El relato bíblico de la Torre de Babel ofrece una explicación teológica a la existencia de una diversidad de las lenguas. Es interesante encontrar que la idea de una humanidad que originalmente hablaba un solo idioma y la posterior intervención divina que multiplicó las lenguas también aparece en la tradición sumeria. Dicha localización en particular no es un detalle insignificante ya que la misma Torá menciona que el lugar donde ocurrió este suceso fue precisamente en la región de Sumer (Sinar).
Gén.11 Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras. 2 Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí. 3 Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla. 4 Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra. 5 Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. 6 Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos estos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. 7 Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. 8 Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. 9 Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra.
El detalle de los ladrillos cocidos a fuego tampoco se trata de un dato menor, ya que precisamente fueron los sumerios quienes utilizaron por primera vez en la historia ladrillos de arcilla para la construcción de sus grandiosos monumentos: los zigurats.
«Enmerkar y el Señor de Aratta»
En la tradición sumeria existe un extenso poema denominado «Enmerkar y el Señor de Aratta», que relata una compleja negociación entre los reyes de dos ciudades estado. En uno de sus pasajes, la narración hace referencia a una época dorada, cuando la humanidad conocía la abundancia y la paz, y le rezaban a Enlil en una sola lengua:
El Universo entero, con la humanidad resguardada,
Todos se dirigian a En-lil en una sola lengua!
Pero en ese tiempo, por los ambiciosos señores,
por los príncipes ambiciosos, por los ambiciosos reyes, En-ki,
el Señor de la Abundancia y de las inquebrantables decisiones,
el Señor de la sabiduría y la razón en la Tierra,
el Hacedor de los Dioses, modificó su criterio,
El Señor de Eridu, cambió el habla de sus bocas,
de la misma forma que él la puso allí
y era exclusivamente una la lengua de la humanidad…
De esta manera, la alteración de la lengua única original, de acuerdo a la tradición sumeria, fue provocada por el dios Enki. Según el gran asiriólogo Samuel Noah Kramer, celoso del monopolio de adoración que Enlil recibía de la humanidad, Enki, el Señor de la Sabiduría decide fragmentar el habla de los hombres para quebrar esa armonía, introduciendo la discordia y la pluralidad cultural directamente desde las esferas celestiales

Babel, Esagila y Etemenanki
En el poema babilónico de la creación, el Enuma Elish, los dioses edifican un gran complejo sagrado en honor a Marduk. Mientras que el santuario principal u horizontal era conocido como el Esagila, el texto detalla el levantamiento de una imponente estructura escalonada adyacente: el zigurat Etemenanki, cuyo nombre sumerio significa «La casa de la fundación del cielo y de la tierra». Este colosal monumento de ladrillo cocido, que llegó a alcanzar dimensiones pasmosas en sus reconstrucciones posteriores, se habría convertido en el referente arqueológico que inspiraría el relato hebreo de la Torre de Babel.
El texto del poema narra que luego de que Marduk derrotara a Tiamat, los Anunnaki construyeron y le dedicaron Babel:
«… Erijamos un lugar de retiro para morada suya; El día en que lleguemos reposaremos en él.»
Cuando Marduk escuchó estas palabras, esplendieron brillantemente sus facciones, como el día:
«Edificad Babilonia, cuya construcción habéis apetecido;
que su mampostería sea modelada. La llamaréis ‘El Santuario’.»
Los Anunnaki manejaron la azada. Durante todo un año modelaron ladrillos.
Cuando llegó el segundo año, levantaron alto la cúspide del Esagila, contraparte del Apsu.
Habiendo edificado una ziqqurat tan alta como el Ápsu, para Marduk,
Enlil (y) Ea erigieron en habitación su templo.
El contacto entre ambas culturas
Lo cierto es que, más allá de la mitología y ciñéndonos a la historia registrada, una parte del Pueblo Judío fue deportado a Babilonia en el siglo VI AEC por Nabucodonosor II luego de su conquista de Jerusalem. Es pensable que, luego de contemplar el zigurat Etemenanki en todo su esplendor (de unos 90 metros de altura), para aquella comunidad cautiva, esa mole de ladrillos y la mezcla de lenguas del imperio babilónico deben haberse sentido como la cúspide del orgullo humano enfrentado a Dios.
El Génesis asocia la palabra Babel con balal («confundir»): «fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra«; mientras que en acadio, Bab-ilu significa originalmente «La Puerta de Dios».
Las ciudades ancestrales bíblicas
Pero Babel no es la única ciudad ancestral mencionada en la Biblia de la que luego se hayan encontrado sus ruinas:
Gén.10.8/10.11. Y Cus engendró a Nimrod, quien llegó a ser el primer poderoso en la tierra… Y fue el comienzo de su reino Babel, Erec, Acad y Calne, en la tierra de Sinar. De esta tierra salió para Asiria, y edificó Nínive…
Las excavaciones arqueológicas iniciadas en el siglo XIX comenzaron a desenterrar, una tras otra, las «legendarias» ciudades bíblicas de Mesopotamia, confirmando la geografía histórica del Génesis. Ciudades como Nínive, Babilonia, Ur o Uruk regresaron a la luz pública. Entre estos hallazgos destaca el yacimiento asirio de Kalhu —la Calah bíblica—, el cual recibió en la era moderna el nombre popular de Nimrud en honor al legendario monarca, unificando bajo la arqueología de campo la crónica histórica con el héroe del relato antiguo.
Respecto de la narración bíblica en la que Jehová utiliza el plural mayestático en «descendamos, y confundamos…«, tal como en «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza» o «He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal…», podría indicar asimismo cierta inspiración con el concepto mesopotámico de la Asamblea de los Dioses (Anunnaki).



Hola. Quería hacerte una puntualización en el final de este artículo. No existe ningún yacimiento arqueológico con el nombre de Nimrud. El yacimiento así conocido se llama en realidad Kaleh (la Calne bíblica que no está en Sumeria, sino en Asiria). El nombre de Nimrud se lo han puesto (de forma errónea) modernamente. Nimrud fue un personaje, no una ciudad. Nada más. Un saludo, y decirte que tienes un blog excelente.
Hola Artearq7, buen dato! Gracias y saludos!