, crean diversos individuos que luego destruyen dado que no resultan de su agrado.
Los primeros fueron creados de arcilla, pero los destruyeron al resultar defectuosos físicamente; luego, los dioses crearon a seres de madera, pero al parecer carecían de espíritu y sabiduría, por lo que fueron eliminados por un Diluvio:
… Al instante fueron hechos los maniquíes, los muñecos construidos de madera; los hombres se produjeron, los hombres hablaron; existió la humanidad en la superficie de la tierra. Vivieron, engendraron, hicieron hijas, hicieron hijos, aquellos maniquíes, aquellos muñecos construidos de madera. No tenían ni ingenio ni sabiduría, ningún recuerdo de sus Constructores, de sus Formadores; andaban, caminaban sin objeto. No se acordaban de los Espíritus del Cielo; por eso decayeron. Solamente un ensayo, solamente una tentativa de humanidad. …
En seguida llegó el fin, la pérdida, la destrucción, la muerte de aquellos maniquíes, muñecos construidos de madera. Entonces fue hinchada la inundación por los Espíritus del Cielo, una «gran inundación fue hecha: llegó por encima de las cabezas de aquellos maniquíes, muñecos construidos de madera.… su muerte fue esto: fueron sumergidos; vino la inundación, vino del cielo una abundante resina… Entonces fue cuando ocurrió la inundación a causa de los maniquíes, muñecos construidos de madera.
El Diluvio en la cultura Andina
Viracocha, el dios de la civilización andina, creador del cielo y la Tierra, “moldeó” una raza de gigantes monstruosos, deformes por su gran tamaño, para ver si era conveniente crear a los hombres de ese porte. El mito cuenta que luego Viracocha reflexionó y dijo:
“No es bien que las gentes sean tan crecidas; mejor será que sean de mi tamaño”.
Y así creó a los hombres a su semejanza – tallando en piedra las figuras del primer hombre y la primera mujer, y que al darle nombres, éstas cobraron vida -, y estos comenzaron a vivir en la oscuridad. Viracocha mandó a esos hombres a vivir bajo un precepto, con la advertencia que si lo quebrantaban, los hombres serían “castigados y confundidos”. Pero nacieron entre los hombres algunos con vicio y con codicia, por lo que rompieron el precepto, y Viracocha, en castigo, los condenó.
“Fueron unos convertidos en piedras y en otras formas, a otros tragó la tierra y a otros el mar, y sobre todos cayó el diluvio universal llamado pachacuti”.
El diluvio duró sesenta días y sesenta noches y la leyenda dice que se ahogaron todas las cosas creadas sobre la Tierra. José de Acosta en «Historia Natural y Moral de las Indias» (1590):
“…dicen los indios que con aquel su diluvio se ahogaron todos los hombres…”
Una vez terminado el Diluvio, Viracochadecidió crear nuevamente a los hombres:
“Pasando el diluvio, y seca la tierra, determinó el viracocha de poblarla por segunda vez, y para hacerlo con más perfección determinó crear luminarias (…)”
Las crónicas de Cristóbal de Molina (1573), recopila el siguiente mito sobre el diluvio:
“En la provincia e indias de Ancasmarca, que es 5 leguas del Cuzco, en la provincia de Antisuyo, tienen la fábula siguiente: Dicen que cuando quiso venir el Diluvio, un mes antes los carneros que tenían mostraron gran tristeza y que de día no comían y que de noche estaban mirando las estrellas, hasta tanto que el pastor que a cargo las tenía, les preguntó que habían, a lo cual respondieron que mirase aquella junta de estrellas, las cuales estaban en aquel ayuntamiento en acuerdo que el mundo de había de acabar con aguas.
Y así oído esto, el pastor se trató con sus hijos e hijas las cuales eran seis, y acordó con ellas que recogiesen comida y ganado lo más que pudiesen, y subiéronse a un cerro muy alto llamado Ancasmarca y dicen como las aguas iban creciendo y cubriendo la tierra, iba creciendo el cerro, de tal manera que jamás lo sobrepujase.”
El Diluvio en la tradición de los Hopi
El Tercer Mundo, en la tradición hopi, se llamaba Kuskurza, y así como en los dos mundos anteriores la humanidad se había ido corrompiendo hasta que los dioses terminaron aniquilándola (salvando a unos pocos justos), Kuskurza tampoco fue la excepción. La gente se fue alejando de los preceptos encomendados, se volvió belicosa y destructora, e incurrió en la perversión sexual (idea que nos remite a la historia de los Nefilim). De esta manera, la corrupción y la guerra llegaron al Tercer Mundo, y tal como sucedió en los mundos anteriores, los dioses decidieron ponerle fin.
Sótuknang se dirigió a Mujer Araña (Kokyangwuti)y dijo:-No tiene sentido aguardar hasta que se acabe el hilo. Hay que hacer algo antes de que los seres humanos que llevan la canción en sus corazones también se corrompan o extingan. Te corresponderá salvarlos, mientras yo destruyo a este mundo con agua. Cuando llegues al lugar, mira a tu alrededor, verás unas plantas altas de tallos huecos. Córtalas y coloca dentro a los seres humanos.
Mujer Araña siguió sus instrucciones y cortó las cañas huecas. Conforme los seres humanos fueron llegando los colocó dentro, con un poco de agua y hurúsuki [masa de harina blanca de maíz] para comer. Luego se introdujo ella dentro de una caña y Sótuknang la selló, entonces se ocupó de destruir el mundo. Soltó las aguas y olas más altas que montañas, cubrieron la Tierra. Los continentes se partieron y se hundieron bajo los mares. La lluvia no paró de caer y seguían desplomándose las olas.
Los seres humanos, sellados dentro de sus cañas huecas, escucharon el poderoso rugir de las aguas, y luego el silencio. Por mucho tiempo, estuvieron flotando, finalmente cesaron los movimientos. Mujer Araña quitó el sello a las cañas huecas, los tomó de las cabezas y los sacó de ahí.
Los seres humanos miraron a su alrededor y vieron que se encontraban sobre un trocito de tierra que alguna vez había sido la cima de una de sus más altas montañas. Todo lo demás, hasta donde alcanzaba su vista, era agua. Era todo lo que quedaba del Tercer Mundo. Enviaron pájaros de muchos tipos, uno tras otro, para volar sobre las aguas y encontrarlo. Sin embargo, todos regresaron agotados sin haber hallado ninguna señal de tierra.
Mujer Araña indicó a los seres humanos que hicieran lanchas redondas y planas con las cañas huecas en que habían venido, y que se metieran en ellas. Nuevamente se confiaron a las aguas ya la orientación de su sabiduría interior. Durante mucho tiempo flotaron, impulsados por el viento y el movimiento de las aguas. Tras un largo y agotador viaje, que tuvo varias escalas en distintas islas, el contingente continuó hacia el este y hacia el norte, hasta que por fin, descubrieron la tierra [prometida]. Alta se elevaba encima de las aguas, extendiéndose de norte a sur hasta donde alcanzaban a ver sus ojos. Era una tierra grande, una tierra extraordinaria, era el Cuarto Mundo.
Cuando todos estuvieron reunidos, Sótuknang apareció ante ellos y luego de mostrarles, hacia el oeste y el sur, las islas por las que habían pasado [las cimas de las montañas del Tercer Mundo], las fue hundiendo una a una, y dijo:-He borrado las huellas de su Salida, los escalones que les había dejado. En el fondo de los mares yacen todas las orgullosas ciudades, los pátuwvotas [escudos] voladores, los tesoros mundanos corrompidos por el mal y las personas que no hallaban tiempo para cantar las alabanzas del Creador desde las cimas de sus cerros. No obstante, si ustedes guardan el recuerdo y el significado de su Salida, llegará el día en que esos escalones vuelvan a surgir para probar la verdad de sus palabras.
Ése fue, por fin, el término del Tercer Mundo, Kuskurza.
El Diluvio en el Mazdeísmo: Yima
Entre los mitos de la religión Mazdeista, hay un relato en el que Ahura Mazda (su divinidad) le indica a Yima (patriarca persa y progenitor espiritual de la humanidad) que construya una cueva para que sirva de refugio para sí y para todos los seres vivos ante un inminente y fatal invierno. Este relato, un evidente paralelismo del Diluvio, se encuentra en el Avesta, una colección de textos sagrados de la religión basada en las enseñanzas de Zoroastro de la antigua Persia.
Ahura Mazda le advierte a Yima sobre la inminente catástrofe (J. Darmesteter, The Zend-Avesta I, en Sacred Books of the East IV, Oxford,1895):
(46) Y Ahura Mazda habló a Yima, diciendo: «¡Oh Yima justo, hijo de Vivanghat! Terribles inviernos van a caer sobre el mundo material, que traerán consigo duras, mortales heladas; … arrastrarán consigo espesos copos de nieve, que rebasarán hasta las altas cimas de las montañas.
(52) Y las bestias que viven en la selva, así como las que habitan en la cima de las montañas y en las hondonadas, deberán tomar refugio en guaridas subterráneas.
(57) Antes de este invierno, los campos producirán hierba en abundancia para el ganado. Pero cuando se funda la nieve y corra el agua, quedará todo anegado.
(61) Hazte, por consiguiente, un «vara» (recinto aislado) cuadrada que por cada lado tenga la medida de un picadero (3 kilómetros por lado aprox.), y lleva a él las semillas de ovejas y toros, de hombres, de perros, de aves y de fuegos que rojos llamean. … que sea refugio para los hombres…
(70) Allí llevarás las semillas de hombres y mujeres, de los mejores, los más grandes y más hermosos que haya en la tierra. Luego llevarás las semillas de toda clase de ganados, de los más grandes, los mejores, los más hermosos de la tierra.
(74) Luego llevarás allí las semillas de toda clase de árboles, de los de mayor tamaño y más suave aroma que haya en la tierra; llevarás allí las semillas de toda clase de frutos, los de mejor sabor y más suave aroma. Todas estas semillas llevarás, dos de cada especie, para que se mantengan sin extinguirse allí, mientras aquellos hombres hayan de permanecer en el «vara».
(80) Nada habrá allí jorobado, nada encorvado hacia adelante; ningún impotente, ningún loco; ningún malicioso, ningún mentiroso; ningún rencoroso, ningún envidioso; ningún desdentado, ningún leproso que haya de ser encerrado; ninguna de las marcas con que Angra Mainyu señala los cuerpos de los mortales.
(87) En la parte más amplia de aquel lugar harás nueve calles, seis en la mediana y tres en la más reducida. A las calles de la parte más amplia llevarás mil semillas de hombres y mujeres; a las calles de la mediana, seiscientas; a las calles de la más reducida, trescientas. Este «vara» sellarás con tu sello de oro, y harás una puerta y una ventana con «iluminación propia» (a window self−shining within).
(93) Entonces se dijo Yima: «¿Cómo me las arreglaré para hacer este vara que Ahura Mazda me ha mandado hacer?». Y Ahura Mazda dijo a Yima: «¡Oh Yima justo, hijo de Vivanghat! Marca la tierra con una huella de tu talón, y luego amásala con tus manos como hace el alfarero cuando amasa el barro».
(133). Cada cuarenta años, a cada pareja, dos le son nacidos, un varón y una mujer. … Y las personas, en la «Vara» (refugio) que Yima hizo, vivieron la más feliz de las vidas.
Otras menciones en distintas culturas
La siguiente es un listado con un resumen de referencias a catástrofes vinculada con «las aguas» en numerosas culturas ancestrales de todo el mundo:
En la mitología griega, el relato de Deucalión y Pirra narra una gran inundación enviada por Zeus para destruir a la humanidad, cuya conducta había degenerado. Según la tradición recogida por Apolodoro, Prometeo, padre de Deucalión, lo advirtió de la catástrofe y le aconsejó construir un cofre en el que pudiera refugiarse junto a su esposa, Pirra, hija de Epimeteo y Pandora. Tras nueve días y nueve noches de inundación, el cofre llegó al monte Parnaso, donde la pareja encontró refugio. Una vez que las aguas retrocedieron, Deucalión y Pirra consultaron un oráculo de Temis sobre cómo restaurar la humanidad. Siguiendo sus instrucciones, arrojaron piedras por encima de sus hombros: las de Deucalión se transformaron en hombres y las de Pirra en mujeres, dando origen a una nueva generación humana.
En la mitología china existen diferentes relatos relacionados con grandes inundaciones. Uno de los más conocidos es el de Gun y su hijo Yu, quien consiguió controlar las aguas que amenazaban con anegar la tierra y restablecer el orden. Yu se convirtió en una figura fundamental de la tradición china y se le atribuye el establecimiento de la primera dinastía legendaria, la Xia. Otras tradiciones relacionan a Fuxi y Nüwa con la supervivencia de una gran inundación y la repoblación de la humanidad.
El mito del diluvio del pueblo Akha (una etnia que habita las zonas montañosas del sudeste asiático, repartida entre Myanmar, Tailandia, Laos, Vietnam y el sur de China) relata que la Tierra primordial sufrió una inundación absoluta en la que pereció toda la humanidad, con la única excepción de dos hermanos (un varón y una mujer) que lograron salvarse al refugiarse en el interior de una calabaza gigante y hueca o, según variantes, dentro de un gran tambor de madera. Tras flotar a la deriva hasta el repliegue definitivo de las aguas, los hermanos se convirtieron en los últimos habitantes del planeta y, tras superar el tabú del incesto mediante señales místicas favorables, contrajeron matrimonio para asegurar el porvenir de la especie, dando origen con su descendencia a las etnias que hoy pueblan las tierras altas del sudeste asiático.
En la mitología nórdica, el Völuspá, uno de los poemas cosmogónicos de la Edda poética, describe el Ragnarök, la destrucción del orden cósmico y la posterior renovación del mundo. Durante la catástrofe,la tierra se hunde en el mar, el cielo se oscurece y el fuego consume el mundo. Sin embargo, la destrucción no es definitiva y el poema describe cómo la tierra vuelve a emerger del mar, verde y fértil, con cascadas y una nueva vida. Este episodio representa un ciclo de destrucción y regeneración cósmica, más que un diluvio destinado exclusivamente a castigar a la humanidad.
En algunas recopilaciones de tradiciones africanas se recoge un relato de una gran inundación en el que una divinidad advierte a dos personas y les ordena construir una embarcación para salvarse junto con semillas y animales. Cuando las aguas cubren la tierra y las montañas, los supervivientes esperan hasta que el nivel desciende. Para comprobar si es posible regresar a tierra firme, el hombre libera primero una paloma, que vuelve a la embarcación, y después un halcón, que no regresa. Finalmente, la pareja abandona el barco.
La mitología de la tribu moussaye, en la nación africana de Chad, narra que en tiempos ancestrales una familia vivía en un rincón remoto del mundo, cuando el cielo se encontraba tan bajo que los seres humanos podían tocarlo con solo estirar la mano. Cierto día, la madre decidió preparar un banquete y comenzó a moler mijo con gran energía utilizando un mortero y su majador. En medio de su esfuerzo, la mujer se descuidó y elevó la herramienta con tanta fuerza que perforó el firmamento, desencadenando una lluvia torrencial que no se detuvo durante siete días y siete noches hasta inundar por completo la Tierra. A medida que el agua caía, el cielo se fue elevando de forma gradual hasta alcanzar la altura inalcanzable que posee hoy en día, privando a la humanidad para siempre del privilegio de tocarlo.
El mito del diluvio del pueblo Tlingit (de Alaska y Canadá) relata que un tío malvado, consumido por la ira al no poder destruir a su sobrino invulnerable —el héroe cultural Yéil, el Cuervo—, invocó una gran inundación global para exterminar a la humanidad. Mientras el Cuervo lograba salvarse volando hasta el plano celestial para colgarse del cielo con su pico, los seres humanos sobrevivieron navegando en canoas gigantes hacia las cumbres de las montañas más altas; no obstante, durante la tormenta, la principal embarcación de los refugiados se partió en dos al chocar contra una roca, provocando que una de las mitades diera origen al linaje de los Tlingit y la otra flotara a la distancia fundando los pueblos extranjeros.
Entre distintos pueblos indígenas de América del Norte existen tradiciones que describen inundaciones primordiales y la posterior regeneración del mundo.
La tradición oral de los ojibwe, una nación indígena originaria de la región de Minnesota, resguarda un relato ancestral sobre el gran diluvio que guarda sorprendentes similitudes con el pasaje bíblico. Según su cosmovisión, existió una época en la que la humanidad cayó en constantes disputas familiares y guerras destructivas, lo que llevó al dios creador, Manitú, a decretar una purificación del mundo a través del agua. La inundación tomó por sorpresa a la mayoría de los habitantes y anegó la totalidad de la tierra; sin embargo, el héroe mitológico Waynaboozhoo logró salvarse al refugiarse en una pequeña barquilla, en la cual navegó acompañado por parejas de distintas especies animales hasta convertirse en los únicos sobrevivientes del cataclismo.
El mito de la creación de los Lenni Lenape (conocidos como indios Delaware) narra que, tras una gran inundación que sumergió la Tierra en una era pacífica, un pequeño grupo de personas sobrevivió refugiándose sobre el caparazón de una tortuga colosal, un ser tan ancestral que su concha estaba cubierta de moho y musgo. Con el mundo convertido en un océano infinito, enviaron a un ave en busca de tierra firme, la cual fracasó en su primer intento, pero luego regresó con un poco de fango en su pico, guiando a la gran tortuga hacia el suelo emergente y dando origen a la Isla Tortuga, el espacio donde la humanidad pudo descender y repoblar el mundo.
La tradición oral del pueblo Wendat (conocido históricamente como los hurones) relata un gran diluvio global en el que la humanidad y los animales coexistieron para sobrevivir a la inundación. De acuerdo con su cosmovisión, durante el prolongado y difícil viaje, los animales recurrieron a constantes quejas y lamentos debido a las inclemencias de la catástrofe; como consecuencia de este comportamiento discordante, al estabilizarse las aguas, las fuerzas espirituales les retiraron permanentemente la facultad de hablar, marcando desde entonces la separación comunicativa entre los seres humanos y el reino animal.
Las tradiciones del pueblo Sioux (Dakota y Lakota) también registran un relato de destrucción planetaria mediante una gran inundación, cuya versión tradicional precolonial relata que el mundo quedó sumergido por completo, sobreviviendo únicamente el cuervo espiritual hasta que el Creador (Wakan Tanka) se valió de animales buceadores para rescatar fango del fondo del océano y reconstruir el continente; no obstante, debido al contacto con misioneros europeos, surgieron variantes sincréticas adaptadas al relato bíblico que incorporaron la supervivencia de una familia y parejas de animales a bordo de embarcaciones que eventualmente encallaron en tierras firmes.
El mito del diluvio del pueblo Caddo (nativos del sureste de los EEUU, asentados en áreas de Texas, Luisiana, Arkansas y Oklahoma) relata que la Tierra se inundó tras la aparición de una criatura colosal nacida de la fusión de cuatro monstruos hermanos que crecieron hasta tocar el cielo y devorar a la población. Ante la inminente catástrofe, un hombre profeta recibió instrucciones divinas para plantar un junco sagrado gigante y hueco, en cuyo interior se refugió junto a su esposa y parejas de todos los animales benéficos. Las aguas ascendieron hasta cubrirlo todo excepto la punta de la caña y las cabezas de la bestia, momento en el que una tortuga mítica nadó por el fondo marino para desenterrar y derribar al monstruo; tras su muerte, los océanos retrocedieron y los vientos secaron el suelo, permitiendo a los sobrevivientes salir y restablecer la vida en el mundo.
El mito del diluvio del pueblo Mandan (originarios de la región de las Grandes Llanuras del Norte) relata que, ante una inminente inundación universal, un ser mítico conocido como «El Único Hombre» (Nu-mohk-muck-a-nah) logró salvarse al construir una gran embarcación que finalmente encalló en una alta montaña hacia el oeste. La retirada de las aguas fue confirmada cuando una tórtola sagrada regresó portando una rama de sauce en su pico, un evento tan trascendental que la tribu erigía en el centro de todas sus aldeas un monumento cilíndrico de madera llamado «La Gran Canoa», alrededor del cual celebraban anualmente la espectacular ceremonia del Okipa para apaciguar las fuerzas de la naturaleza y asegurar que el mundo jamás volviera a quedar sumergido. Este mito se vio fuertemente influenciado por la mirada occidental de los investigadores de la época, como George Catlin.
Una leyenda del pueblo Purépecha o tarascos (de Michoacán, México) relata que, cuando los dioses decidieron destruir un mundo imperfecto mediante lluvias torrenciales, un hombre piadoso llamado Tezpi (o Teupixque) recibió el mandato divino de resguardarse en una balsa espaciosa junto a su familia, granos y diversos animales. Tras cesar la catástrofe, Tezpi liberó primero a un buitre para buscar tierra firme, pero la criatura prefirió quedarse comiendo carroña y no regresó; posteriormente, envió a un colibrí (tzintzuni) que retornó portando una rama verde en su pico, demostrando el resurgimiento de la flora y guiando la embarcación hasta encallar en la montaña sagrada de Colhuacán, un evento fundacional que dio origen a Tzintzuntzan, la imponente capital del imperio. Esta leyenda también fue recopilada por cronistas occidentales (como Alexander von Humboldt), por lo que es probable que asimismo haya sido culturalmente intervenida.
Entre los muiscas, pueblo indígena que habitaba el altiplano de la actual Colombia, existía una tradición sobre una gran inundación asociada con las divinidades. Según las crónicas coloniales, Chibchacum provocó una inundación que cubrió las tierras y amenazó a sus habitantes. Bochica, una importante figura civilizadora de la tradición muisca, intervino para detener la catástrofe. Con su bastón abrió un paso entre las montañas, permitiendo que las aguas descendieran y dando origen al salto del Tequendama, una de las principales cascadas de Colombia.
La cosmología guaraní narra que, durante la era de la Yvy Tenonde (la Primera Tierra), los seres humanos y los dioses coexistían en perfecta armonía, abundancia y libres de todo sufrimiento. Esta edad de oro concluyó trágicamente cuando un hombre llamado Jeupié cometió la máxima transgresión cósmica al romper el tabú del incesto con su tía paterna, desatando la furia divina en forma de un gran diluvio purificador —el Mba’e-megua guasu— que destruyó aquel mundo prístino y forzó el repliegue de los dioses hacia el firmamento. Ante la supervivencia de la humanidad, el dios creador Ñamandú moldeó la Yvy Pyahu (la Tierra Nueva), una réplica imperfecta donde el dios Jakairá esparció una bruma vivificante para hacerla habitable, pero que quedó sentenciada a albergar la enfermedad, el dolor y la muerte; desde entonces, los habitantes de este nuevo suelo viven movilizados por un éxodo espiritual perenne en busca del paraíso perdido: la Yvymara’eỹ o «Tierra Sin Mal».
En la tradición del pueblo mapuche existe un relato sobre una gran inundación provocada por el enfrentamiento entre dos seres serpentinos: Kai Kai Vilu, vinculada con las aguas, y Treng Treng Vilu, relacionada con la tierra y los cerros. Según una de las versiones, Kai Kai provoca el ascenso del mar con la intención de inundar el territorio, mientras que Treng Treng advierte a los seres humanos y eleva los cerros para ofrecerles refugio. A medida que las aguas suben, los cerros se elevan también, permitiendo que algunos habitantes sobrevivan, mientras que otros quedan sumergidos y, en determinadas versiones, se transforman en animales marinos, peces o rocas.
Para los Kawésqar (históricamente llamados alacalufes), habitantes de los canales patagónicos del sur, existe una leyenda sobre una gran inundación desatada cuando un joven cazó una nutria marina con el fin de regalarle una buena comida a su novia. Dicho animal acuático era estrictamente tabú, por lo que su captura estaba prohibida al tratarse de una criatura protegida por el espíritu de las aguas. Esta afrenta provocó la ira de la deidad, que hizo subir el mar hasta amenazar con cubrir la tierra para vengarse del mundo; no obstante, el joven y su compañera consiguieron salvarse refugiándose en zonas elevadas, convirtiéndose tras la catástrofe en los responsables de la continuidad de su pueblo.
La tradición oral del pueblo Rapa Nui relata que sus ancestros colonizaron la Isla de Pascua tras escapar en grandes embarcaciones del cataclismo y hundimiento de su tierra natal, una mítica isla o continente del Pacífico Sur conocida como Hiva. De acuerdo con la leyenda, el desastre fue advertido a través de visiones proféticas que anticiparon cómo el océano devoraría los valles primigenios, lo que impulsó al rey Hotu Matu’a a coordinar una travesía marítima masiva guiada por exploradores; este éxodo culminó con el desembarco en la playa de Anakena, resguardando el porvenir de su pueblo y dando origen a la civilización que posteriormente erigió los emblemáticos moáis.
En la mitología de los pueblos originarios de Australia existen numerosas tradiciones ancestrales relacionadas con la creación del paisaje, los seres humanos y los fenómenos naturales. Algunas narraciones locales incluyen grandes inundaciones y transformaciones del territorio, aunque sus versiones varían considerablemente entre comunidades. Un relato en particular, que fusionó las historias de los misioneros cristianos con la cosmovisión local, habla de un arca llamada Woramba y con una montaña llamada Djilinbadu.
En la mitología maorí, el semidiós Tāwhaki protagoniza el relato de un diluvio tras ser traicionado y atacado por sus celosos hermanos, quienes lo dejaron por muerto. Tras sanar milagrosamente gracias a su naturaleza divina, Tāwhaki ascendió a las alturas e invocó poderosos cánticos sagrados (karakia) que desataron las cataratas celestiales, sepultando la tierra bajo un océano universal que destruyó a sus enemigos. Según las variantes tribales, la inundación también se atribuye al llanto inconsolable de su madre o a que el héroe agrietó el suelo celeste al pisarlo con fuerza; no obstante, el linaje humano logró sobrevivir gracias a que Tāwhaki guió a sus seguidores fieles a refugiarse en la cumbre de la montaña sagrada Hikurangi, la única cima que permaneció por encima de las aguas.
Implicancias del Diluvio
El Diluvio representa un momento bisagra en muchos sentidos, más allá de la obvia inundación y su consecuente exterminio masivo. El Diluvio marca una tendencia hacia un acortamiento en la vida de los hombres. Este fenómeno es observable en los períodos de vida detallados en la Lista de Reyes, los cuales van disminuyendo drásticamente a medida que avanza el tiempo, sobre todo entre la primera y segunda dinastía las cuales tienen un promedio de vida de 45.360 años y 763 respectivamente.
Mismo caso sucede en el relato de las generaciones de la Torá, donde se detalla que las primeras 10 generaciones – entre Adán y Noé – suman un total de 8.575 años con un promedio de 857, y luego del Diluvio, las siguientes 10 generaciones – de Sem a Abraham – suman 3.171 años con un promedio de 317, para seguir disminuyendo con las sucesivas generaciones.
Otro aspecto del Diluvio es que, en la tradición mesopotámica, mientras que en la etapa previa al Diluvio se observa un contacto directo entre humanos y «dioses», siendo estos últimos quienes gobernaban la Tierra, luego del Diluvio se presenta una etapa de «ocultamiento» en la cual los «dioses» se alejan de la humanidad para dejar lugar a gobernantes humanos, interactuando sólo con ellos y con unos pocos sabios y justos.
Otros puntos que destacan en estos relatos, respecto del mundo antediluviano, es la existencia una raza de gigantes; el incumplimiento de los preceptos encomendados; la creciente corrupción; las actitudes belicosas y destructivas; y el incurrimiento en actividades sexuales perversas por parte de los seres de la Tierra, todo lo cual motiva a la deidad respectiva a suscitar el Diluvio.
Conclusión
La presencia de relatos de grandes inundaciones en numerosas tradiciones antiguas y en ámbitos culturales geográficamente distantes constituye un fenómeno que difícilmente puede explicarse como una simple coincidencia folclórica. En muchos de ellos reaparecen, con distintas variaciones, elementos como una catástrofe acuática, la supervivencia de un grupo reducido, una advertencia previa, un refugio o embarcación, la preservación de seres vivos y el comienzo de una nueva etapa para la humanidad. Los protagonistas reciben nombres diferentes —Ziusudra, Atrahasis, Utnapishtim, Noé, Manu y otros—, pero sus relatos presentan paralelismos que merecen una explicación histórica y cultural.
Estos paralelismos no demuestran por sí solos que haya existido un diluvio universal ni permiten reconstruir un único acontecimiento con certeza. Sin embargo, sí hacen insuficiente la explicación basada exclusivamente en coincidencias independientes. La hipótesis de que distintas culturas conservaron, transmitieron y transformaron recuerdos de grandes inundaciones —posiblemente regionales y ocurridas en épocas diferentes— resulta más razonable que considerar irrelevante la convergencia de tantos motivos narrativos. En este sentido, la mitología puede no ser una crónica literal del pasado, pero tampoco tiene por qué ser una invención enteramente desligada de la experiencia histórica: puede constituir el eco transformado de catástrofes reales, amplificadas por la memoria colectiva y reinterpretadas por cada sociedad.
El problema, por tanto, no consiste en demostrar que cada relato sea históricamente exacto, sino en explicar por qué tantas tradiciones conservaron una estructura narrativa semejante. Mientras esa convergencia no sea explicada satisfactoriamente, descartar de antemano toda base histórica para el motivo del Diluvio resulta tan poco científico como aceptarlo literalmente sin examinar las evidencias.
Muy interesante artículo. Nos da mucho que pensar.
[…] encontrar varias similitudes entre este relato y el mito del Diluvio Universal, entre ellas: la nave/canoa que navega errante por el ancho mar, transportando a un pequeño grupo […]
Hola! Quería felicitarte por este excelente blog. Me gusta tu enfoque de comparar desde una perspectiva antropológica las culturas de la antigüedad. Las confluencias culturales e ideológicas no suelen ser casuales, aunque a veces resulten difícil explicarlas. Por eso merece la pena investigar sobre una idea en varias culturas distintas. Pero yo te escribía este mensaje para decirte que para los antiguos Asirios, el concepto «Mesopotamia» no existe, por tanto no puede aparecer en sus textos. Es una invención de la historiografía moderna, a partir del término utilizado por Herodoto en su «Historia». Pero nunca se conoció el antiguo Irak como Mesopotamia. Te lo digo por el texto asirio traducido por un tal Smith, que propones. Es imposible que Assurbanipal utilizase la expresión «rey de Mesopotamia»; normalmente el título que se daban era el de «rey de las cuatro regiones», o «rey de la totalidad». Nada más. Un saludo, e insisto en que tienes un blog estupendo.
Hola Artearq7, es estupendo la forma en que enriqueces los temas planteados con tus comentarios. Realmente aprecio mucho tu aporte, que sin duda, nos amplia a todos la visión de lo analizado. Un saludo y no dejes de hacerlo!
[…] David A.S. El diluvio universal. REYDEKISH. https://reydekish.com/2013/09/25/el-diluvio-universal/ […]
Muy interesante artículo. Nos da mucho que pensar.
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