Al analizar la narración de la Creación del Génesis junto con los mitos cosmogónicos de diversas culturas antiguas encontramos numerosos paralelismos, tanto en sus temas como en algunos de sus recursos narrativos. Estas semejanzas resultan especialmente llamativas cuando aparecen en tradiciones geográficamente muy alejadas entre sí.
No obstante, la existencia de un paralelismo no asegura un impacto directo. Esta coincidencia puede nacer de intercambios culturales, de la difusión de mitos compartidos o, desde una perspectiva junguiana, por la manifestación de arquetipos del inconsciente colectivo en desarrollos independientes.
Resulta tan interesante como sorprendente encontrar paralelismos entre el texto bíblico y los textos de culturas como la Sumeria, Egipcia, Védica/Hinduista, Maya, Mexica, Andina, Hopi, China, Japonesa, Australiana, Nórdica, entre otras.
A continuación, un índice de las comparativas sobre La Creación a través de estas diversas culturas:
- Sobre el origen de «los Cielos y la Tierra”
- La creación mediante el «uso de la palabra»
- El nombre del Creador y su poder
- La creación del hombre a imagen y semejanza
- Del polvo de la tierra y el soplo de la vida
- En cuanto al propósito del hombre
- Sobre las versiones preliminares del hombre
- Hombre y hembra los creó
- Sobre el conocimiento y la reproducción
1. Sobre el origen de «los Cielos y la Tierra”
A continuación, algunos textos comparados sobre la creación del Universo, los cielos, la Tierra y el Hombre.
La Torá nos dice en el libro de Génesis:
- En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
- Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.
- Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.
- Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.
- Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.
- Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas.
- E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así.
- Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.
- Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así.
El poema sumerio Enûma Elish habla sobre el origen del cosmos en los siguientes términos:
- Cuando en lo alto, el Cielo no había sido nombrado,
- y la Tierra, abajo, aún no tenía razón:
- El primigenio Absû (abismo), que los engendró
- y el Caos, Tiamat, la que les dio a luz a ambos,
- sus aguas se entremezclaron.
- Cuando los campos no habían sido creados, y los pantanos no eran posibles de vislumbrar.
- Cuando ninguno de los dioses había sido llamado a existir,
- al no poseer todavía nombre, los destinos aún no estaban escritos.
- En ese instante, fueron creados los dioses en el seno de los Cielos.
El Rig Veda, texto védico, tiene su propia narración de la creación:
- Entonces no existían ni lo existente ni lo inexistente, no existía el espacio etéreo, ni el cielo que está más allá. ¿Qué cubría? ¿Dónde? ¿Bajo la protección de quién? ¿Existía el agua, insondable, profunda?
- Entonces no existía la muerte ni algo inmortal; no existía aparición de la noche, del día. Sólo aquel Uno [ekam] respiraba sin aire, por su propia naturaleza. Aparte de él no existía cosa alguna.
- En el comienzo sólo existía tiniebla envuelta en tiniebla. Agua indiferenciada era todo esto. Aquel Uno, estando a punto de surgir, estaba [todavía] rodeado por el vacío, nació por el poder de su ardor [ascético].
- En el comienzo vino a él el deseo, [de crear] que fue el primer semen de la mente. Buscando en su corazón, gracias a su sabiduría, los sabios encontraron en lo inexistente el vínculo con lo existente [del vacío, la materia].
- Su cuerda estaba extendida transversalmente. ¿Existía un ‘abajo’? ¿Existía un ‘arriba’? Existían fecundadores, existían energías. Debajo estaba la naturaleza [femenina, pasiva], arriba estaba el impulso [masculino, activo].
- ¿Quién sabe en verdad? ¿Quién puede aquí decir de dónde nació, de dónde esta Creación? Los Dioses vinieron después, gracias a la creación de este [universo]. ¿Quién puede, pues, saber de dónde llegó a ser?
- Aquel que del cielo supremo es su guardián – sólo él sabe de dónde llegó a ser esta Creación, ya sea que él la hizo, ya sea que no, o tal vez ni él lo sabe.
Por su parte, el libro Popol-Vuh, libro de los Mayas Quichés, dice:
He aquí el relato de cómo todo estaba en suspenso, todo tranquilo, todo inmóvil, todo apacible, todo silencioso, todo vacío, en el cielo, en la tierra. He aquí la primera historia, la primera descripción. No había un solo hombre, un solo animal, pájaro, pez, cangrejo, madera, piedra, caverna, barranca, hierba, selva. Sólo el cielo existía. La faz de la tierra no aparecía; sólo existían la mar limitada, todo el espacio del cielo. No había nada reunido, junto. … Solamente el agua limitada, solamente la mar tranquila, sola, limitada. Nada existía. Solamente la inmovilidad, el silencio, en las tinieblas, en la noche.
Sólo los Constructores, los Formadores, los Dominadores, los Poderosos del Cielo, los Procreadores, los Engendradores, estaban sobre el agua, luz esparcida. [Sus símbolos] estaban envueltos en las plumas, las verdes; sus nombres [gráficos] eran, pues, Serpientes Emplumadas. Son grandes Sabios. Así es el cielo, [así] son también los Espíritus del Cielo; tales son, cuéntase, los nombres de los dioses. … «Que eso sea. Fecundaos. Que esta agua parta, se vacíe. Que la tierra nazca, se afirme«, dijeron. … Así hablaron, por lo cual nació la tierra. Tal fue en verdad el nacimiento de la tierra existente. «Tierra», dijeron y en seguida nació.
El mito del pueblo nativoamericano Hopi, aporta su visión sobre la creación:
El Primer Mundo fue Tokpela [Espacio Infinito]. Antes estaba sólo el Creador, Taiowa. Todo lo demás era espacio infinito. No había principio ni fin; no había tiempo ni forma ni vida. Sólo un vacío inmenso cuyo principio y fin, tiempo, forma y vida estaban en la mente de Taiowa el Creador. Entonces él, el infinito, concibió lo finito, y creó a Sótuknang, diciendo: «Te he creado a ti, la primera fuerza en forma de persona, para llevar a cabo mi plan de vida en el espacio infinito…»
Sótuknang recogió en el espacio infinito lo que habría de manifestarse como sustancia sólida. Hizo formas y las dispuso en nueve reinos universales: uno para Taiowa el Creador, uno para él mismo y siete universos para la vida que vendría. Luego Taiowa le ordenó que ponga las aguas en las superficies de los universos, para que estén divididas por igual entre todos y cada uno. Así lo hizo Sótuknang, reunió en el espacio infinito lo que se manifestaría como aguas y las puso sobre los universos, de modo que cada uno fuese medio sólido y medio de agua.
En el libro fundamental del Taoísmo, el Tao Te Ching, podemos encontrar el siguiente texto:
Tao es el Origen de todo. Es la Esencia de todas las cosas. Se parece al vacío, pero es omnipotente. Es la Luz Brillante. Tao mora en la Profundidad Primordial. No se puede denominar con nombre humano. Tao es eterno y no tiene apariencia humana. Tao —siendo infinito— es incorpóreo y no tiene rostro. No se puede describir su origen, pues Tao es Primordial. Tao es aquello sobre lo cual el mundo material existe. Tao y su Creación son, en sustancia, Uno.
En Tao están aquellos Espíritus que salen de Tao y que son idénticos a este, y todos ellos están unidos en Tao en Uno solo. Tao es igual arriba y abajo. Es lo que nació antes que el cielo y la tierra, lo que vive en la tranquilidad, lo que no tiene forma, lo que reside en todas partes, Ilimitado, Invulnerable, la Madre de todo.
En cierto tiempo, Uno salió de Tao y llevó consigo a otros dos. Aquellos dos llevaron a otros tres. Y todos ellos comenzaron a crear las diversas formas de vida en el planeta. Todas estas criaturas se subdividen en los pares de opuestos, Yin y Yang, y se llenan de la energía Chi.
En el “Libro del Conocimiento de las Creaciones de Ra» que refleja la visión egipcia heliopolitana de la creación, dice Ra en 1ra persona:
“Para ser pronunciado: Así habló el Señor de Todas las cosas, después de que hubiese venido a la existencia: ‘Fui yo quien vino a la existencia como Jepri. Cuando vine a la existencia, ‘el Ser’ vino a la existencia y todos los seres vinieron a la existencia después de que yo viniera a la existencia; numerosos fueron los seres que surgieron de mi boca antes de que el cielo hubiera venido a la existencia, antes de que la Tierra hubiera venido a la existencia, antes de que la tierra y los reptiles hubiesen sido creados en este lugar.
Yo creé [algunos de ellos] en Nun como Los Inertes cuando aún no podía encontrar un lugar en el que permanecer. Encontré favor (¿) en mi corazón, examiné con mi vista, y, estando solo, hice todas las formas antes de que hubiera escupido a Shu, antes de expectorar a Tefnut, antes de que viniera a la existencia cualquier otro que pudiera actuar conmigo.
La mitología china se refiere al tema de la siguiente manera:
En una época inmemorial no existían el cielo y la tierra. El universo era una nebulosa caótica y embrionaria que tenía la forma de un gran huevo (que con tenía las fuerzas contrapuestas del Yin y del Yang). Allí dormía, apacible y tranquilo, un gigante llamado Pan Gu.
Al cabo de dieciocho mil años, el gigante se despertó. Encolerizado porque en derredor suyo reinaban las tinieblas, sacudió sus brazos, vigorosos, como el hierro, para separarlas y el gran huevo se reventó. La nebulosa caótica y primitiva, que había permanecido concentrada en un solo sitio durante varios cientos de miles de años, empezó a girar convulsivamente.
Las materias ligeras (yan) se levantaron vertiginosamente, dispersándose para formar el cielo azul, mientras que las pesadas (yin) comenzaron a precipitarse dando origen a la tierra. Pan Gu, desahogado y alegre, exhaló un suspiro mientras se afirmaba entre el cielo y la tierra. … Y debido a su esfuerzo, el cielo jamás volvió a fusionarse con la tierra. Las tinieblas y el caos se disiparon para siempre …
La mitología shintoísta de Japón nos dice que:
Al comienzo, el Universo estaba sumido en una especie de materia batida espesa e informe, sumida en el silencio. Posteriormente se escucharon sonidos que indicaban el movimiento de las partículas. Con este movimiento, la luz y las partículas más ligeras se elevaron…;
Es así, que la luz quedó en la parte superior del Universo, y debajo de ella, las partículas formaron en primer lugar las nubes y luego el Cielo… El resto de las partículas que no habían ascendido seguían formando una masa enorme, espesa y oscura, y sería llamada la Tierra.
Luego de formarse el Cielo (Takamagahara) aparecen las primeras siete deidades, las cuales se formaron de manera espontánea, no tenían un sexo definido, no tuvieron una pareja y luego de su surgimiento se ocultaron.
La mitología de los aborígenes de Australia también habla del mito de la creación.
La Serpiente Arco Iris es una deidad creadora que trae vida a un espacio vacío, siendo en algunas culturas el creador último de todo en el universo. La Serpiente Arco Iris habita en profundos pozos de agua, recurso vital sobre el cual tiene absoluto control. La Serpiente Arco Iris engendró a los Wandjinas para continuar con el proceso de la Creación.
Los Wandjinas fueron los creadores del mar, de la tierra y de sus habitantes. Sus espíritus vivían en pequeños estanques, y se considera que su poder está relacionado precisamente con el agua, de ahí que posteriormente se les consideró espíritus del agua, la lluvia y las nubes. Ellos dieron forma al mundo físico, establecieron sus normas y otorgaron la vida a los seres humanos.
La mitología nórdica, en el texto Völuspá, se refiere a La Creación de la siguiente forma:
(1) ¡Oíd! pido a todas las estirpes divinas, grandes y pequeños, hijos de Heimdall; me pides, oh Valfödr, que te refiera las más viejas historias que yo pueda recordar. (2) Recuerdo a los trols [gigantes], los primeros nacidos, que en un tiempo lejano me dieron la vida; nuevo mundos recuerdo y nueve ramas, y el gran árbol del mundo, aún bajo tierra.
(3) Fue en los primeros tiempos cuando Ymir vivió; no había ni arena ni mar, ni las frías olas, tierra no había, ni el alto cielo, sólo el vacío abismo, tampoco había hierba. (4) Mas los hijos de Bur formaron la tierra, aquellos que crearon el famoso Midgard; brilló el sol desde el sur sobre el palacio, y surgió en la tierra la verde hierba.
(6) Se reunieron los dioses, todos, en asamblea, y tomaron consejo los sagrados dioses; la luna llena y la nueva ellos designaron, nombraron la mañana, también el mediodía, la tarde y la noche, para contar los años. (7) Se encontraron los dioses en los campos de Ídi, ellos construyeron grandes templos, y altares, hicieron las fraguas, forjaron las joyas, fraguaron tenazas, hicieron herramientas.
Una idea semejante aparece también, aunque en un contexto filosófico muy diferente, en el Corpus Hermeticum, conjunto de textos greco-egipcios de la Antigüedad tardía, texto central del Hermetismo. En el capítulo III del «Discurso Sagrado de Hermes» menciona:
Había pues en el abismo una Tiniebla inconmensurable, y un agua y un espíritu sutil inteligente: el poder divino los mantenía en el Caos. Emergió entonces una Luz pura que condensó a los elementos bajo la arena extrayéndolos de la substancia húmeda, … y todos los dioses se separaron de la naturaleza plena de semillas.
Cuando todas las cosas eran indefinidas y no formadas, las livianas se separaron hacia arriba, las pesadas reposaron sobre el fondo de arena húmeda, y por la acción del fuego todas y cada una de las cosas se iban definiendo, y quedaban suspendidas a fin de que el espíritu las condujera. El Cielo se dejó ver en siete círculos, y se mostraron los dioses en forma de astros con todas sus constelaciones …
Es notoria la presencia de algunos motivos recurrentes en estas tradiciones: un estado primordial indiferenciado o caótico; las aguas o la oscuridad como elementos originarios; la separación entre el cielo y la tierra; la aparición de la luz y el orden; y, en varias tradiciones, la intervención de una divinidad o principio creador.
2. La creación mediante el «uso de la palabra»
En varias tradiciones encontramos relatos en los que la palabra, la pronunciación o incluso el acto de nombrar poseen un poder creador. En el Génesis, por ejemplo, Dios ordena que exista la luz y esta aparece; en el Popol Vuh, los Formadores pronuncian «Tierra» y la tierra surge. En otros textos, el nombre posee un poder especial porque conocerlo equivale a conocer o controlar la esencia de aquello que lo lleva. Aunque no necesariamente idéntico, se trata de un motivo recurrente en varias culturas.
En la Torá se lee:
Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz… Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas… Y fue así. Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así.
El Enuma Elish lo expresa de la siguiente forma:
Cuando ninguno de los dioses había sido llamado a existir, al no poseer todavía nombre, los destinos aún no estaban escritos.
El Popol Vuh lo mencionaba como sigue:
«…Que la tierra nazca, se afirme», dijeron. … Así hablaron, por lo cual nació la tierra. Tal fue en verdad el nacimiento de la tierra existente. «Tierra», dijeron y en seguida nació.
En la mitología andina:
Viracocha, el Creador de Todo, comienza el proceso de creación de la humanidad tallando en piedra las figuras del primeros seres humanos (hombre y mujer), que luego va situando en los sitios correspondientes y, a medida que les da nombre, se animan y toman vida.
En la mitología Hopi:
Taiowa, el Creador, creó a Sótuknang, sólo diciendo: «Te he creado a ti, la primera fuerza…»
En la tradición de los nativos de Australia, una leyenda cuenta que las Hermanas Wagilag tuvieron que emigrar de su clan tras haber cometido incesto al no respetar las leyes de la moiety. Y mientras andaban el camino, ellas iban creando plantas y animales tan sólo nombrándolos.
En la mitología egipcia cuenta la leyenda que Ra tenía la capacidad de crear a partir de lo que él nombraba, por lo que nombró a Shu, y los vientos se congregaron por primera vez y comenzaron a soplar. Cuando Ra nombró a Tefnut, la lluvia se hizo presente con sus gotas.
Más tarde nombró a Geb y con solo nombrarlo, se formó la tierra y para hacerle compañía nombró a la diosa Nut, y el firmamento se arqueó sobre la tierra. Cuando quiso coronar a Egipto con el río Nilo, nombró a Hapi. Y el Nilo comenzó a fluir a través de Egipto fertilizando su amplio valle.
Ra fue nombrando todas las cosas que existen sobre la tierra y estas se hicieron visibles y crecieron. Así creó la vegetación y los seres vivos a partir del Nun para llenar el vacío de la Tierra. Finalmente les dio nombre a los hombres y a las mujeres, y desde entonces la humanidad pobló la tierra.
Más aún, el Libro del Conocimiento de las Creaciones de Ra dice:
Numerosos fueron los seres que surgieron de mi boca antes de que el cielo hubiera venido a la existencia …
3. El nombre del Creador y su poder
El nombre propio del Dios hebreo es considerado sagrado, así es que no se menciona para no profanarlo. Según el Pentateuco el nombre de Dios en hebreo es “yod-hei-vav-hei” (יהוה) que se traduce al alfabeto occidental como YHWH, pues la escritura hebrea antigua sólo incluía las consonantes, no las vocales.
La pronunciación original del nombre se perdió con el tiempo, en parte porque el tetragrámaton «YHWH» o «JHWH» dejó de pronunciarse en la lectura pública y fue sustituido tradicionalmente por términos como Adonai («Señor»). Por ello, la vocalización original no puede reconstruirse con absoluta certeza. Las formas Yahweh, Yahvé o Yavé son reconstrucciones académicas habituales, mientras que Iehová, Jehowah o Jehová procede de una tradición de vocalización posterior.
También podemos hallar un mito egipcio respecto del nombre no develado de Ra y su poder. Al parecer el poder de Ra residía en su propio nombre, motivo por el cual lo guardaba en secreto para que nadie pudiera usarlo. En una ocasión, mantuvo la siguiente conversación con la diosa Isis:
Isis: -Si me dices tu nombre secreto, podré hacer uso de mis poderes mágicos y podré sanarte.
Ra: -Yo soy el que hizo el cielo y la tierra. El que creó las aguas, los vientos, la luz, la oscuridad. Soy el creador del gran río Nilo. Yo soy Khepera por la mañana, Ra al mediodía y Tum al atardecer.
Isis: – Tú sabes bien, padre todopoderoso, que esos nombres son conocidos por todos. Lo que yo necesito para curarte es tu nombre secreto.
Luego, como condición para decirle su nombre, Ra le hace jurar que no se lo diría a nadie, ni a dioses ni a hombres, salvo a su hijo Horus. Isis hace su juramento y el conocimiento del nombre secreto, pasó del corazón de Ra al corazón de Isis.
En el papiro Bremner-Rhind podemos encontrar una referencia al nombre de Ra:
… Yo usé mi propia boca y ‘Magia’ (HkAw) fue mi nombre. Fui yo quien vino a la existencia en (mi) forma, habiendo venido a la existencia en la forma de Jepri.
Por otro lado, en el Tao Te Ching encontramos que el verdadero y profundo significado del nombre de Tao «No se puede denominar con nombre humano».
El capítulo I del Corpus Hermeticum dice:
(5) Fue entonces cuando, saliendo de la Luz, un Nombre santo cayó sobre la cosa, y un fuego puro emergió de esa natura húmeda hacia los celestes espacios…
4. La creación del hombre «a imagen y semejanza»
La Biblia nos dice en el libro de Génesis que Dios creó al hombre «a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza»:
Gén 1:26-27 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó …
Esto plantea una cuestión llamativa: ¿a quién se refiere el plural de «hagamos» y «nuestra»? El pasaje ha recibido distintas interpretaciones. Entre ellas se encuentra la posibilidad de que refleje una concepción de la divinidad acompañada por una corte o consejo celestial. En cualquier caso, el texto conserva una formulación plural dentro de una tradición que, en su forma final, afirma la unicidad de Dios.
De hecho una de las innovaciones fundamentales que trajo la religión judía fue el monoteísmo, es decir la creencia en una sola y única divinidad. Más aún, una de las principales plegarias es el Shemá: «Shemá Yisrael, YHWH Eloeinu, YHWH Ejad», cuya traducción es literalmente «Escucha Israel, Yahveh es nuestro Dios, Yahveh es Uno».
Pero hay otro detalle lingüístico llamativo. El término hebreo utilizado en Génesis para Dios es Elohim, cuya forma es morfológicamente plural —la terminación –im es característica del plural masculino hebreo—. Sin embargo, cuando Elohim designa al Dios de Israel, los verbos que lo acompañan aparecen normalmente en singular. Por ello, no puede traducirse simplemente como «los dioses»: se trata de un término de forma plural utilizado gramaticalmente en singular.
También se ha propuesto la posibilidad del uso del plural mayestático (del latín pluralis maiestatis, ‘plural de majestad’), que consiste en la utilización del pronombre «nosotros» y sus formas verbales correspondientes por parte de una sola persona que ostenta una altísima dignidad, poder o autoridad. En lugar de hablar en primera persona del singular («yo»), el emisor se refiere a sí mismo en plural para proyectar solemne autoridad, dignidad y distanciamiento. Históricamente, este recurso ha sido utilizado por monarcas, emperadores, papas y obispos en sus decretos, encíclicas, discursos y documentos oficiales, no obstante, esta explicación no es la única interpretación propuesta para el plural del pasaje.
La segunda inquietud es respecto de la cuestión «imagen y semejanza», ya que siendo Dios la fuerza creadora infinita, inconmensurable y eterna, resulta difícil imaginar que nosotros, simples mortales podamos llegar a adquirir su apariencia.
La literatura sumeria ofrece paralelos interesantes en dos relatos diferentes. En Enki y Ninmah, varias divinidades participan en la creación y modelado de seres humanos a partir de arcilla. En el poema de Atrahasis, en cambio, la humanidad es creada a partir de arcilla mezclada con la carne y la sangre de un dios sacrificado. En ambos casos encontramos una creación humana en la que intervienen varias divinidades.
En cuanto a «crear a imagen y semejanza», los textos mitológicos sumerios hablan en sus relatos precisamente de fijar la imagen de los dioses en el momento de la creación del hombre.
En el poema de Enki y Ninmah, los dioses tienen ciertas dificultades para procurarse alimentos, y cuando las diosas, nacidas después de ellos, van a reunírseles, las dificultades aumentan. Mientras se lamentan por este hecho, Nammu, la madre de Enki, le dice:
«Oh, hijo mío, levántate de tu lecho, desde tu…, haz lo que es sensato: Forma los servidores de los dioses, para que puedan producir sus dobles» «Oh, madre mía, la criatura cuyo nombre has pronunciado existe: Fija en ella la imagen de los dioses.
(…) Oh, madre mía, decide el destino del recién nacido, Ninmah fijará en él la imagen de los dioses: Es el hombre…»
Además, el motivo de crear a un ser «a imagen de» su creador aparece también en el Enuma Elish, aunque allí se refiere a la creación de una divinidad y no del ser humano:
… Anu, su hijo, fue parejo a sus padres. De Anšar, Anu, su primogénito, fue su igual. Y el dios Anu a su imagen engendró a Numimud. Numimud, quien de sus padres, sus progenitores fue Señor. Vasto en toda sabiduría, erudito, y grandemente poderoso en fuerza, El no tenía rival. Así fue como los dioses fueron establecidos y fueron nombrados los grandes dioses.
Pero los sumerios no son los únicos en cuyos textos mitológicos encontramos referencias a estos asuntos. En el mito chino de “Nüwa y la Creación del Hombre”, encontramos lo siguiente:
Después de meditar el asunto Nüwa se puso en cuclillas y tomó un puñado de arcilla, la que empezó a modelar a su imagen y semejanza. De este modo creó unas pequeñas figuras que podían sostenerse erguidas, caminar y hablar.
Según la mitología de las poblaciones andinas, la primera creación de Viracocha, el dios supremo, fue una raza de gigantes (deformes por su gran tamaño) para ver si era conveniente crear a los hombres de ese porte, y reflexionó:
“No es bien que las gentes sean tan crecidas; mejor será que sean de mi tamaño”. Y así creó a los hombres a su semejanza, tallando en piedra las figuras de hombres y mujeres que al darle nombres cobraron vida.
En la cultura hopi, Sótuknang creó a Kókyangwúti (Mujer Araña) para que lo ayude en la creación del Primer Mundo. Kókyangwúti procedió a crear a los primeros hombre y mujeres, de la siguiente forma:
… Al igual que antes entonó la Canción de la Creación sobre las formas. Al destaparlas, eran seres humanos creados a la imagen de Sótuknang. Luego creó otros cuatro seres con su propia forma. Eran wúti, compañeras para los primeros cuatro seres varones.
El capítulo I del Corpus Hermeticum dice:
(12) La Mente, el Padre de todas las cosas, siendo Vida y Luz, parió un Hombre igual a ella, a quién amó como hijo propio: porque siendo imagen del Padre era hermosísimo …
5. Del polvo de la tierra y el soplo de la vida
Otra cuestión que se menciona en la Toráh, y de la que podemos encontrar referencias en otras culturas, es que el hombre fue hecho con el polvo de la tierra (arcilla) mezclado con la esencia «mágica» (aliento, sangre, saliva o semen) de los dioses:
Gén 2:7 Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.
Por esto resulta significativo que el primer hombre se llame Adán, del hebreo Adam (אָדָם), un término relacionado en el propio relato con adamah (אֲדָמָה), «tierra» o «suelo»: Génesis 2:7 presenta al adam formado a partir de la adamah. El hebreo posee además términos fonéticamente próximos, como adom (אָדֹם), «rojo», y dam (דָּם), «sangre», lo cual le brinda todavía más connotaciones al nombre Adam.
En el Poema de Atrahasis, la humanidad es creada mediante una combinación de arcilla y sustancia divina. Un dios es sacrificado y su carne y sangre son mezcladas con la arcilla; posteriormente, las divinidades escupen sobre la mezcla durante el proceso de modelado. De este modo, el ser humano queda asociado materialmente con una divinidad:
Entonces, se inmolará un dios, Antes de que los dioses sean purificados mediante la inmersión. Con su carne y su sangre, Nintu mezclará la arcilla: De este modo el dios y el hombre estarán asociados, reunidos en la arcilla, ¡Y, a partir de este momento, nosotros estaremos ociosos!
¡Gracias a la carne del dios, Habrá en el Hombre un “alma”, Que lo presentará siempre vivo después de su Muerte. Esta “alma” estará allí para guardarlo del olvido!” (…) Después de que Enki hubiese amasado esta arcilla, Llamó a los Anunnaku, los grandes dioses, Y a los Igigu convertidos, ellos también, en grandes dioses, Que escupieron sobre la arcilla.
Asimismo, en el mismo poema de Enki y Ninmah encontramos el siguiente párrafo:
(…) Amasa el corazón con la arcilla que está en la superficie del Abismo, Los buenos y magníficos modeladores espesarán esta arcilla. Tú, haz nacer los miembros; Ninmah trabajará antes que tú, Las diosas del nacimiento… estarán junto a ti mientras tú harás tu modelaje.
En otro relato mesopotámico llamado «Mito de Adapa» (también conocido como «Adapa y el Viento del Sur«), el primer hombre fue creado por Enki y es precisamente Adapa. En el libro «Historical Genesis: From Adam to Abraham» del teólogo Richard James Fischer, el autor analiza las conexiones lingüísticas y mitográficas entre el Génesis bíblico y las tablillas mesopotámicas. Fischer explica que, según la interpretación de los ideogramas cuneiformes, el nombre asignado al primer hombre puede leerse tanto Adapa como Adamu, éste último con un gran parecido con Adam.
Asimismo vincula sus relatos con la «prueba de la inmortalidad». Ambos personajes se enfrentan a una prueba crucial impuesta por la divinidad que involucra el consumo de alimentos y la pérdida de la inmortalidad. Mientras Adán pierde la inmortalidad por desobedecer a Dios en el Edén, Adapa la pierde en el cielo por obedecer ciegamente el consejo de su dios creador (Enki/Ea), quien lo engaña para que rechace «el pan y el agua de la vida».
Los Mexicas, por su parte, traen un relato en el que también ensamblan polvo (de huesos humanos) con la esencia de los dioses (semen):
Subió pronto, luego que cogió los huesos preciosos: estaban juntos de un lado los huesos de varón y también juntos de otro lado los huesos de mujer… Luego los juntó, los recogió e hizo un lío, que inmediatamente llevó a Tamoanchan. Después que los hizo llegar, los molió la llamada Quilachtli: ésta es Cihuacóhuatl, que a continuación los echó en un lebrillo precioso.
Sobre él se sangró Quetzalcóhuatl su miembro; y en seguida hicieron penitencia todos los dioses: Apanteuctli, Huictlolinqui, Tepanquizqui, Tlallamánac, Tzontémoc, y el sexto de ellos, Quetzalcóhuatl. Luego dijeron: “Han nacido los vasallos de los dioses.”…
Uno de los primeros intentos de creación del ser humano en el Popol Vuh fue realizado con arcilla: «De la tierra hicieron la carne.» El hombre de barro fue el primer intento fallido de los creadores por moldear un ser con forma humana, pero resultó un rotundo fracaso tanto físico como mental. Al estar hechos de lodo y arcilla de la tierra, sus cuerpos eran blandos, carecían de fuerza para sostenerse, se desfiguraban y se deshacían por completo al contacto con el agua, perdiendo rápidamente la vista y la capacidad de mover la cabeza.
En la tradición Hopi, Kókyangwúti (Mujer Araña) crea a los primeros hombres y mujeres de la siguiente manera:
Así, Mujer Araña recogió tierra, ahora de cuatro colores: amarilla, roja, blanca y negra. La mezcló con túchvala, el líquido de su boca, la moldeó y la cubrió con la sustancia blanca de su capa, la sabiduría creativa misma. Al igual que antes entonó la Canción de la Creación sobre las formas. Al destaparlas eran seres humanos…
…Corría la hora de la luz amarilla, Síkangnuqa, la segunda fase del amanecer de la Creación, cuando el aliento de la vida llenó al hombre… La hora de las tres luces que revelan el misterio, el aliento de la vida y el calor del amor. En ellos consiste el plan de vida que el Creador tiene para ustedes.
Siguiendo con el mito de “Nüwa y la Creación del Hombre”:
(…) De repente se le ocurrió una idea: tomó una rama de liana y ató uno de sus extremos a una gran piedra; luego amontonó arcilla sobre aquélla y comenzó a agitarla sin cesar.
A medida que hacía esta operación, la arcilla que iba salpicando se convertía como por arte de magia en pequeñas figuras, las que a su vez lanzaban un gemido. De este modo fueron apareciendo paulatinamente los seres humanos que poblaron la tierra y se esparcieron por todas partes.
En cuanto a la mención del «soplo de la vida» podemos encontrar otro poema sumerio que también lo menciona. Este poema que podría titularse “El Ganado y el Grano” cuenta que el dios del ganado, Lahar, y su hermana Ashnan, la diosa del grano, fueron concebidos en la «sala de la creación» para que los anunnakis (hijos del gran dios An) pudiesen tener con qué alimentarse y con qué vestirse.
Pero no fue sino hasta el momento en que fue creado el hombre que los anunnakis pudieron hacer uso del ganado y del grano de manera satisfactoria.
En sus hermosas granjas, la leche shum, Los anunnakis del Duku se la bebían, pero quedaban insatisfechos. Es, pues, para que se ocupara dé sus hermosas granjas Que el hombre recibió el soplo de la vida.
Por cierto, una dupla de hermanos que se dedican, uno al Ganado y el otro a la Agricultura nos remite a la historia de Caín y Abel.
Gén 4:2 Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra.
6. En cuanto al propósito del hombre
En algunas tradiciones encontramos la concepción de que el ser humano es creado, entre otras razones, para realizar tareas que antes correspondían a las divinidades. Este motivo aparece con especial claridad en la literatura mesopotámica, mientras que en el Génesis Adán es colocado en el Edén para cultivarlo y custodiarlo.
Las últimas líneas del poema “El Ganado y el Grano”, respecto de que el hombre fue creado para que se ocupara de cultivar la tierra, nos referencia a otros pasajes del Génesis:
Gén 2:15 Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.
El Poema de Atrahasis narra en detalle que después de un largo período de duro trabajo, drenando canales y cavando zanjas, los Igigi (dioses de menor rango) se amotinaron y reclamaron a Enlil (dios supremo) que resuelva su situación. Enki (dios de la sabiduría) propone la solución a este conflicto «gremial» creando la «bestia de carga»: el Hombre.
Cuando los dioses (hacían) de hombres, Tenían que trabajar y estaban atareados: Su tarea era considerable, Su trabajo pesado, su labor infinita. ¡Pues los grandes Anunnaku, a los Igigu, Imponían una séptuple prestación de trabajos!
(…) Pero existe un remedio para esta situación: Dado que Belet-ili, la Matriz, está aquí, Que fabrique un prototipo de hombre: ¡Será él quien cargue con el yugo de los dioses. Quien cargue con el yugo de los Igigu: Será el Hombre quien cargue con su trabajo!
Enki, entonces, abrió la boca Y se dirige a los grandes dioses: (…) ¡Y, a partir de este momento, nosotros estaremos ociosos! (…) A la sabia mujer de los dioses, a la experta Mammi: “¿Serás tú la matriz que produzca a los hombres? ¡Pues bien! ¡Fabrica el prototipo humano: Que él cargue con nuestro yugo! ¡Que él cargue con nuestro yugo, impuesto por Enlil! ¡Que el hombre asuma el trabajo asignado a los dioses!”
(…) Después, Mammi abrió la boca Y se dirige a los grandes dioses: “¡El trabajo que me habías encargado, Ya lo he realizado! Habéis inmolado a ese dios con su “alma”, Y yo os he librado de vuestra pesada tarea, Imponiendo vuestra labor al Hombre. Cuando vosotros concedáis a los Hombres El rumor de la pululación ¡Yo soltaré vuestra cadena y seréis “libres”!”
El Enuma Elish, por su parte, presenta una versión babilónica del mismo motivo. Después de derrotar a Tiamat y convertirse en la divinidad suprema, Marduk concibe un plan y se lo comunica a su padre Ea (Enki): crear a la humanidad (Lullû) a partir de la sangre de Kingu para que los seres humanos carguen con el trabajo físico que hasta ese momento realizaban los dioses:
“Entretejeré sangre y ensamblaré huesos. Suscitaré un ser humano, Hombre será su nombre. En verdad, construiré al ser humano denominado Hombre. Estará encargado del servicio de los dioses; que ellos puedan estar en paz.
Algo parecido señala el mito chino de “Nüwa y la Creación del Hombre”:
… Sin embargo, sentía que algo faltaba. En verdad había necesidad de un ser que fuera el más inteligente, capaz de labrar la tierra y en último término gobernar y guiar a todas las criaturas que se hallaban bajo el cielo.
7. Sobre las versiones preliminares del hombre
Resulta llamativo el orden de los eventos tal como están narrados en la Toráh, ya que primero Dios crea al hombre (varón y hembra) y luego dice que «no había hombre que trabaje la tierra»:
Gén 1:27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
Gén 2:5 (…); porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra.
Luego menciona nuevamente que Dios crea al hombre para colocarlo en el huerto del Edén y que trabaje la tierra:
Gén 2:7 Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.
Gén 2:8 Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado.
Gén 2:15 Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.
Este relato de creación preliminar del hombre y luego otra creación definitiva tiene antecedentes en textos mitológicos de otras culturas, como un proceso de «prueba y error». En el poema de Enki y Ninmah se aborda la cuestión de los prototipos humanos, con versiones «preliminares»:
Ninmah tomó arcilla de la cima del abzu en su mano, formó de ello primero a un hombre que no podía doblar sus manos, estaban estiradas hacia fuera y eran débiles… Segundo, ella formó uno que se volvió, hacia la luz, un hombre con los ojos constantemente abiertos… no podía pararse ni sentarse, no se podía sostener a sí mismo.
En el Popol Vuh, la creación de la humanidad ocurre a través de un proceso divino de ensayo y error, donde los dioses buscan un ser capaz de hablar para adorarlos y alimentarlos. Los tres primeros prototipos fracasaron rotundamente: los animales fueron descartados por no poseer lenguaje articulado; los hombres de barro se desmoronaban con el agua y carecían de entendimiento; y los hombres de madera, aunque poblaron la tierra, no tenían alma ni memoria, por lo que olvidaron a sus creadores y terminaron destruidos por una violenta inundación de resina y la rebelión de sus propios utensilios domésticos.
De la tierra hicieron la carne. Vieron que aquello no estaba bien, sino que se caía, se amontonaba, se ablandaba, se mojaba, se cambiaba en tierra, se fundía; la cabeza no se movía; el rostro quedábase vuelto a un solo lado; la vista estaba velada; no podían mirar detrás de ellos; al principio hablaron, pero sin sensatez. En seguida, aquello se licuó, no se sostuvo en pie.
El éxito definitivo se alcanzó con el cuarto prototipo, los hombres de maíz, moldeados con masa de grano blanco y amarillo. Estos seres resultaron tan perfectos, fuertes e inteligentes que su sabiduría rivalizaba con la de los dioses, al grado de poder ver y comprender todo el universo. Por temor a perder su supremacía, los creadores nublaron la vista de los humanos soplándoles vapor en los ojos, limitando su visión a lo cercano y dando origen así a la humanidad actual.
De acuerdo con la tradición hopi, el primer pueblo del primer mundo no sabía hablar, no tenía sabiduría ni la capacidad de reproducirse. Mujer Araña llamó a Sótuknang para preguntarle qué hacer y le contó:
-Creé al Primer Pueblo como me lo ordenaste. Están terminados de formar y sólidos. Tienen los colores correctos, vida y movimiento. Sin embargo, no pueden hablar. Eso les falta. Quiero que les des el habla; además, la sabiduría y el poder para reproducirse. Así podrán gozar la vida y dar gracias al Creador.
La Mitología Nórdica también hace referencia al asunto, a su estilo:
(17) Hasta que al mundo llegaron tres de la hueste divina, propicios, potentes, y en la tierra hallaron, carentes de fuerza, a Ask y Embla, aún sin destino. (18) Vida no tenían, no poseían juicio, ni sangre ni voz, ni color de vida; vida les dio Odín, juicio les dio Haenir [aka Vili, hermano de Odín, le dio emociones e inteligencia a la humanidad], sangre les dio Lódur [aka Ve, hermano de Odín, le dio el poder de hablar y el de los sentidos externos a la humanidad], y color de vida.
8. Hombre y hembra los creó
Existe otro aspecto de la creación bíblica que resulta muy llamativa y que consiste en que, primero, Dios crea al hombre y a la mujer, en el mismo acto, pero luego vuelve a crear a la mujer a partir de la costilla de Adán.
Gén 1:27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
Gén 2:21/24 Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.
¿Acaso estos versículos quieren decir que Dios creó un ser que tenía ambos sexos a la vez? ¿Podría este pasaje haber sido interpretado como la existencia de un ser humano primordial que contenía ambos sexos?
Pues así parece, de hecho, tanto las interpretaciones de la literatura rabínica (el Talmud y el Midrash) como las corrientes místicas de la Cábala (incluyendo el Zohar Jadash) señalan que Dios creó originalmente a un ser humano andrógino, que era a la vez varón y mujer en un solo cuerpo.
Así lo expresa el Zóhar:
Cuando Dios quiso crear todas las cosas, Él empezó creando algo que era a la vez macho y hembra, y a éstos, a su vez, Él los hizo dependientes de alguna otra forma que es la vez macho y hembra.
En el Corpus Hermeticum aparece la imagen de una realidad primordial andrógina que posteriormente se divide en masculino y femenino:
(9) La Mente el Dios, que es a la vez macho y hembra, y contiene en sí Luz y Vida, dio a luz por Nombre a una segunda Mente Creadora…
(15) … Siendo andrógino, de padre andrógino, y no sometido al sueño porque viene del que nunca duerme, sin embargo es vencido…
(18) … Cumplido el ciclo, por voluntad de dios se rompió el lazo que unía todas las cosas: en consecuencia todos los seres vivos que hasta entonces eran andróginos fueron separados al mismo tiempo que el Hombre, y fueron por un lado machos y por otro hembras.
El relato del Popol Vuh presenta aquí otra coincidencia: los primeros hombres fueron creados sin intervención de mujeres y posteriormente recibieron esposas. Los Hombres de Maíz, la tercera generación de seres creados por los dioses mayas, eran brillantes y en un primer momento les agradaron mucho a los dioses. Pero luego los Hombres de Maíz alcanzaron tal nivel de sabiduría que sus creadores temieron que terminaran convirtiéndose en dioses como ellos, por lo que decidieron «limitar su sabiduría».
El texto no afirma que estos primeros hombres fueran andróginos ni que pudieran autofecundarse, pero la combinación de ambos motivos —la limitación del conocimiento y la posterior aparición de las mujeres— resulta sugerente desde una perspectiva comparativa.
…los nombres de nuestras primeras madres, primeros padres… no tuvieron madres, no tuvieron padres; nosotros les llamamos simplemente Varones. Sin la mujer fueron procreados, sin la mujer fueron engendrados… Solamente por Poder Mágico, solamente por Ciencia Mágica, fue su construcción…
…Serán como dioses, si no engendran, [si] no se propagan, cuando se haga la germinación, cuando exista el alba [?]; solos, no se multiplican. Que eso sea…
…Entonces fueron petrificados ojos [de los cuatro] por los Espíritus del cielo, lo que los veló como el aliento sobre la faz de un espejo; los ojos se turbaron; no vieron más que lo próximo, esto sólo fue claro. Así fue perdida la Sabiduría y toda la Ciencia de los cuatro hombres…
…Entonces existieron también sus esposas, vivieron sus mujeres. Así, durante su sueño, [los cuatro] recibieron mujeres verdaderamente bellas… Cuando se despertaron, sus mujeres existieron: sus corazones se regocijaron al instante a causa de sus esposas.
Hay un pequeño detalle que hace que ambos relatos tengan otro punto en común, y es que la mujer se crea mientras el hombre está dormido. El texto bíblico lo narra de la siguiente manera:
Gén 2:21/22 Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.
En ambas tradiciones encontramos una interesante secuencia: el ser humano posee inicialmente una condición extraordinaria que posteriormente es limitada por los dioses. En el Génesis, Adán pierde su acceso al Edén y al Árbol de la Vida; en el Popol Vuh, los Hombres de Maíz pierden parte de su capacidad de percepción y conocimiento.
En ambos relatos, la intervención divina establece los límites de la condición humana, y la razón es la misma en ambos casos: el temor de (los) Dios (es) a que el hombre sea como él/ellos.
La versión bíblica:
Gén 3:22/23 Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado.
La versión maya:
«los Poderosos del Cielo, los Procreadores, los Engendradores, Serpientes Emplumadas, temiendo que estos Hombres de Maíz terminaran convirtiéndose en dioses, decidieron limitar sus capacidades.»
A modo anecdótico, el término Hermafrodito proviene de un personaje de la mitología griega: el hijo de Hermes y Afrodita, que así se llamaba. Era un joven extremadamente bello, heredando la hermosura física de ambos padres. Mientras se bañaba en una fuente, la ninfa del lugar, Salmacis, se enamoró perdidamente de él. Al ser rechazada, suplicó a los dioses que los unieran para siempre. Los dioses respondieron fusionando ambos cuerpos en un único ser que mezclaba rasgos masculinos y femeninos.
9. Sobre el conocimiento y la reproducción
Por cierto, cuando Eva y Adán comen el fruto del Árbol del Conocimiento, por influencia de la serpiente, acceden al «conocimiento prohibido». El verbo hebreo utilizado para «conocer», yadaʿ, también aparece en otros pasajes del Génesis como una forma de expresar las relaciones sexuales:
Gén 4:1 Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín…
Gén 4:17 Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc…
Gén 4:25 Y conoció de nuevo Adán a su mujer, la cual dio a luz un hijo, y llamó su nombre Set…
El uso de este mismo verbo ha llevado a algunos intérpretes a explorar una posible relación simbólica entre conocimiento, sexualidad y reproducción. En algunas corrientes y textos heterodoxos de la Antigüedad tardía y épocas posteriores encontramos interpretaciones que relacionan el pecado de Adán y Eva con el descubrimiento de la sexualidad.
Dentro de algunas de estas tradiciones aparece también la idea de que la serpiente tuvo una relación sexual con Eva y que Caín fue fruto de esa unión. Esta interpretación, conocida posteriormente como la doctrina de la «Semilla de la Serpiente», no constituye una doctrina común a todas las corrientes gnósticas ni forma parte de la interpretación bíblica tradicional.
Existen referencias a este tema del conocimiento y la reproducción asimismo en otras culturas. En la Epopeya de Gilgamesh encontramos otro relato en el que sexualidad y conocimiento aparecen estrechamente relacionados. Enkidu, un hombre salvaje que vive entre los animales, es enviado a la ciudad de Uruk para ser civilizado. Para ello, una mujer llamada Shamhat mantiene relaciones sexuales con él durante seis días y siete noches. Después de este encuentro, los animales ya no lo reconocen como uno de los suyos y Enkidu adquiere una nueva conciencia de sí mismo y del mundo que lo rodea.
La propia narración vincula explícitamente este cambio con el «conocimiento» y con una condición semejante a la divina:
La prostituta le dice a Enkidu: «Eres sabio, Enkidu; ¡te has hecho como un dios!».
En algunas versiones de la tradición china, Nüwa también hace una asociación entre el conocimiento necesario para la reproducción de la especie:
Nüwa quiso entonces que se propagara la especie para lo cual les enseñó a los seres humanos a contraer uniones animándolos a que se amaran, engendraran hijos y fundaran familias. Es por ello que fue conocida en la remota antigüedad como la “diosa casamentera y del matrimonio.
En la tradición Hopi, luego de la creación «fallida» del Primer Pueblo del Primer Mundo, y tal como se lo reclamó la Mujer Araña, Sótuknang les dio el habla (una lengua distinta a cada color), respeto para sus diferencias, y les dio la sabiduría y el poder para reproducirse y multiplicarse.
De una extraña manera, el capítulo I del Corpus Hermeticum también relaciona la «reproducción» con el «intelecto» en el mismo párrafo:
(18) … Y enseguida el Dios dijo una palabra santa: “Creced en crecimiento y multiplicaos en muchedumbres, vosotras las criaturas todas y las cosas que han sido hechas, y que el que tiene intelecto se reconozca inmortal y sepa que la causa de la muerte es el amor y que conozca todas las cosas.”
Hipótesis alternativa
Si aceptamos que muchas de estas culturas se desarrollaron separadas por grandes distancias y durante períodos históricos diferentes, surge una pregunta inevitable: ¿cómo explicar la presencia de determinados motivos similares en sus relatos sobre el origen del mundo y del ser humano?
Una posibilidad es que se trate de desarrollos independientes. Las distintas sociedades se enfrentaron a preguntas semejantes —¿cómo comenzó el mundo?, ¿de dónde surgió la vida?, ¿quién creó al ser humano?— y pudieron llegar, de manera independiente, a imágenes parecidas: el caos primordial, las aguas, la separación del cielo y la tierra, la creación mediante la palabra, el modelado del hombre a partir de la tierra o la intervención de una divinidad creadora.
Otra posibilidad es que algunos de estos motivos hayan sido transmitidos entre culturas mediante contactos, migraciones o intercambios que hoy no podemos reconstruir completamente. En este sentido, las semejanzas no necesariamente exigirían una única «cultura madre», sino que podrían ser el resultado de una larga cadena de transmisiones y transformaciones.
Existe, sin embargo, una hipótesis mucho más controvertida: que algunos de estos relatos conserven, transformados por siglos de transmisión oral y reinterpretación religiosa, recuerdos de acontecimientos reales que las sociedades antiguas ya no podían comprender en términos históricos. Autores como Graham Hancock han propuesto precisamente la existencia de una civilización anterior a las primeras culturas históricas conocidas, cuyos conocimientos y tradiciones habrían sobrevivido de forma fragmentaria en diferentes pueblos.
No existe evidencia suficiente para afirmar que esta hipótesis sea cierta, pero tampoco es necesario descartarla simplemente por apartarse de las interpretaciones tradicionales. La cuestión interesante consiste en determinar hasta dónde pueden llevarnos realmente los paralelismos y dónde comienza la especulación.
Quizás nunca podamos saber con certeza si estas semejanzas son el resultado de una herencia cultural común, de desarrollos independientes o de acontecimientos que hoy interpretamos como mitología. Pero después de comparar tantos relatos resulta difícil no detenerse ante una pregunta que atraviesa prácticamente todas estas tradiciones:
¿Por qué pueblos separados por enormes distancias y por miles de años imaginaron de maneras tan parecidas el origen del mundo y de nosotros mismos?
Quizá nunca sepamos qué sucedió realmente ni por qué tantos pueblos antiguos compartieron fragmentos de relatos sobre nuestros orígenes. Pero el hecho de no tener las respuestas no debería impedirnos seguir haciéndonos las preguntas correctas.
Principales fuentes y bibliografía:
- Documento original: El génesis de La Torá
- Documento original: Enuma Elish – Traducción y notas de Luis Astey V
- Documento original: El Poema de Atrahasis
- Documento original: Popol Vuh
- Documento original: Tao Te Ching
- Documento original: Rig Veda
- Documento original: Corpus Hermeticum
- Documento original: el Libro del Conocimiento de las Creaciones de Ra
- El Libro de los Hopis
- Libro: «La Historia empieza en Sumer» de Samuel Noah KRAMER
- Libro: El 12vo Planeta, de Zecharia Sitchin
- wikipedia/Enki y Ninmah
- Historical Genesis: From Adam to Abraham. Autor: Richard James Fischer





Excelente Trabajo, muy buena, y muy educada y respetuosa. un abrazo
Gracias Zulma! Saludos!
[…] David A.S. La creación del universo y del hombre. REYDEKISH. https://reydekish.com/2013/09/27/la-creacion-del-hombre/ […]
Reydekish crees como yo que sólo somos fuimos creados por esos «dioses» como exclavos?
Hola Javi, pareciera que los relatos cosmogónicos, en algunos casos, dan justificación a la existencia de castas para que haya reyes -elegidos por los «dioses»- que dominen bajo designio divino al resto de los hombres. Slds!
no vale, seguro es simple coincidencia, como el hecho de que la gente de la antigüedad estuviera obsesionada con hacer estructuras megalíticas o que a pesar de que todas estuvieran separados por cientos de años y kilómetros a varios se le ocurrieran hacer pirámides… No se, antes decían que Galileo estaba loco o que era un hereje por pensar que la tierra giraba alrededor del sol… y ahora sabemos que es verdad.
excelente estudio lastima que casi nadie quiere abrir los ojos